METEOROLOGÍA

 

 

La elaboración de planes de desplazamiento es muy sensible a las condiciones meteorológicas desde sus más remotos orígenes. También su realización. Por lo que sabemos, durante la época de lluvias los pueblos de la Antigüedad suspendían las expediciones guerreras. Las expediciones comerciales sufrían una merma sustancial si es que se hacían algunas. Los desplazamientos por vía marítima fueron siempre más sensibles al estado del tiempo atmosférico que los terrestres. Lo mismo puede decirse hoy de las exploraciones del cosmos y de la navegación aérea.

Los pueblos antiguos tenían sistemas muy rudimentarios para prever los cambios climáticos. Se limitaban a la observación de señales muy variadas combinadas con una experiencia no sistematizada. El método más utilizado era la consulta a brujos y adivinos.

Alonso de Chaves ofrece un repertorio de reglas en el tratado último del segundo libro de su obra que trata de las señales naturales para conocer la mudanza de los tiempos porque, en largas y continuas navegaciones forzosamente se han de ofrecer infortunios y peligros de una o muchas maneras, principalmente por la mudanza y contrariedad de los tiempos y ásperas tormentas o tempestades, y porque la tal madrugada o trocamiento de los tiempos cuando quieren venir siempre de sí mismos alcanzan y enseñan unas ciertas señales naturales, las cuales siempre preceden y se anticipan por algún espacio de tiempo a los tales infortunios y se manifiestan y conocen en los cuerpos celestes de sol, y luna, y estrellas, y nubes, y vapores, y en las naves, y los otros animales terrestres, y en otros cuerpos elementales (Ob. cit. pp. 162 y 163)

Chaves propone partir primero de los más alto y más perfecto y acabar en lo menos perfecto y más bajo, es decir, basarse en las señales de las estrellas,  el  sol, las nubes, neblinas y vapores, arco del cielo, arco del cielo, truenos y relámpagos, presencia de aves y animales terrestres y de ciertos cuerpos inanimados.

La meteorología permaneció durante milenios en este estadio de simple observación de señales, lo que nos permite pensar en sus frecuentes errores de predicción. Hay que esperar hasta el siglo XX de nuestra era para disponer de técnicas aerológicas combinadas con una red mundial de centros de observación. La meteorología pasa entonces a ser considerada como una ciencia explicativa y predictiva.

Las dos guerras mundiales del siglo XX han impulsado no solo los instrumentos de observación y medición sino también la aparición de centros de investigación y de organismos encargados de la rápida difusión de los resultados. Hoy disponemos de una red de estaciones meteorológicas totalmente automatizadas al servicio de las predicciones de los cambios climáticos. Muchos de los avances tecnológicos que han tenido lugar en otros campos han sido aplicados con éxito a la meteorología. Pensemos en la conquista del espacio. La posibilidad de contar con el apoyo de satélites artificiales de la Tierra (tanto en órbita como geoestacionarios) ha supuesto un avance verdaderamente revolucionario para la meteorología. Los datos que están enviando continuamente los satélites son almacenados, procesados, interpretados y difundidos de un modo inmediato a todos los rincones de la Tierra. Los modernos medios de comunicación social (radio, TV, prensa, Internet) los ponen inmediatamente al alcance de los usuarios.

La Organización Meteorológica Internacional funcionó durante el siglo XIX como enlace de los servicios nacionales que se iban creando en los diferentes países. En 1946 pasó a denominarse Organización Meteorológica Mundial en el seno de la Organización de las Naciones Unidas. En España el actual Servicio Meteorológico Nacional tiene sus orígenes en los consejos del marino Jorge Juan para que se abrieran dos observatorios meteorológicos, el de San Fernando (1805) y el de Madrid (1860). En 1893 se creó el Instituto Meteorológico en el parque del Retiro de Madrid, organismo que pasó a llamarse Observatorio Central Meteorológico.

El generalizado interés por la meteorología se refleja en las grandes inversiones que se vienen haciendo desde hace al menos un siglo no solo para mejorar los instrumentos de toma de datos sino también en la creación de un banco de datos mundial en el que se dispone de series cronológicas cada vez más prolongadas. Se dispone así de la base de información imprescindible para formular con ayuda de la moderna estadística y de la física avanzada las leyes que explican los cambios climáticos tanto a nivel global como regional.