SEGURIDAD

 

 

Servicios de protección de la identidad física y de los bienes portados por quien realiza un desplazamiento han existido desde la más remota antigüedad. Estos servicios estuvieron integrados durante miles de años con los de acompañamiento que ya hemos visto. En efecto, la escolta que acompañaba a quienes realizaron desplazamientos en el pasado tenían la función de protegerlos contra los posibles ataques de enemigos de todo tipo: ladrones, piratas, bandidos, intolerantes y tantos otros de los que pudiera derivarse, en el mejor de los casos, la imposibilidad de llegar al lugar de destino o de regresar al de partida. La escolta presta por ello un claro servicio facilitador de los desplazamientos. Podríamos repetir aquí parte de lo dicho en el apartado dedicado al acompañamiento.

Si entendemos por policía un cuerpo de funcionarios públicos que tiene como función velar por el cumplimiento de las leyes, puede decirse que, en efecto, este servicio ya existía en las civilizaciones de la Antigüedad. Pero lo que diferencia a estos cuerpos de policía de los actuales es que tan solo se ocupaban del cumplimiento de unas leyes que poco o nada tenían que ver con la protección personal que figura desde no hace mucho entre sus funciones. Aun así, no cabe duda de que estos cuerpos antiguos constituyen los primeros antecedentes de la policía de nuestros días.

En el antiguo Egipto había cuerpos de policía encargados de vigilar las fronteras. Franco Ciammino nos dice que  en los confines naturales se encontraban las fortalezas para la defensa de Egipto y los puestos de aduanas, que vigilaban y anotaban todo cuanto llegaba. Todos los pasajes de hombres y mercancías eran vigilados por oficiales de frontera, que recogían los impuestos y los derechos aduaneros. Los egipcios eran tolerantes con los extranjeros inclusive en lo concerniente a la religión, con tal de que los huéspedes se mostrasen respetuosos con las costumbres y creencias del país. Grandes enemigos eran considerados los beduinos, “los que vivían sobre la arena”, los fieros y poco fiables nómadas del desierto, que junto con los negros, sirios y libios fueron considerados siempre como los grandes enemigos del faraón, a pesar de que esos mismos negros, sirios y libios estuvieran siempre dispuestos a combatir como mercenarios a sueldo del soberano egipcio. Los egipcios acogieron bien a casi todos aquellos que solicitaban asilo (Ob. cit. pp. 32 y 33)

Egipto estaba organizado en regiones (nomos) gobernadas por los nomarcas o virreyes, auxiliados por un funcionario que ejercía las funciones de juez, jefe de policía y verdugo. Las funciones que hoy encargamos a la policía eran ejercidas en Egipto por el ejército. Bajo el faraón Samético II, de la XXVI dinastía, se creó una policía terrestre y fluvial encargada de vigilar el tráfico.

También en China había funcionarios que se encargaban de la vigilancia del pueblo. Además se encargaba de llevar un registro o censo de población y de vigilar a los sospechosos. Lo mismo puede decirse de los incas. En el imperio inca cada grupo de diez familias dependía de una especie de funcionario imperial conocido como mayoc. Sus funciones consistían en vigilar el cumplimiento de las obligaciones laborales de los vasallos y  de llevar el control de los nacimientos (censo de población). Parece que también existía un cuerpo secreto encargado de ir de pueblo en pueblo para conocer el estado de la opinión de los gobernados y controlar los pleitos y los juicios.

 

Tantos unos como otros dedicaban sus esfuerzos, como hemos dicho, no a dar protección a los ciudadanos sino a velar por los privilegios del poder expresados en las leyes. Hay que llegar a Grecia para encontrar los más claros antecedentes de lo que hoy entendemos por orden público y protección física de vidas y haciendas de los particulares. En las ciudades griegas había un poliarca designado por sorteo mensualmente encargado de un cuerpo de guardianes cuya función era mantener el orden callejero, la seguridad pública y verificar la corrección de los pesos y las medidas con los que se realizaba el mercadeo. Estos guardianes tenían atribuciones para castigar a los delincuentes y para imponer multas.

El cuerpo romano de ediles fue creado por Numa con el encargo de mantener el orden público en la Urbe, prestar servicios contra incendios, muy frecuentes en Roma, velar por la limpieza de las calles y hacer seguros los caminos. Augusto sustituyó este cuerpo por 14 curatores, 424 stacionarii  y 1.000 vigiles, cuerpos que prestaban servicios contra incendios y de policía (orden público, lucha contra rebeliones, persecusión de delincuentes) y control político – social). También el ejército tenía encomendadas misiones de vigilancia del orden interno además de las clásicas de defensa frente a agresiones exteriores y guerras de conquista.

Durante la Edad Media, los ejércitos formados por caballeros y vasallos con los que contaban los señores feudales, asumieron funciones militares y policiales, lo que supuso un retroceso en los avances de separación de funciones que habían conseguido las ciudades griegas y el Imperio Romano.

Los verdaderos comienzos de la policía como hoy la concebimos (vigilancia del cumplimiento de las leyes tanto en defensa de la sociedad como de la integridad física de sus miembros) hay que buscarlos en Francia. Joseph Fouché (1759 – 1820), duque de Otranto, fue nombrado en 1799 ministro de Policía del gobierno del Directorio que se hizo cargo del poder después de la Revolución Francesa. Cuando Napoleón Bonaparte se apoderó del poder mantuvo a Fouché en el ministerio de la Policía, un cargo que ocupó hasta 1810. Durante estos años logró modernizar los criterios organizativos y funcionales de la policía del antiguo régimen. Desde entonces se han ido mejorando ambos aspectos hasta llegar a nuestros días, en los que no se concibe un gobierno moderno y eficaz sin cuerpos de policía dotados de avanzados medios para asegurar el orden público tanto en las ciudades como en campo abierto y en todos aquellos lugares en los que se da una afluencia masiva de personas (estaciones, aeropuertos, mercados, estadios deportivos, centros de enseñanza, museos, etc.) Gracias a estos servicios, la protección tanto física y económica tanto de residentes como de forasteros queda garantizada a niveles inconcebibles hace unas décadas.

Debido al fuerte incremento de la delincuencia que se registra en las megalópolis modernas desde la generalización del consumo de alucinógenos se ha impuesto la necesidad de que numerosas empresas  y comunidades privadas contraten servicios de vigilancia y protección profesionales. Estos servicios privados refuerzan y complementan los servicios públicos. Como consecuencia de ello, las escoltas y los guardaespaldas solo son hoy necesarios para las grandes figuras de la política y para personas con altos cargos en empresas privadas. También necesitan servicios de escolta personas de gran popularidad o dueños de grandes fortunas. Los demás pueden desplazarse por numerosos países sin necesidad de estar protegidos por cuerpos especiales privados.