MEDICIÓN DE LA DISTANCIA



No basta con disponer de representaciones gráficas del territorio para realizar un desplazamiento. Tanto la elaboración como la realización de planes de desplazamientos necesitan contar con la posibilidad de medir con cierta precisión la distancia que separa los puntos que configuran el espacio. Para ello hay que adoptar alguna unidad de medida uniforme y de uso generalizado. El historiador británico Arnold J. Toynbee afirma que las medidas uniformes de tiempo, distancia, longitud, volumen, peso y valor monetario son necesidades de la vida social en cualquier nivel que esté por encima del más primitivo (Ver su obra: Estudio de la Historia, Vol. VII, 2ª p. p. 377, Emecé, Buenos Aires, 1961) Las primeras unidades de longitud o distancia entre dos puntos se basaron en el cuerpo humano, concretamente en las extremidades inferiores y superiores: pulgada, palmo o cuarta, pie, codo y paso geométrico. La pulgada tiene 2,5 cm.; el palmo, 21 cm.; el pie, 30 cm.; el codo común o geométrico, 41,8 cm.; el paso geométrico, 100 cm.
Aun hoy se siguen utilizando estas unidades de longitud en muchos países. Junto a ellas se utilizaron y aun se utilizan otras como la vara, el estadio, la legua y la milla. La vara tiene 126,6 cm.; el estadio, 125 pasos de 5 pies romanos, es decir, 171,8 m, la octava parte de una milla (unos 1.375). Medidas antiguas de longitud pueden tener el mismo nombre y no coincidir. Por ejemplo, hay millas de 1.609 m. (la inglesa) y de 1.852 m., la castellana. Algunas son específicas para medir longitudes marinas. La legua marina, la milla náutica de los anglosajones, equivale a tres leguas terrestres.
La pulgada, el palmo, el codo, la vara y el pie, por su reducido tamaño, se utilizan, sobre todo, para medir longitudes limitadas. Para medir distancias mayores se impuso muy pronto la jornada, entendiendo por tal la distancia que un hombre puede recorrer (andando o a lomos de una caballería) durante el periodo de tiempo que transcurre desde la salida hasta la puesta del sol, una medida de distancia poco consistente por ser variable de una estación del año a otra y de una a otra latitud. La jornada es, sin duda, una medida imprecisa, pero fue muy útil durante milenios. Aun hoy se sigue utilizando en algunos pueblos. Unidades inferiores a la jornada son la vara, la milla y la legua, medidas itinerarias que son también variables de un país a otro e incluso de una a otra comarca. La llamada legua corta oscila entre los 3.933 metros de la francesa o de París y los 4.800 metros de la suiza. La legua larga varía entre los 7.409 metros de la alemana y los 8.335 metros de la húngara. Entre ambas, se encuentra la legua de 20 al grado o común, que fue la más utilizada en España, y lo sigue siendo en Inglaterra y otros países, equivalente a 5.555,55 metros.
No es de extrañar, por ello, que hasta hace relativamente poco hubiera serias dificultades para fijar con cierta precisión la distancia recorrida en los desplazamientos. La heterogeneidad es la característica más destacada de las unidades itinerarias antiguas. Este problema se intentó resolver a fines del siglo XIX con la invención del sistema métrico decimal.
El metro es una unidad de medida de longitud de creciente implantación a nivel mundial. Forma parte del sistema de base decimal que se propuso en la Iª Conferencia General de Pesos y Medidas, celebrada en París en 1889. El metro, junto con otras unidades, forma parte del Sistema Internacional de Unidades. En sucesivas ediciones de la Conferencia de París, se ha perfeccionado tanto el S. I. U. como la definición de las diferentes unidades que lo integran, entre ellas el metro, pudiendo citarse como hitos de relieve las conferencias de 1927 (VIIª), 1954 (Xª), 1960 (XIª) y 1971 (XIIª). Sin embargo, a pesar de tan reiterados esfuerzos para convertir el metro en la única unidad de longitud utilizada en todos los países del mundo, aún no se ha conseguido su uso generalizado. Como se sabe, Estados Unidos, el Reino Unido y los países de la Commonwealth siguen utilizando, en parte, un sistema de unidades propio, anterior al normalizado S. I. U.