el automóvil

 

Transcurrió un siglo entre la aparición del primer automóvil y su utilización masiva, un periodo que se habría acortado si su dinámica no se hubiera visto obstruida por la adopción de medidas en beneficio del ferrocarril. Durante el siglo y medio largo que tiene este singular medio de transporte siguieron apareciendo innovaciones tecnológicas y mejoras de un modo ciertamente vertiginoso, tanto en lo que concierne al diseño como en lo que respecta a la mecánica (funcionamiento sin averías y seguridad para los usuarios)
En nuestros días, se está tratando de lanzar al mercado el automóvil con motor eléctrico, pero, de momento, no se ha pasado de los modelos en prueba Su futuro depende del encarecimiento de los derivados del petróleo por agotamiento de las reservas y de que se consiga aumentar su autonomía y su velocidad.
El automóvil es hoy el medio de transporte más difundido debido, sobre todo, a la graduada gama de modelos y marcas (precios y prestaciones) disponible y a la autonomía que confiere a su propietario en los continuos desplazamientos a los que se ve forzado el hombre de hoy. En la actualidad se fabrican en el mundo unos cincuenta millones de automóviles anuales, uno por cada cien habitantes. La flota de automóviles privados en circulación alcanza ya cifras astronómicas. En los países más desarrollados se está llegando a un automóvil por familia, pero ya hay familias que tienen tres, cuatro y más. No está lejos el día que se superen los quinientos millones de automóviles de propiedad privada dedicados a usos personales sin contar con los dedicados a usos mercantiles.
Ya nos hemos referido más arriba a las vías férreas, uno de los elementos básicos del llamado medio de transporte ferroviario. El otro es el tren, una serie de vagones (carros) en línea enganchados unos a otros y arrastrados por una cabeza tractora. El transporte ferroviario se orientó desde sus inicios a la carga, pero con las mejoras de confort incorporadas al vagón y con la construcción de vías más consistentes y seguras se hizo posible su dedicación al transporte de pasajeros. El ferroviario fue el único medio de transporte que nació al servicio de la industria, pero pronto se utilizó para el transporte de tropas. Antes del siglo XIX ya se utilizaban en las minas de carbón inglesas pequeños carros (vagones o vagonetas) con ruedas metálicas adaptadas para rodar sobre dos raíles metálicos fijados al suelo. Se movían empujados por los mismos mineros. Cabe la posibilidad de que este sistema de transporte sea uno de los más antiguos ya que en las civilizaciones de la Antigüedad era utilizado para desplazar grandes pesos.
A partir de los años veinte del siglo XIX, empezaron a surgir empresas privadas que comunicaron por ferrocarril numerosas ciudades en los países europeos y en Estados Unidos. Las empresas ferroviarias se percataron de que las grandes inversiones que exigía este medio de transporte solo podían ser rentables si se orientaba tanto a personas de alto nivel de renta como a posibles usuarios de clase media urbana. El ferroviario fue el único medio de transporte que nació con vocación de ser masivo. En la obra citada, escrita en los comienzos del ferrocarril, hace Honorato de Balzac este profético comentario: En un futuro no muy lejano los ferrocarriles harán desaparecer ciertas industrias y modificarán otras y, sobre todo, aquellas que afectan a los diversos medios de transporte en uso para los alrededores de París. De suerte que , muy pronto, las personas y cosas que constituyen los elementos de esta escena le conferirán el mérito de un trabajo de arqueología. ¿No quedarán encantados nuestros nietos al conocer el material social de una época que llamarán el viejo tiempo? Así que esos pintorescos coucous (coche pequeño de servicio público, cuco) tan florecientes en 1830 todavía, hoy ya no existen, y apenas si para la más atractiva solemnidad campestre se ve alguno en marcha en 1842. Por aquella época surgían para las menores localidades de los alrededores de París empresas de coches lindos, rápidos y cómodos que salían de París y volvían a él a hora fija y que en todos los puntos y en un radio de diez leguas dieron lugar a una competición encarnizada.
El ferrocarril fue durante más de un siglo el primer medio moderno de transporte terrestre. Junto con el transporte marítimo alcanzó altas niveles de desarrollo a partir de mediados del siglo XIX. Ambos medios aplicaron con eficacia la fuerza generada por la máquina de vapor. La primera máquina de vapor eficiente data de 1801 y se debe, como sabemos, al inglés Richard Trevithick (1771 – 1833). A partir de 1829, el ingeniero Robert Stephenson la aplicó a la locomotora “Rocket”. Un año más tarde, se inauguró la primera línea ferroviaria entre Liverpool y Manchester con locomotoras a vapor al servicio del transporte de mercancías y de pasajeros. A partir de 1830, tuvo lugar una espectacular actividad inversora en líneas ferroviarias, como ya hemos dicho más arriba, centrada en el vapor como fuerza propulsora. El extraordinario éxito del ferrocarril se explica no tanto por su capacidad de satisfacer la demanda de servicios de transporte de pasajeros existente en el momento de su aparición sino, también y sobretodo, por la afloración que provocaron sus extraordinarias prestaciones de lo que llaman los expertos demanda inducida. La nueva oferta generó una demanda de servicios de transporte de pasajeros hasta entonces inexistente, que no ha dejado de crecer desde entonces, incentivando la investigación y el desarrollo de continuas mejoras.
En 1881 se aplicó por primera vez, en Alemania, la energía eléctrica como fuerza propulsora a locomotoras ferroviarias, iniciándose otra gran corriente innovadora, la producción industrial de electricidad, primero, y el motor eléctrico, después, capaz de transformar la energía eléctrica en fuerza mecánica. En 1913, se construyó en Suecia la primera locomotora (automotor) propulsada con motor de explosión alimentado con diesel, un derivado del petróleo, que supuso una mejora en toda la gama de prestaciones del servicio a los usuarios (rapidez, regularidad, seguridad y confort) unido al progresivo abaratamiento de los costes presente desde los inicios de este medio de transporte. La tracción diesel acabó con la tracción de vapor y la tracción eléctrica acabará por desplazar a la tracción diesel. En 1987 se inauguró en Gran Bretaña el High Speed Train. Con su tracción diesel se aproximó a los 284 Km. por hora, multiplicando casi por tres la velocidad alcanzada por los trenes de vapor convencionales.
En 1990 se inauguró el TGV (Train de Grand Velocité) francés en la línea París – Lion. El TGV es de tracción eléctrica, puede superar los 500 Km por hora y una velocidad de crucero de 300 Km / hora, cuatro veces más que la locomotora de vapor. El ferrocarril lleva muchos años utilizando cabezas tractoras dotadas de potentes motores alimentados con diesel, pero la tracción óptima es, sin duda, la eléctrica. Gracias a las últimas innovaciones y mejoras, el ferrocarril está recuperando gran parte del mercado perdido desde la generalización del automóvil de uso familiar. Entre los 500 y los 1.000 km. de distancia, el ferrocarril se está imponiendo de nuevo en nuestros días como un medio de transporte de pasajeros que compite con el automóvil en las distancias cortas y medias y con el avión en distancias medias y largas. La aviación regional es su competencia más directa.