Vías férreas

 

En Principios de economía Alfred Marshall (1890, Aguilar, Madrid, 1963) afirma que, (a fines del siglo XIX) el coste de un buque a vapor equivalía al trabajo de 15 años de los que trabajaban en su construcción. El capital empleado en los ferrocarriles de Inglaterra y Gales equivale al trabajo de 30 años de los 300.000 trabajadores que trabajaban en ellos. La frase permite calibrar el relieve que siempre tuvo el transporte en el proceso de formación de capital y, una vez dentro del sector, el enorme relieve que experimentaron las inversiones efectuadas durante la segunda mitad del siglo XIX en el transporte ferroviario. Hay que destacar con especial énfasis que el ferrocarril fue un revolucionario medio de transporte terrestre de carácter masivo. Gracias a él se abarató el transporte terrestre y pudo despegar el desarrollo económico de territorios alejados del litoral y también de los que no contaban con vías fluviales navegables o no habían recibido los beneficios de las vías navegables artificiales.

Durante la segunda mitad del siglo XIX las inversiones en vías férreas y estaciones, terminales o de paso fueron muy cuantiosas. El ferrocarril se implantó especialmente en los países industrializados de Europa y América. Las primeras líneas fueron construidas en el Reino Unido después de la invención de la caldera de vapor. El primer servicio de transporte ferroviario se inauguró el 27 de septiembre de 1825, la línea de Stockton a Darlington. En 1850 ya había 19.500 km. de líneas ferroviarias en explotación en el Reino Unido. La red ferroviaria inglesa creció al asombroso ritmo de 776,7 Km./año, lo que supone un esfuerzo inversor en infraestructuras de transporte absolutamente desconocido hasta entonces en el mundo. Quince años más tarde, había ya 49.626 km. de líneas ferroviarias en el Reino Unido. El ritmo constructivo pasó a ser de más de 2.000 km/año, es decir, casi 2,6 veces más que de 1825 a 1850.

Siete países europeos (Reino Unido, Francia, Alemania, Austria – Hungría, Rusia – Finlandia, Italia y Bélgica) tenían en 1885 en funcionamiento cerca de 270.000 Km. de líneas ferroviarias, una cifra que habla con elocuencia del éxito alcanzado por este revolucionario medio de transporte, llamado “guiado” por los expertos. La red ferroviaria mundial estaba llamada a seguir creciendo exponencialmente hasta mediados del siglo XX. A partir de esta fecha, las inversiones en ferrocarriles entran en una prolongada crisis, recientemente superada con la aparición de fórmulas innovadoras capaces de competir con el transporte aéreo en distancias medias con velocidades del orden de los 500 km/h en monorraíles y trenes de alta velocidad.

El ferrocarril no limitó su desarrollo a Europa y Estados Unidos. También se desarrolló también en las colonias americanas, africanas y asiáticas de las potencias de Occidente. En 1972 había en todo el mundo unos 150 millones de Km. de vías férreas, correspondiendo a Estados Unidos cerca de 500.000. En la antigua Unión Soviética, país que sigue a Estados Unidos en desarrollo ferroviario, había cerca de 140.000 y en Francia, país que sigue a la ex - URSS, casi 80.000 km. Los datos sobre longitud de vías férreas proceden de Jane’s World Railways 1971 – 72. citados por The New Enciclopaedia Britanica, 15 Ed., 1988. Los demás proceden de la de A. J. Norval, The Tourist Industry, Londres, 1936, p. 38, quien, a su vez los toma de Emile Sax, Die Verkehrsmittel in Volks- und Staatwirtschaft, Vol. 3, Verlag von Julius Springer, Berlín, 1920.

Al ferrocarril volveré más tarde al referirme a los medios de transporte de personas.