PROLOGO GENERAL

 

Turismo o producto turístico son expresiones que utilizan a menudo los expertos, científicos o no, y quienes se mueven en el mundo de los viajes. También los funcionarios y los políticos relacionados con esta materia emplean ambas expresiones con frecuencia. Sindicalistas, miembros de ONGs y asistentes a seminarios, encuentros, jornadas de estudio, mesas redondas y todo tipo de congresos y eventos han hecho suya estas expresiones y las emplean con envidiable familiaridad. Si aquí las utilizo no es solo en atención a su uso generalizado sino que son útiles para designar la materia sobre la que versa mi investigación, necesitada de la precisión de la que carece.
El significado que en esta obra propongo dar a ambas expresiones puede dividir a los lectores en dos grupos disímiles. Los que esperarían un significado convencional de los dos términos, el grupo más nutrido, y los que estarían dispuestos a aceptar, aunque fuera provisionalmente, los significados que propongo darles, el grupo de menor tamaño, si es que cuenta con algún participante.
De hecho, esta es una obra que responde en su concepción, contenido y desarrollo la presencia de dos factores. En un lado se encuentra la literatura acumulada sobre la materia durante más de un siglo (parte segunda). En otro, el empeño del autor en abrir el estudio del turismo al análisis microeconómico sin los falsos pudores que, por hipócritas supervivencias de la antigüedad, aun perduran en la actualidad contra el afán de lucro.
He elegido un título genérico para las dos partes de que consta la obra que a muchos ha de parecer sorpresivo y, a otros, malsonante. Como indica su etimología, autopsia vale por visión personal de algo. También el ensayista y traductor norteamericano Eliot Weinberger ha titulado uno de sus últimos libros con la singular expresión Rastros kármicos. Cuando se le pregunta por qué kármicos, Weinberger responde que eso es culpa de la new age, que secuestró la palabra karma, que en la Edad Media significaba rastro de una vida anterior. Me parecía, continúa, que debía rescatarla porque una de las funciones de la literatura es precísamente lo que Confucio llamó la rectificación de los nombres. En la antigua China, el poeta y consejero del emperador ,garantizaba que, en un Gobierno justo, las palabras significaran su sentido. Cosa que ahora no pasa en absoluto, termina diciendo Weimberger.
Pero incluso en la acepción usual del término autopsia, la que se aplica al trabajo de los forenses, puede tener sentido la expresión autopsia del turismo si, como veremos, puede decirse que el turismo de cada época periclita y da paso al turismo de la época siguiente.
Hay expertos que están convencidos de que la literatura del turismo está empapada de economía. Como dice el filósofo alemán Peter Sloterdijk (Normas para el parque humano, Siruela, Madrid, 2000), experto es el que no tiene que pensar porque ya lo hizo. Tal vez por eso, muchos sostienen que, en el estudio del turismo, se abusa sin razón y hasta equivocadamente del análisis económico cuando lo cierto es que ni siquiera se usa. No se puede negar que gran parte de la terminología empleada en la literatura especializada procede de la economía. Parece lógico que así sea, pues si nos interesa el turismo es porque estamos convencidos de su rentabilidad financiera, económica, social y, últimamente, incluso ambiental. No obstante, por razones que trataré de desentrañar, el análisis económico del turismo no ha pasado del uso de la terminología aplicada a concepciones ajenas a este método, lo que ha producido un precipitado aluvial formado por numerosas capas sobrepuestas de materiales y métodos de procedencia muy dispar. Multidisciplinariedad es el nombre que alborozadamente dan algunos a esta curiosa mezcla de materiales y métodos. Abundan quienes están convencidos de que, como materia objeto de estudio, el turismo presenta una muy alta complejidad debido a sus múltiples facetas, siendo por ello su correcto conocimiento una pretensión poco menos que inalcanzable si para ello utilizamos exclusivamente una sola ciencia social. Según la creencia generalizada, un obstáculo tan serio solo podrá superarse, y al parecer no del todo, atacando el problema desde todas las trincheras científicas.
Tanto los expertos como los aspirantes a serlo y los simples aficionados están convencidos de que el turismo es muy importante, un fenómeno (algunos añaden de masas), un factor de desarrollo económico, una actividad cultural y de ocio, una herramienta imprescindible para conservar el patrimonio cultural y natural, la mayor industria mundial y, finalmente (?), que de él depende que se consiga el necesario conocimiento mutuo entre todos los pueblos de la Tierra, pues el turismo, según ellos, es el medio más valioso que tenemos para alcanzar la paz en la tierra. En la efervescencia de tanto entusiasmo, mientras unos afirman que el turismo tiene la misma edad que la humanidad, otros sitúan su aparición hace tan solo medio siglo. Mientras para los primeros es desplazamiento por el territorio para los últimos, con el francés Dumazedier a la cabeza, el turismo es masivo o no es.
El fenómeno del turismo – ha dejado dicho un conocido consultor al servicio de la Organización Mundial del Turismo (OMT) – es hoy en día un hecho notorio cuya importancia no se discute. Como se ve, quien tiene autoridad la ejerce. Las invocaciones al turismo valen para rotos y descosidos. El turismo está de moda en los ámbitos empresariales y gubernamentales y, por ende, académicos (no a la inversa). Hacerlo, estudiarlo, protegerlo y fomentarlo, por todos los medios a nuestro alcance (políticos, gubernamentales, financieros, propagandísticos y académicos), es lo que se lleva y está de moda. Los pueblos con economías desfavorecidas esperan de él que sea la panacea de sus dificultades para mejorar su nivel de vida. Sin embargo, en la medida en que las alusiones al turismo y a sus pregonadas virtudes están ayunas de esfuerzos por evitar ambigüedades y confusiones, los términos turismo y producto turístico se comportan como clichés sin contenido.
El estudio del turismo podía haber seguido derroteros más modestos, mejor encauzados, de operatividad asegurada y, por supuesto, de mayor eficacia cognoscitiva si desde sus orígenes hubiera sido visto como un producto más, un producto que se obtiene, como cualquier otro, aplicando técnicas específicas, primero domésticas, luego artesanales y, finalmente, industriales en empresas mercantiles especializadas, capitalizadas y gestionadas con métodos modernos. De haber sido así, el producto turístico, específico y plenamente diferenciado de los demás, estaría desde hace años perfectamente identificado y contaría con un epígrafe en las clasificaciones de actividades económicas nacionales o internacionales, sin confusión con cualquier otro bien o servicio, formando parte del sistema productivo moderno en estrecha interdependencia con los demás sectores.
Habrá quien sostenga que éste es precísamente el marco en el que siempre se ha movido la literatura del turismo. Creo poder demostrar en esta obra que no solo no es así sino que, al paso que vamos, cada vez estaremos más lejos de ese marco de tratamiento. Un marco cuya adopción, más que necesaria, es urgente si queremos disponer de un corpus teórico que permita hacer formulaciones claras, lógicas, elegantes, coherentes y exentas de ambigüedades, pero también eficientes, que sirvan para hacer diagnósticos de la realidad en los que basar estrategias empresariales, sectoriales y gubernamentales que ocupen el lugar de las que hoy tanto tienen de quimeras y fantasías mezcladas con algunas falsedades y hasta, a veces, con graves deshonestidades científicas.
La obra se presenta, por ello, como una respuesta al estado en el que se encuentra el pensamiento acumulado y a las opiniones que una y otra vez sostienen (sin fundamentos claros o con fundamentos obsoletos) los expertos en la materia. Sin la implantación generalizada y acrítica del pensamiento acumulado y de las muchas veces gratuitas opiniones de los expertos, esta obra no se habría escrito o sería diferente.
El pensamiento y las opiniones dominantes constituyen algunos de los factores más importantes que han conformado la obra como un largo y hasta si se quiere tortuoso rodeo por campos que a algunos parecerán abstrusos: la antropología cultural, la historia de las civilizaciones y del desarrollo tecnológico en sectores tan dispares como las obras públicas, los medios de transporte, la cartografía, los calendarios, la mensajería, los seguros, el dinero y el sistema bancario, los cuerpos de policía, los idiomas que son o fueron en alguna época lingua franca, los servicios de interpretación, la investigación filológica y etimológica aplicada a ciertos vocablos de interés y, finalmente, la historia de las ideas y de las formulaciones teóricas que surgieron entre fines del siglo XIX y nuestros días en la materia que nos ocupa. Un largo rodeo, sin duda, que, repito, no habría habido necesidad de dar si el turismo se hubiera considerado desde el principio como un producto objetivamente diferenciado de los demás y que se produce, se vende y se consume como cualquier otro producto, salvando, naturalmente, sus propias especificidades.
El segundo factor que ha influido en que este libro sea como es no es otro, dicho sea con tanta sinceridad como realismo, que el que aportan el autor y su curriculum profesional como investigador. A comienzos de la década de los setenta se nos presentó la primera oportunidad de estudiar el turismo. Fue en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, donde un equipo de técnicos españoles trabajaba elaborando el informe previo a la adopción de medidas de política económica para aumentar el bajo consumo interno de productos pesqueros en la Región Sur de dicho país. El equipo de expertos sufrió una grave crisis y se nos propuso trabajar en otro informe, un plan de desarrollo del turismo de la citada región. Si rechazamos la propuesta fue por no considerarnos expertos en la materia.
Años más tarde, trabajando de nuevo en el CSIC, ahora en el Instituto de Economía y Geografía Aplicadas (IEGA), actualmente Instituto de Economía y Geografía (IEG), propuse junto con otros investigadores, crear un Departamento de Economía y Planificación del Turismo. El director en funciones, a la sazón un titulado en ingeniería agronómica, creyó conveniente eliminar el término planificación y denominarlo escuetamente Departamento de Economía del Turismo. Nunca adiviné sus razones.
La vida del nuevo Departamento, a pesar de su brevedad, no estuvo exenta de convulsiones. Fue entonces cuando empecé a familiarizarnos con la literatura del turismo.
Habituado a trabajar en sectores productivos en los que el producto (output) está suficientemente bien identificado (agrios, hortalizas, frutas de pepita o de hueso, aceitunas, aceite de oliva, ganado vacuno, especies pesqueras), experimenté malestar y desasosiego ante afirmaciones tales como que en el turismo, el consumidor interviene en el proceso de producción, y que, por ello, el turismo no es posible sin la participación del turista. Y otras formulaciones parecidas. El rechazo de las llamadas especificidades teóricas del turismo, las que al parecer derivan de su extrema complejidad, pudo hacerme abandonar una materia tan exótica y, por qué no decirlo, atrabiliaria desde el punto de vista del análisis económico.

No soy sin embargo el único que ve el turismo así. Peter Burns y Andrew Holden no tienen empacho en afirmar en Tourism. A New Perspective (Prentice Hall, London, 1995) que el estudio del turismo puede ser al mismo tiempo enigmático (enigmatic) y bizarro (bizarre), enigmático porque contiene aspectos difícilmente difundibles, y bizarro (valiente o atrevido) porque aspira a identificar las bases teóricas que explican por qué desean divertirse los seres humanos. Burns y Holden aportan razones que, según ellos, explican que el turismo sea enigmatic and bizarre y las aceptan como inevitables.
Contra pronóstico, en mi caso, aconteció justo lo contrario: lo que pueda tener de enigmático y bizarro el estudio del turismo ha servido de acicate para que me engolfe en tan peculiar materia, encarnada en una literatura que es, sin duda, y por decirlo de un modo neutro, harto peculiar. En la obra aporto razones, sostengo que no es inevitable y hago una propuesta alternativa sometida a la aceptación del debate que intento suscitar por parte de la comunidad de expertos.
Para ello empiezo por el principio del principio, que no es otro que la lectura en clave económica de los textos básicos que se han escrito desde fines del siglo XIX hasta hoy por los más prestigiosos tratadistas. El segundo paso consiste en averiguar las razones que llevan a desarrollos teóricos tan singulares y sorprendentes, hasta el extremo de que ha llegado a afirmarse que no pertenecen a ninguna ciencia social en exclusiva y, mucho menos, a la economía. El tercer paso es el de comprobar si son evitables las aludidas peculiaridades. Dicho de otro modo: si es factible estudiar el turismo como se estudia cualquier actividad productiva. Trato, pues, de ofrecer las interpretaciones de la realidad que configuran el paradigma en vigor, realizar su crítica a la luz del análisis económico y comprobar en que condiciones sería plenamente aplicable este conocido método de estudio al turismo, para lo que es imprescindible saber si puede ser concebido como una rama productiva objetivamente diferenciada de las demás. Incluir el estudio pormenorizado de las ramas productivas que abastecen la producción de turismo haría inabarcable la obra, lo que ocurriría igualmente si alguien exigiera basar su estudio en fuentes directas o empíricas. De aquí que se haya tenido que acoger al método consistente en la crítica de las obras existentes sometidas al test de coherencia lógica interna y a evidenciar las anomalías e insuficiencias con respecto a los fines que se pretenden. Aporto, pues, una visión personal, global y sintética, de una materia como esta, en la que existieron grandes discrepancias en el pasado, discrepancias que hoy se encuentran sospechosamente silenciadas pero que en absoluto están resueltas. Pretender una visión minuciosa y detallada, hecha además a partir de fuentes de primera mano es simple y llanamente inviable de momento. No he tenido otra opción, repito, que basame en estudios y publicaciones existentes sobre los aspectos tratados y además tratarlos de un modo selectivo.
Cabe la posibilidad de que una obra como esta sea leída sin que se suelten las amarras de los prejuicios establecidos en el paradigma convencional. No soy tan ingenuo como para pensar que alguien tenga un interés relevante en la apertura de nuevas sendas que conduzcan a hipotéticas mejoras de las aproximaciones al uso. Pero no me cabe duda de que, de tener lugar, redundaría muy positivamente en los resultados de las inversiones públicas y privadas que hoy se realizan en esta asendereada rama de la producción.
Las ideas que se exponen en la obra no son todas originales, pero las he ordenado y sistematizado para que adopten la forma de un teorema orientado a la formulación clara, razonada y criticable de conclusiones.
Los críticos, si es que logro tenerlos, pueden rectificar muchas de mis formulaciones o el tratamiento que doy a determinados aspectos. Es posible que de esta forma aspiren a invalidar las críticas y a refutar la propuesta que en ellas se basa. Sería deseable que las críticas se hicieran, si es que se hacen, sin olvidar las anomalías que pudieran quedar resueltas con mi propuesta y teniendo en cuenta si las nuevas anomalías, de existir, son de menor calado que las existentes. Estas son, dicho muy resumidamente, las razones que han influido en que esta obra sea como es.
Quedan los consabidos agradecimientos. Acontece, sin embargo, que el cumplimiento de esta convención puede resultar tan singular como la obra misma. No rehuyo exponer las cosas tal y como son, aun a despecho de que sean interpretadas bajo el sesgo de la ironía. Las razones que me llevaron a escribirla forman un todo indesmontable y en él tienen su sitio todos los avatares que lo han acompañado.
Cuando a mediados de los años ochenta decidí hacer una crítica constructiva de la teoría del turismo al uso, el CSIC hacía poco que estaba tratando de establecer la conveniencia, que luego fue necesidad, de que los proyectos de investigación contaran con financiación externa. El Instituto de Estudios Turísticos (IET), dependiente de algún ministerio de la Administración Central del Estado Español que ahora no recuerdo (creo que era el de Transportes y Comunicaciones) llevaba bastantes años convocando concursos destinados a la realización de estudios para mejorar el conocimiento del llamado Turismo Español y fomentar así su desarrollo. Buscando la necesaria financiación complementaria para mi proyecto, expuse al encargado del Gabinete de Estudios del IET cuales eran las pretensiones del mismo y él me propuso hacer una solicitud formal de ayuda a la investigación. Así lo hice.
La memoria que acompañó a la solicitud fue todo menos políticamente correcta. Estaba basada en una crítica, respetuosa en lo personal pero dura en el contenido, a una obra que recientemente había publicado el mencionado encargado del Gabinete. Se trataba de una obra que tenía en su momento la rara virtud de ser un completo y actualizado manual de la materia y que por ello permitía no tener que buscar obras más antiguas y menos claras y completas. La solicitud de ayuda no es que fuera denegada: ni siquiera fue tenida en cuenta.
En noviembre de 1988 la memoria se publicó en Información Comercial Española con el título Economía de la producción turística: Hacia un enfoque alternativo. Y, aunque no resulta fácil de entender, gracias al apoyo de Francisco Gadea Oltra, entonces subdirector general, la revista del IET, Estudios Turísticos, publicó poco después el trabajo en su número 101. Esta misma revista publicó años más tarde otros trabajos míos. Se trataba de avances de los resultados parciales que se iban alcanzando en la línea de investigación que puse en marcha, por supuesto sin financiación complementaria o externa en el IEG.
Los primeros resultados completos, aunque todavía provisionales, se publicaron en 1992 por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid. Se trataba del facsímil del texto de la tesis doctoral leída en dicha Universidad el día 5 de julio de 1991. El tribunal que la juzgó estaba compuesto por cinco catedráticos, todos ellos ajenos a la llamada comunidad de expertos en turismo, lo que, en principio, podía ser considerado como una circunstancia favorable. Los cinco eran, además, obviamente, economistas y catedráticos. Les habría bastado cumplir dos condiciones adicionales: tener algún conocimiento, por limitado que fuera, del estado de la cuestión en la materia, y tiempo (o interés) para leerla con alguna atención. No se dieron ninguna de las dos. Cuatro miembros del tribunal, condescendientes, la aceptaron, y uno, no condescendiente, el profesor Marín Quemada, la rechazó. Pudo haber sido a la inversa. Durante la comida de rigor a la que el candidato al grado de doctor invita por cortesía a los miembros del tribunal y al director de la tesis, expresé mi agradecimiento a los cinco componentes del tribunal, especialmente al que la rechazó, algo que a él le intrigó sobremanera porque le resultaba inusual. Tal vez no se percatara de que, académicamente, conviene que cuando una tesis es discutible no cuente con la unanimidad del tribunal. Así se lo expliqué amable y respetuosamente, añadiendo que, en contrapartida, quien la rechaza asume, obviamente, las consecuencias científicas (positivas o negativas) que de tal hecho se desprenden, exactamente igual, aunque a la inversa, que los que la aceptan.
Volviendo a la memoria que presenté en 1987 al IET, poco después ocurrió algo tan singular que debo exponer. Un funcionario de la Organización Mundial del Turismo (OMT) me propuso realizar una misión en Cuba para evaluar un problema relacionado con el transporte “turístico” en dicho país. Al aceptar el encargo, le hice referencia a la memoria que acabába de escribir para el IET y le propuse remitirle una copia para que hiciera las críticas que creyera pertinentes. No solo no recibí la crítica pedida sino que tampoco tuve más noticias de él. Fui excluido de la misión a Cuba sin más explicaciones. Los conspicuos expertos de la OMT prefirieron el silencio y excomulgar al hereje.
La excomunión decretada por un defensor de la ortodoxia doctrinaria, la falta de medios de financiación complementarios o externos y la falta de unanimidad del tribunal que juzgó la tesis se comportaron, contra pronóstico, como acicates para que continuara desarrollando la línea de investigación iniciada a principios de 1987.
Por si los acicates citados no bastaran, con posterioridad a 1992, surgió uno más. En 1993 envié un resumen de la tesis a una de las más prestigiosas revistas norteamericanas sobre la materia, Annals of Tourism Research, entonces recién fundada. La primera versión fue positivamente acogida por el editor, un experto en turismo mundialmente conocido. La segunda versión, adaptada a las normas de estilo de la revista, fue rechazada por tres evaluadores anónimos nombrados por el director de un instituto universitario del sur de Francia, conocido este por su dedicación a la sin duda ardua tarea de inventariar la ingente bibliografía sobre el turismo que se produce año tras año en el mundo. A la vista del rechazo, el editor de la revista me ofreció publicar un resumen del artículo, propuesta que decliné, no sin antes proponerle que adoptara una actitud valiente para publicar el artículo íntegramente por su interés para abrir un debate.
He aquí la singular relación de entidades y personas a los que expreso mi más sincero agradecimiento y las razones por las que lo hago:
- al CSIC: por permitir una investigación sin financiación complementaria
- al encargado del Gabinete de Estudios del IET: por el reto que supuso su silencio
- al funcionario de la OMT: por su defensa de la ortodoxia
- al miembro disidente del tribunal de la UCM: por apartarse de la consabida unanimidad
- al director del instituto del sur de Francia: por su respeto a la opinión de los tres evaluadores anónimos del método doble-ciego utilizado por la revista
- al editor en jefe de la revista norteamericana: por su respeto del método de selección de trabajos publicables
Sin sus aportaciones, sin su compromiso con las reglas establecidas y con las convenciones científicas en materia de turismo, esta obra no se habría escrito. A todos ellos expreso, pues, mis más efusivas y sinceras gracias: todos alentaron que mi proyecto siguiera adelante.
Debería ampliar la lista de agradecimientos, pero lo si lo hiciera, correría el riesgo de caer en tópicos que prefiero eludir. La lista se alargaría innecesariamente, pero los miembros de este grupo no ignoran la deuda que con ellos tengo contraída por haber soportado tantas prédicas durante tantas ocasiones y en los momentos más insospechados e importunos. Permítaseme englobarlos en un agradecimiento no por anónimo menos cordial y sincero. Pero no debo dejar de expresar un agradecimiento especialmente caluroso a los alumnos y a los asistentes a los numerosos cursos, seminarios y congresos en los que he participado en países de Europa (España, Francia, Grecia y Portugal) y de América (Nicaragua, Cuba, Venezuela, Colombia y Chile). Gracias a ellos, a su interés y a sus preguntas aclaré muchos aspectos oscuros o solo intuidos y me fui dando cuenta de la forma más aconsejable de exponer mi razonamiento para que fuera entendible.
Dos últimos aspectos a destacar: Esta obra cae de lleno en la categoría que P. A. Schumpeter llama visión o preanálisis y así debe ser enjunciada ya que no es más que el desarrollo del pórtico previo a una labor propiamente analítica que espero que alguna vez sea desarrollada. Finalmente, felicitarme por las maravillosas posibilidades que a un investigador heterodoxo como yo brindan la existencia de Internet. Sus sitios científicos me brindan la oportunidad de dar a conocer una visión personal del turismo que los medios convencionales se negaron a darme. Con esta actitud abren la fosa en la que más pronto que tarde caerán por su miopía científica y su negligencia empresarial.

A continuación, el lector tiene a su disposición el texto de la primera parte: “El vencimiento de la distancia”. La segunda fue editada como libro electrónico en 2003 por la Editorial Libros en Red de Uruguay (www.librosenred.com) con el título “El turismo explicado con claridad”.