EL ESQUEMA TÉCNICO DE DESPLAZAMIENTO CIRCULAR



Todo ser viviente que siente una necesidad intenta satisfacerla. La satisfacción de las necesidades depende de la disponibilidad de medios o recursos idóneos, es decir, aptos para ese fin. Esos medios, recursos, bienes o mercancías pueden encontrarse cerca del sujeto que siente la necesidad o a cierta distancia de él. En el primer caso, el sujeto procede inmediatamente a satisfacer la necesidad después de apropiárselos. En el segundo, tiene que acarrearlos hasta donde se encuentra. Si el sujeto está dotado de medios propios de locomoción, el proceso le lleva a realizar una actividad auxiliar, derivada del deseo de satisfacer la necesidad sentida: desplazarse hasta el lugar donde están los medios o recursos. Una vez más, y como es habitual en el análisis económico, parto de las necesidades sentidas por los seres humanos. Desde este campo paso a considerar el proceso productivo al que lleva en muchos casos la satisfacción de las necesidades, es decir, a la demanda que antecede al consumo. Si los bienes que sirven para satisfacer las necesidades se encuentran cerca del sujeto, éste no tiene más que tomarlos y consumirlos. Si no son aptos para el consumo, el sujeto los somete a un proceso de transformación antes de consumirlos (producción). Como digo, en ciertos casos los bienes pueden estar a cierta distancia del sujeto que los necesita. En este caso se pueden dar dos situaciones: que los bienes sea transportables y que no lo sean, porque son inmuebles o porque la desutilidad o coste de su transporte supera la utilidad que reporta su consumo. En ambos casos estamos frente al obstáculo de la distancia, que ha de ser vencido o eliminado.
En el primer caso (bienes transportables) las sociedades humanas cuentan con la institución del comercio de importación – exportación, un instrumento mediante el cual el bien o servicio es puesto a disposición del sujeto que realiza la demanda porque siente la necesidad de consumirlo.
Si los bienes necesarios no son transportables por alguna razón, y aun así el sujeto insiste en satisfacer la necesidad que siente, entonces no tiene otra opción que ser él mismo quien se traslade desde el lugar donde se encuentra hasta el lugar donde están los bienes. Como ya dije en El turismo explicado con claridad, la institución competente en este caso es el turismo. Si el sujeto opta por satisfacer necesidades con estos bienes o servicios ha de echar mano de un bien o servicio, el turismo que, como el comercio import- export, también es de carácter instrumental o intermedio. La necesidad original suscita una nueva necesidad, la planificación de su salida y posterior regreso al punto de partida. Se trata de una actividad que, por exigir la asignación de recursos escasos, entre ellos trabajo, es una actividad de carácter productivo, puesta al servicio de la satisfacción de la necesidad, pero en este caso, de una necesidad derivada de la primera y original.
Recalco que la acción de un sujeto tendente a satisfacer la necesidad hace surgir en ciertas circunstancias una necesidad nueva para cuya satisfacción tendrá que disponer de un instrumento adecuado, un plan de desplazamiento en el territorio desde el lugar en el que se encuentra hasta el lugar donde se encuentran los medios necesarios para satisfacer la primera necesidad. La distancia entre el sujeto y los medios es un obstáculo que impide satisfacer ciertas necesidades, un obstáculo que ha de ser vencido o superado antes de proceder a satisfacerlas.
Obviamente, el sujeto tiene otra opción: trasladar su residencia al lugar en el que se encuentran los medios que la pueden satisfacer e instalarse en él abandonando el primero. Es lo que hacen los seres errantes o nómadas, pero, también, los que emigran, los que se mudan o cambian de lugar de residencia habitual. Los sujetos que eligen esta opción no usan la institución del turismo.
El esquema expuesto se puede enriquecer tanto como se quiera para adaptarlo a los infinitos matices de la realidad. Es evidente que los medios adecuados para satisfacer necesidades pueden encontrarse en diferentes lugares alternativos. Incluso puede ser una incógnita el lugar en el que se encuentran, lo que llevará a introducir sucesivas necesidades derivadas y acciones intermedias con el fin de determinar el lugar más indicado o más cercano para iniciar el proceso de búsqueda, con o sin información previa y eficaz.
En cualquier caso, se abren perspectivas preñadas de incidencias, que pueden ser conocidas o desconocidas en todo o en parte. La insistencia en satisfacer la necesidad, a pesar de los obstáculos, constituye un indicador harto expresivo de la profundidad con la que el sujeto la siente. Si la necesidad es biológica, el sujeto no cejará hasta satisfacerla ya que de ello depende su supervivencia, pues podría poner en peligro su vida. Si la necesidad sentida es social podrá posponer su satisfacción. Incluso podría desistir de satisfacerla. Pero no es descartable que, también en este caso, insista en satisfacerla, como si la necesidad sentida fuera de carácter biológico. Cuando se presenta este caso estamos en presencia de seres humanos.
En el caso de los seres humanos, hay que contemplar una gama tan amplia de necesidades como es posible, incluyendo desde las más estrictas obligaciones (naturales o instintivas y sociales o imperativas) hasta los más puros caprichos.
A medida que la acción principal: satisfacer la necesidad, lleva al sujeto a intercalar acciones instrumentales en cadena, está claro que se irá alejando de la espontaneidad inicial. Tendrá que realizar acciones de naturaleza singular, radicalmente distintas a las que realizan otras especies: organizar reflexivamente las acciones encaminadas a satisfacer la necesidad original.
Lo que acabo de decir restringe una vez más el estudio a la especie humana, prescindiendo de cualquier otra especie capaz de movilidad propia. Como es bien sabido, los humanos, que proceden por evolución de otras especies animales de cuya naturaleza participan, son seres sociales, históricos y culturales. Por ello, han de ser contemplados desde tanto perspectivas biológicas como culturales, cualquiera que sea el tipo de acción o comportamiento que interese estudiar.
La teoría económica enseña que el conjunto de acciones tanto directas como intermedias o auxiliares que los humanos, aisladamente o en sociedad, llevan a cabo para conseguir la satisfacción de las necesidades, sean éstas biológicas o culturales, recibe el nombre de producción, un término ciertamente polisémico en cualquier idioma pero que en economía ha llegado a ser suficientemente preciso. También enseña la teoría económica que la satisfacción de las necesidades recibe el nombre de consumo, o consumición, palabra que prefiero porque designa solo el consumo final también llamado “improductivo”, diferente del consumo intermedio, llamado “productivo”, el que se lleva a cabo en el seno de las actividades, extractivas o transformadoras, que aumentan la utilidad de los recursos disponibles.
El proceso de producción puede ser realizado por el mismo sujeto que siente la necesidad, en cuyo caso estamos en presencia de la autoproducción o, alternativamente, por otros sujetos, a lo que podemos llamar alteroproducción con o sin fines de lucro.
La aproximación física a los recursos con los que esperamos satisfacer una necesidad que no se puede satisfacer con los recursos disponibles in situ exige movilidad o desplazamiento en el territorio. Exige, como digo, vencer el obstáculo de la distancia. Si el desplazamiento del sujeto hasta el lugar donde se encuentran los recursos buscados (la ida) se sigue de otro, el desplazamiento al punto de partida (la vuelta), hay un tiempo limitado de ausencia del lugar en el que el sujeto reside habitualmente y que equivale al tiempo de estancia pasajera en uno o en varios lugares intermedios. El desplazamiento de ida y vuelta, la ausencia temporal y la estancia pasajera son tres caras de la misma realidad.
Como resumen de todo lo dicho, formularé a continuación el esquema técnico de desplazamiento circular. Un ETDC consta de los siguientes elementos:
1. La necesidad o necesidades a satisfacer por el sujeto (propósito o motivación del desplazamiento circular)
2. El lugar donde se encuentra el sujeto que siente la necesidad (la residencia habitual) y decide desplazarse al lugar o lugares en los que se localizan los recursos adecuados para satisfacerla (territorio del desplazamiento o itinerario)
3. Periodo de tiempo de ausencia del lugar de residencia habitual del sujeto o diferencia entre la fecha prevista del regreso y la fecha de salida. (cálculo de la dimensión temporal del desplazamiento circular)
4. Los medios o recursos con los que el sujeto espera satisfacer la necesidad o necesidades que le impulsan a desplazarse. Estas necesidades son las que llamaremos originales por ser las que impulsan al desplazamiento circular. Sin ellas no se concibe el desplazamiento
5. Los medios o recursos instrumentales, complementarios o auxiliares de los que se sirve el sujeto. Entre ellos distinguimos:
• Caminos, vías e instalaciones auxiliares (puentes, terminales)
• servicios de transporte artificiales (tracción animal o mecánica)
• servicios de comunicación y mensajería
• servicios de alojamiento
• servicios de alimentación
• medios de orientación portables (mapas y guías)
• medios de orientación fijos (señalización)
• servicios de información (oral o escrita)
• servicios de guía personal
• servicios de protección
• otros servicios (sanitarios, bancos, comercio en general, etc.)
Los medios citados en el punto 5 forman parte de lo que se denominan viáticos, avituallamiento, intendencia o logística, un conjunto de recursos o, en su caso, de medios de pago, que ha de portar, o en su caso adquirir, el sujeto para satisfacer las necesidades, previstas o imprevistas, derivadas de la necesidad original y que pueden presentarse si para ello ha de vencer la distancia. Al conjunto de los medios, recursos o servicios mercantiles citados en el punto 5 es a lo que denomino facilitación, elementos o servicios facilitadores. El estudio de su aparición y evolución en el tiempo es el objeto de este libro.
Antes de desarrollar el tema central del libro considero de interés hablar del marco espacial e institucional en el que han vivido y siguen viviendo los seres vivos que tuvieron que planificar y ejecutar planes de desplazamiento circular para satisfacer ciertas necesidades, los seres humanos, la especie animal que apareció hace unos dos millones de años en el continente africano. Así lo atestigua el hallazgo del cráneo bautizado como niño de Taung en el yacimiento de Sterkfontein, cerca de Johanesburgo, en 1924. Desde África se expandió la nueva especie por toda la tierra. Según la revista Journal of Antropological Archaeology (junio, 1999), el primer gran éxodo de los humanos tuvo su origen no por cambios climáticos, como se creía hasta ahora, sino por la huida que tuvieron que emprender los grupos más débiles para defenderse del peligro de ser exterminados por los poseedores de armas de guerra más eficaces, como el hacha biface.
Una de las zonas más pobladas de la Tierra al final de las glaciaciones fue Afrasia, denominación que da el historiador y antropólogo australiano Vere Gordon Childe a la franja de tierra comprendida entre el Atlántico al oeste, el valle del Indo al este y los paralelos 25 y 35 de latitud norte (Man Makes Himself, Racionalist Press, Londres, 1936. Versión española en Fondo de Cultura Económica, Los Orígenes de la Civilización, México, 1954) Este territorio es el escenario en el que tuvieron lugar los primeros desplazamientos de los seres humanos. Fue en las regiones de Afrasia donde hace treinta o cuarenta milenios surgieron las primeras culturas sedentarias, los pueblos que abandonaron las estepas, donde se alimentaban cazando en épocas de abundancia, para terminar instalándose en los valles de los ríos y en los oasis para alimentarse ahora por medio de la agricultura y la domesticación de animales. Hasta el 12 de octubre de 1492, con el Descubrimiento de América, auspiciado y financiado por la Corona de Castilla, no tuvo lugar la primera ampliación verdaderamente significativa de este espacio, el más intensamente estudiado por los historiadores. Séneca profetizó esta ampliación del espacio varios siglos antes de que tuviera lugar con estas inspiradas palabras:
Vendrán en los tardos años del mundo ciertos tiempos en los cuales el mar océano aflojará los atamientos de las cosas y se abrirá una grande tierra, y un nuevo marinero como aquel que fue guía de Jason y que hubo de nombre Tiphys descubrirá un nuevo mundo y ya no será la isla de Thule la postrera de las tierras.
Con tan singular e inesperado hallazgo, la tierra dejó de percibirse como un plano, algo que ya se sabía, y empezó a vivirse como un cilindro. A raíz de esta ampliación espacial se pusieron las bases para que las diferentes culturas de la Tierra se relacionaran entre sí cada vez más intensamente.
Hubo que esperar a principios del siglo XX para que tuviera lugar la siguiente ampliación del espacio hegemónico de la humanidad. El 6 de abril de 1909, el norteamericano Pearcy llegó al Polo Norte. Poco después, el 14 de diciembre de 1911, el noruego Amudsen alcanzó el Polo Sur. Desde entonces, la Tierra dejó de ser percibida (vivida) como un cilindro para ser percibida como un globo, el globo terráqueo.
La tercera ampliación verdaderamente significativa del espacio tardó aun menos en producirse. En 1957, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas lanzó al espacio el primer satélite artificial de la Tierra, el Sputnik I. En 1961, el Vostok I, un satélite artificial también soviético, con el astronauta Yuri Gagarín a bordo, inició el proceso de conquista del espacio extraterrestre, el Cosmos. En 1962, la sonda espacial Mariner II consigue aproximarse al planeta Venus. En 1969 el astronauta norteamericano Edwin M. Aldrin realiza el primer paseo de un ser humano por la superficie de la Luna, a la que llega como tripulante de la nave espacial Apolo XI. En 1974, el Mariner X envía imágenes del planeta Mercurio. En 1976, el Viking I se posa en el planeta Marte. En 1979, el Pioneer XI visita el planeta Saturno. En 1984, el norteamericano Bruce McCandless consigue flotar sin ataduras en el Cosmos a lo largo del trasbordador espacial Challenger.
A pesar de numerosos intentos fallidos y de la pérdida de vidas humanas, no cabe la menor duda de que los avances en lo que llamamos conquista del Cosmos continuarán en el futuro y lograrán poner a disposición de la humanidad nuevos espacios para la planificación y realización de desplazamientos de ida y vuelta.
Si hago referencia al espacio y a sus sucesivas ampliaciones es porque estoy convencido de que, insisto, lo que llamamos progreso, desarrollo, civilización o avance se viene materializando en cotas cada vez más altas de consumo de espacio por parte de la humanidad, un hecho que adquiere una especialísima significación desde el punto de vista de la producción y el consumo de desplazamientos circulares y de los factores que los hacen posible. Mucho se viene discutiendo sobre los orígenes de la llamada “globalización”, como si se tratara de algo reciente. La que fue Comisaria europea, la italiana Emma Bonino recordó en su intervención en los cursos de verano de 2001 organizados por la Universidad Carlos III, en la ciudad de Getafe (Madrid) que cada época ha tenido una globalización adecuada a su nivel tecnológico. Lo que pasa es que en las últimas décadas el progreso tecnológico ha sido tan extraordinario que la globalización es un fenómeno más espectacular; todo pasa mucho más deprisa. La globalización es algo irreversible. Irreversible y milenario. Hoy la humanidad dispone ya de los rudimentos técnicos necesarios para desbordar el planeta Tierra y conquistar el espacio cósmico. Se trata de la extrapolación fáctica de la tendencia que surgió hace al menos cinco milenios.
No puedo entrar aquí en detalles de lo que se refiere al marco institucional, entre otras razones porque para eso están las obras especializadas en historia general y de las civilizaciones. Sin embargo, espero que se admita la conveniencia de ofrecer una exposición resumida de lo ya sabido.
A los efectos que me interesan, destacaré que el desarrollo de la humanidad se traduce, como digo, en un creciente consumo de espacio porque aumentan aquellas necesidades para cuya satisfacción el hombre se ve impelido a planificar y realizar desplazamientos circulares.
El modelo de las sociedades paleolíticas sigue en cierta forma presente en las culturas pastoriles. Tanto unas como otras son endógamas, están colectivizadas y sufren situaciones frecuentes de falta de abastecimiento. Debieron contar muy pronto con instituciones sociales entre las que destacaré la división de tareas y funciones según el sexo. Como dice Thorstein Veblen, la práctica de la caza exige un empleo frecuente de las cualidades de robustez, agilidad y ferocidad. La lucha y la caza vienen a constituir el oficio de los hombres físicamente aptos. Las mujeres se encargaban de hacer el resto del trabajo que había que realizar para la supervivencia – los demás miembros del grupo que no son aptos para llevar el trabajo propio de los hombres eran clasificados a este propósito comp mujeres (Thorstein Veblen, Teoría de la clase ociosa, F.C.E. México, 1971, pp. 22 y 23). Páginas antes, Veblen apunta a que las actividades del grupo social primitivo tendieron a dividirse en dos clases, que en términos modernos pueden denominarse hazaña e industria. La industria es el esfuerzo encaminado a crear cosas nuevas, con una finalidad nueva que le es dada por la mano moldeadora de quien la hace empleando material pasivo o bruto, mientras que la hazaña, en cuanto produce un resultado útil para el agente, es la conversión hacia sus propios fines de energías anteriormente encaminadas por otro agente a algún otro fin. La distinción entre hazaña y tráfago coincide con la diferencia de sexo. La serie de actividades que en términos generales caen bajo la denominación de hazaña corresponde al varón como más fuerte y robusto
Las sociedades neolíticas agrícolas, exógamas, con propiedad privada de los medios de producción y mejor abastecidas que las paleolíticas, añadieron pronto a la división de tareas por sexos una nueva especialización del trabajo, la que se basa en la estirpe. La división de actividades en función de la estirpe fue también adoptada por los pueblos ganaderos de las estepas. Los jefes, señores o nobles, una minoría llamada por Veblen clase ociosa, quedaron liberados de tareas industriales (negociosas) y, en su lugar, se reservaron con carácter exclusivo el ejercicio del gobierno, el uso de las armas y el arte de la guerra, los juegos de adiestramiento, el sacerdocio, la magia, el deporte de la caza, la participación en actos solemnes, la diplomacia, las expediciones de reconocimiento o por motivos diversos al extranjero, la adquisición de conocimientos y el magisterio para la transmisión del conocimiento acumulado a los jóvenes nobles. Estas quedaron encomendadas a la clase ociosa. Los nobles estaban tan rígidamente obligados a ganar honores por medio de las hazañas como los siervos de la gleba a producir bienes y servicios por medio de las actividades industriales. La separación entre ambos tipos de obligaciones era extremadamente rígida de acuerdo con sus respectivos estatutos. El escritor inglés sir Thomas Malora narra en La muerte de Arturo (Libro II, cap. 3) esta significativa historia:
El rey Arturo acababa de celebrar sus nupcias con Ginebra. Co este motivo, prometió otorgar un don a quien se lo pidiese. Un hombre pobre que era vaquero y tenía trece hijos se dirigió al rey para contarle que todos sus hijos hacían el trabajo que él les encargaba menos uno, el cual prefería arrojar dardos, le gustaba ver batallas y caballeros y deseaba que el rey lo invistiera caballero. El rey accedió a su deseo y le preguntó a Merlín si el muchacho sería un buen caballero. Merlín le contestó que sí, que lo sería porque el vaquero no era su padre ni tenía parentesco alguno con él, que du verdadero padre era el rey Pellinor.
La ficción refleja bien hasta qué punto estaban rígidamente divididas las tareas sociales por clases en la época feudal, tanto que llegó a pensarse que tenían bases biológicas.
La mayoría, formada por vasallos o servidores de los señores, quedó encargada de las actividades ordinarias, las que sirven para proveer a todo el colectivo de los medios aptos para satisfacer las necesidades vitales (alimentación, vivienda y vestido), las llamadas por Veblen actividades industriales.
Al tratar de esta cuestión es obligado recurrir a las aportaciones del citado economista norteamericano, padre de la escuela institucionalista. Veblen se refiere en la obra antes citada a la clase ociosa, presente en los estadios superiores de la cultura bárbara. Y afirma que la característica de significación económica más saliente que hay en esas diferencias de clases es la distinción mantenida entre las tareas propias de cada una de las clases. Las clases altas están consuetudinariamente exentas o excluidas de las ocupaciones industriales y se reservan para determinadas tareas a las que se adscribe un cierto grado de honor. La más importante de las tareas honorables en una comunidad feudal es la guerra; el sacerdocio ocupa, por lo general el segundo lugar. La regla es que los miembros de las clases superiores están exentos de tareas industriales y que esa exención sea expresión económica de su superioridad de rango. La clase ociosa comprende las clases guerrera y sacerdotal, junto con gran parte de sus séquitos. Las ocupaciones de esas clases están diversificadas con arreglo a las subdivisiones en que se fracciona, pero todas tienen la característica común de no ser industriales. Esas ocupaciones no industriales de las clases altas pueden ser comprendidas, en términos generales, bajo los epígrafes de gobierno, guerra, prácticas religiosas y deportes (T. Veblen, ob. cit. pp 10 y 11)
La división de tareas por clases debió aparecer cuando las sociedades lograron resolver, aunque sólo fuera parcialmente, el problema de abastecimiento de víveres y pudieron considerarse ricas por disponer de excedentes o sobrantes después de haber atendido a la satisfacción de las necesidades primarias o vitales. La vida de los señores, liberados como hemos dicho de las tareas ordinarias, mecánicas, se caracterizaba por la consumición, la ostentación y el lujo, consustancial a las funciones representativas y simbólicas que les estaban reservadas. Algunos pensadores, entre los que debemos citar de nuevo a Veblen, caracterizan a las clases altas en función del ocio, o, lo que es lo mismo, de la dedicación a tareas o trabajos no directamente productivos. Los demás, los vasallos, se ocupaban de los negocios o industrias, es decir, del trabajo directamente productivo.
Herodoto recoge en Historia que la sociedad del antiguo Egipto se dividía en siete clases, de las cuales, una se llama la de los sacerdotes, otra la de los guerreros, otra la de boyeros, otra la de porquerizos, otra la de mercaderes, otra la de intérpretes y otra la de pilotos. Todas estas son las clases de los egipcios y toman nombre de sus oficios (...) ninguno de ellos (se refiere a los guerreros hermotibies) ha aprendido oficio alguno sino que se dedican a las armas. (...) Tampoco les está permitido a éstos (se refiere a los guerreros calasiries) ejercer ningún oficio, y ejercen solamente los de la guerra, de padres a hijos. (...) casi todos los bárbaros tienen en menor estima entre sus ciudadanos a los que aprenden algún oficio y a sus hijos; y tienen por nobles a los que desechan los trabajos manuales, y mayormente a los que se dedican a la guerra”. (Herodoto, Historia, Libro II, cap. 164 - 167).
Herodoto añade en el cap. 168 del libro citado que los sacerdotes tenían los mismos privilegios económicos que los guerreros (doce aruras de tierra libres de impuestos). Los guerreros que estaban de guardia tenían además otras prerrogativas: cinco minas de pan cocido, dos minas de carne de vaca y cuatro jarras de vino.
La división de tareas por clases sociales, sobrepuesta a la división por sexos, juega, en nuestra opinión, un papel de extraordinario significado para la historia de la humanidad en general y de los desplazamientos circulares en particular así como para su correcta conceptualización. Las actividades de los nobles eran prestigiantes en tanto que, por contraste, las de los vasallos eran humillantes o, al menos, no conferidoras de prestigio social. En ambos casos, unas tareas más que otras, claro, y de ello tenemos todavía hoy muestras muy expresivas.
Pero, insisto, tanto unas tareas como otras eran impuestas a la clase correspondiente de un modo muy rígido. Su cumplimiento era siempre considerado como un deber social ineludible. Ambas tareas eran igualmente necesarias para la sociedad, que no se concebía sin garantizar su realización. Sin las actividades productivas, industriales o de negocio (de no – ocio), tareas “mecánicas” son llamadas todavía hoy en los cuarteles, no existe supervivencia física. Sin actividades improductivas o de ocio no existe gobierno de la res pública.
La obtención de cosas por medios distintos a la captura viene a ser considerada como indigna de un hombre en su mejor condición, recuerda Veblen (1899, ob. cit. p. 26). La clase de los señores ha acaparado siempre una parte del producto social mayor que los vasallos. Como la clase ociosa es siempre menos numerosos que la negociosa también era incomparablemente más rica.
Los efectos de la combinación entre estatus y riqueza en la clase de los señores se evidencian no solo en las tareas encomendadas, (las actividades propias de la clase ociosa no son otras, como ya se ha dicho, que las propias de una vida de hazañas) sino, también en un consumo ostentoso, el cual se manifiesta, entre otras cosas, en la posesión de servidores personales ocupados en servir a la persona del amo y en producir bienes para él, dicho con palabras de Veblen (ob. cit. p. 62).
Por tanto, entre los muchos productos consumidos por los señores hay que destacar los variados servicios personales prestados por vasallos selectos. Estos adquirían derechos hereditarios sobre el puesto de trabajo, al igual que los señores. Los servidores de los señores compartían el carácter de éstos y estaban presentes en su vida diaria hasta el punto de que llegaron a participar de su dignidad.
De este modo surge, pues, una clase ociosa subsidiaria o derivada, cuya tarea es la práctica de un ocio vicario para mantener la reputación de la clase ociosa primaria o auténtica, (aunque) la ociosidad del criado no es su propia ociosidad. (Veblen, ob. cit. p. 67)
Lo dicho hasta ahora puede explicar por qué los servicios fueron considerados, desde antiguo, como trabajo improductivo. Porque formaron parte del consumo ostentoso. Todavía hoy se consideran así por la escuela marxista ortodoxa de economía, heredera del pensamiento de los clásicos, y no incluye a los servicios entre las actividades productivas. Los servidores más cercanos a los señores contaban, a su vez, con servidores, para los que ellos cumplían, igualmente, la función de señores. Se estableció así, en el pasado, tanto remoto como relativamente próximo, un ordenamiento piramidal de la sociedad en el que los niveles sociales más altos irradiaban nobleza y dignidad a los más bajos, lo que dotaba al sistema de una gran solidez. En sentido inverso, es decir, de los vasallos a los nobles, fluían los bienes materiales.
Durante la prolongada vigencia de la forma de producción feudal, la acumulación de honores y dignidades era la tarea prioritaria de los señores, tarea en la que estaban interesados también, indirectamente, los mismos servidores, desde el primero hasta el último. La sociedad feudal, afirma Jacques Verger (Ver: La Alta Edad Media. Edaf. Madrid, 1985), estaba organizada en función de las necesidades de la guerra y la defensa. Se dividía entres clases muy marcadas: los guerreros, los clérigos y los campesinos. En palabras del citado historiador francés, los que aran, los que luchan y los que oran. He aquí la estructura social de clases durante el Antiguo Régimen. Los labradores acuden en socorro de su señor con víveres y bastimentos; los caballeros, con las armas y los clérigos con el culto a la divinidad. Por ello, aunque el pensamiento burgués y su heredero, el socialista, no vean en las instituciones feudales más que un sistema de explotación de unas clases por otras, tal visión no deja de ser reduccionista y científicamente incorrecta. Un señor prestigioso irradiaba el prestigio que había logrado mantener o incluso acrecentar a todos los miembros del colectivo gracias a sus hazañas caballerescas. De esta manera, se integraba en el modelo social e integraba a los vasallos. La explotación de una clase por otra era evidente, pero la solidez del modelo lleva a pensar que la explotación social, en sí misma, no basta para caracterizarlo. Y menos para entenderlo o condenarlo. Los vasallos aceptaban sus funciones como los nobles las suyas, con la profunda convicción de que formaban parte de un todo armónico e indesmontable.
La división de tareas y funciones a la que me acabo de referir generó, sin duda, la aparición de nuevas necesidades de desplazamientos y el desarrollo progresivo de las antiguas. Me refiero a los cultos religiosos, a las tareas de gobierno, a las relaciones protocolarias con otras colectividades (diplomacia), a los fastos, solemnidades, homenajes y conmemoraciones en honor de los héroes, y a las fiestas y espectáculos orientados a la plebe, considerados éstos últimos por algunos estudiosos como medidas complementarias para el mantenimiento del orden y la paz social.
El desmontaje del modelo feudal se inició en Europa en el siglo XVI con la progresiva sustitución de muchos altos servidores reales procedentes de la nobleza por funcionarios de capas sociales modestas pero bien capacitados (Josephine Bregazi, en su reciente obra Shakespeare y el teatro renacentista inglés (Alianza, Madrid, 1999), al tratar de las causas que influyeron en el cambio que experimentó la sociedad inglesa de fines del siglo XVI, afirma que como punto de partida, podemos señalar la gradual erosión de la antigua estructura de clases sociales, que hasta finales del siglo XV se había basado en un sistema prácticamente feudal. A lo largo del siglo XVI, fue surgiendo la nueva y próspera clase mercantil, cuyos miembros en un principio se habían enriquecido con el comercio de importación de de materias primas y la exportación de telas confeccionadas por la próspera industria textil (ob. cit. p. 12) Bregazi se basa en Nigel Heard, 1995, Stuart Economy and Society, Hunwuin Hyman, The Bourgeoisie y en Henry Kamen, 1984, European Society 1500 – 1770) y se profundizó con el triunfo de los valores de la Revolución Francesa, en lo político, y de la revolución productivista o industrial, en lo económico. Pero fueron los cambios que provocó la primera Gran Guerra los que llevaron a su irreversible consolidación. Como afirma A. J. Norval en su obra The Tourist Industry, Londres, 1936 p. 45, política, social y económicamente, el mundo en el que hoy vivimos está separado por un abismo del que había en 1914. Los sistemas políticos han cambiado; las barreras sociales no pueden mantenerse debido a la intensidad de los cambios; incluso el sistema económico está experimentando cambios muy drásticos.
Lo que no quiere decir que no queden hoy reminiscencias apreciables del modelo antiguo. Todavía en nuestros días hay diferencias sociales entre un rentista y un asalariado, sin descartar las apreciables diferencias de nivel de vida que pueden existir dentro de cada una de esas dos categorías sociales según nos situemos en el medio urbano o en el rural. Diferencias que influyen en todo lo relacionado con la satisfacción de las necesidades que generan desplazamientos y en todo aquello que tiene que ver con ellos. Además, con el surgimiento durante el último cuarto del siglo XX del fenómeno del paro masivo, ha aparecido en escena una nueva diferenciación, la que se establece entre los trabajadores que tienen ingresos por estar empleados, y los que no los tienen por estar desempleados. Dentro de esta segunda categoría existen también diferencias entre quienes, por ejemplo, perciben subsidio de paro y quienes no lo perciben.
Queda delineado así el doble marco territorial e institucional (como un sistema de coordenadas) sometido a continua transformación, en el seno del cual se encuentran los humanes y desarrollan numerosas funciones, entre ellas la elaboración y realización de desplazamientos de todo tipo. Aquí me intereso solo por los circulares, redondos o de ida y vuelta.