ECONOMÍA CRÍTICA: TEORÍA Y PRÁCTICA

 

En un sentido etimológico, crítica no significa otra cosa que criba, separación, análisis, por lo que no es difícil entender que, desde un punto de vista tan amplio, no sólo la Economía, sino cualquier otra disciplina profesional que tenga propósitos simplemente analíticos tiene que mostrar necesariamente esa dimensión crítica. En un sentido más estricto, lo crítico es lo alternativo o lo heterodoxo, y en ambos casos los sinónimos citados nos informan de que en lo crítico siempre hay una presencia de lo otro, del alter que presenta una posición diferente, o bien que manifiesta una opinión que es otra, hetera, herética, heterodoxa. Si se recuerda que heterodoxia y herejía tienen una raíz etimológica común, no puede sorprender que los economistas heterodoxos a veces sintamos (aunque a menudo la exageremos) la amenaza de la hoguera, pues no en vano un premio Nobel y economista tan prestigioso como fue el recientemente fallecido Wassily Leontief nos dejó escrita una denuncia feroz de lo “militar” que puede llegar a ser, en ciertos casos, la disciplina de los departamentos universitarios.

Decía Leontief en una famosa carta a la revista Science (de julio de 1982), refiriéndose a sus colegas economistas: “¿Cuándo dejarán los investigadores (...) de preocuparse por el estado de equilibrios estables y estacionarios y el espléndido aislamiento en que se encuentra ahora la economía académica? Esta situación se mantendrá probablemente mientras los miembros permanentes de los departamentos importantes de Economía continúen ejerciendo un estrecho control de la formación, la promoción y las actividades de investigación de sus compañeros más jóvenes (...) Los métodos usados para mantener la disciplina intelectual en los departamentos de Economía más influyentes de este país pueden recordar en ocasiones los que emplean los marines para mantener la disciplina en la isla de Parris”. Como estos métodos de los marines son peores que los de la Inquisición, no puede dejar de haber motivos de inquietud para quienes, criticando estos métodos, no comparten la sólida posición académica de un Lester Thurow, quien, sin embargo, es suficientemente lúcido como para mostrar que la Academia no tiene hoy inconveniente en ir más allá (en el terreno de la Economía ortodoxa) de adonde llegó la Iglesia en época de Galileo (en el ámbito de la filosofía aristotélica), al señalar que “la aceptación del modelo convencional de la Economía, el de la oferta y la demanda, equivale a creer que la tierra es plana o que el sol gira alrededor de ella”.

Más que lamentarnos y sentirnos paranoicamente perseguidos, los economistas críticos deberíamos ponernos a la obra de construir sin dilaciones el sistema galileano de la Economía que tanta falta le hace a nuestro mundo moderno. Desde luego, sería una ilusión pretender que un edificio así se puede levantar en dos días, pero tampoco parece justo que nuestros colegas de profesión olviden que los economistas críticos nos venimos reuniendo en España desde 1987 para denunciar el mismo estado de cosas que critican Leontief, Thurow y otros, que tiene, además, el inconveniente de autorreproducirse con suma facilidad. Esto lo demuestra la valiosa reflexión, desde el punto de vista de la sociología de la ciencia, que nos ofrece la gran Joan Robinson, al hablarnos del estudiante pasador de exámenes. La economista británica nos explicó cómo se acomoda poco a poco ese estudiante hasta dejar de ser crítico, o hasta convertirse en un ineficaz hipercrítico, y se ve impulsado a ello en realidad por todo el sistema, pero en especial por los profesores que lo acostumbran a autoconsiderarse tonto si se preocupa en exceso por problemas relevantes para entender el mundo real (en vez de por cuestiones exclusivamente formales). Finalmente, una vez convertido el alumno en examinador, no hace sino reproducir el mismo sistema, al repetir (ahora desde su nueva posición) los mismos esquemas que le inculcaron a él.

Los economistas críticos españoles acabamos de celebrar (del 3 al 5 de febrero) en Albacete las VII Jornadas de Economía Crítica, con una muy nutrida asistencia (a pesar de estar en pleno periodo de exámenes, lo que dificultó la asistencias de algunos profesores y de bastantes alumnos) de 250 participantes, entre compañeros y estudiantes. Estas Jornadas tomaron el relevo de las ya celebradas en Madrid (1987), Bilbao (1990), Barcelona (1992), Valencia (1994), Santiago (1996) y Málaga (1998), y concluyeron con la propuesta de los compañeros de Valladolid para organizar las Jornadas de 2002. No puede sorprender que la prensa más académica y oficial hiciera acto de ausencia en nuestra reunión; pero debemos reconocer que parte de la culpa es nuestra, ya que, al dar por descontado que aquélla no se va interesar, perdemos una oportunidad que siempre se puede y debe intentar. Por tanto, la información potencial que allí se generó, al no convertirse de facto en información publicada, no alcanzó en esos días el estatus de auténtica información. Sin embargo, el público lector de los buenos periódicos debería saber que lo que se debatió en estas Jornadas fue un buen conjunto de cuestiones excepcionalmente relevantes para nuestro futuro como país, como sociedad y como parte de este mundo nuestro tan envejecido.

Entre otras cosas, los dos temas centrales de la VII JEC, discutidos en Plenario, fueron “La fragilidad financiera del capitalismo” y “Crecimiento, equidad y sostenibilidad: cómo cerrar el triángulo”. Estos temas, que también estuvieron presentes en el Primer Seminario Internacional Complutense sobre Nuevas Direcciones en el Pensamiento Económico Crítico (celebrado también con mucho éxito en mayo de 1999, en Somosaguas), son de una relevancia y actualidad inobjetables, como lo demuestran los continuos pronunciamientos de alarma que, desde Soros a Davos, pasando por las polémicas del AMI, la OMC o Seattle, se deslizan por entre las jabonosas burbujas de Wall Street, que a todas luces --teniendo en cuenta la inquietante situación de los mercados de petróleo y (gran novedad) de oro, o la aparente incapacidad japonesa para salir de su depresión, o el (para algunos) alarmante rebrote de la inestabilidad política en un número cada vez mayor de países (desde Alemania y Austria a Venezuela, Ecuador o México, pasando por Indonesia, etc.)-- parecen reflejar el brillo glamouroso de una gran pompa a punto de estallar.

Una de las iniciativas más novedosas de estas VII Jornadas españolas ha sido la creación de una red, en la que se han mostrado muy interesados los compañeros que han acudido en representación de más de 30 universidades, e incluso colegas de la enseñanza media y la formación profesional --cada vez más implicados en la enseñanza de la Economía--; red destinada a reforzar la colaboración y el apoyo mutuo de todos los que hemos tenido ya iniciativas de docencia de Economía crítica y/o de didáctica crítica de la Economía (seminarios mixtos universidad/exterior, asignaturas de libre configuración atentas a las nuevas demandas de los numerosos estudiantes que empiezan a interesarse por retomar el impulso crítico que se merece una situación económica tan lamentable, por debajo de algunas apariencias, como la actual, etc.).

Otra de las novedades que vamos consolidando es la creciente dimensión internacional de nuestras Jornadas. Nuestros amigos mexicanos, que han estado en varias JEC, han reproducido el modelo español en México, que, a su vez, ha sido imitado ya en Argentina y tiene movimientos paralelos y muy importantes en Brasil. Por otra parte, la presencia en las JEC de importantes economistas críticos de otros países de Europa, y también de Estados Unidos, en representación de diversas asociaciones y organizaciones con objetivos similares a los nuestros, ofrece una posibilidad de desarrollar aun más la reflexión sobre el futuro inmediato de la enseñanza de una Economía realista y relevante para entender (no para ocultar) cómo funciona esta economía capitalista. Así, los Economistas Europeos por una Política Económica Alternativa, la Asociación Europea de Economía Política Evolucionista, el Grupo Internacional de Trabajo sobre Teoría del Valor (IWGVT), la propia URPE (Union for Radical Political Economics) de los Estados Unidos, o el colectivo internacional ligado al lanzamiento de la revista Crítica Iberoamericana, son sólo algunos ejemplos de los grupos con los que estamos cada vez más en contacto.

Que el momento actual se encarga por sí solo, y de forma objetiva, de reforzar estos impulsos de unión lo demuestran dos últimos ejemplos. En primer lugar, los economistas críticos del Reino Unido han decidido convocar “la Otra Conferencia” (simultánea pero paralela al tradicional meeting de la Royal Economic Society) en Londres (del 27 al 28 de junio de 2000, en el Open University Conference Centre), para lo que se han constituido ya en la Association for Heterodox Economics (los interesados pueden contactar a los doctores Fred Lee y Andrew Trigg: flee@dmu.ac.uk y A.B.Trigg@open.ac.uk). La razón es que, a diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos --donde la URPE, el IWGVT y otros se reúnen por separado, pero acogidos todos al paraguas organizativo unitario de alguna asociación “regional” y plural de economistas[50]--, los británicos “ortodoxos” se toman con tan poco humor la “realeza” de su reunión y de su “Real Sociedad” que juzgan de poco rango (a pesar de la tradición en contra de su morganática Monarquía) convivir bajo un mismo techo con la plebe de los heterodoxos.

No es casual que, justo tres días después (1-2 julio) comience también en Londres la Conference of Socialist Economists (en la University of London Union), dedicada esta vez al tema “Capital global y luchas globales: estrategias, alianzas, alternativas” (más información en M.DeAngelis@uel.ac.uk). ¿Alguien se puede extrañar de que, siendo Londres (todavía) el centro financiero del capital mundializado, sea también el centro de los economistas críticos con la mundialización? ¿A alguien le parecerá raro que el contacto entre los economistas críticos españoles y extranjeros se haga cada vez más estrecho, y pase cada vez más por Londres y Nueva York? Con mucho gusto, ampliaremos esta información (diego.guerrero@cps.ucm.es) a quienes también en España --y eso nos consta sin ninguna duda-- quieren echar a andar en esta dirección, pero se encuentran desnortados y cegados por el sol del capitalismo globalizador. Por ello, es de agradecer la colaboración de un periódico que, como se puede comprobar, también nos da cabida a los economistas críticos españoles y a nuestras Jornadas, unas JEC cuyo desarrollo todos estuvimos de acuerdo en multiplicar y que encuentran ahora una buena oportunidad para dar el salto cualitativo que necesitamos.