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El pensamiento no liberal
(continuación...)
En este último capítulo de la segunda parte
de este libro, ninguno de los artículos incluidos ha sido publicado, aunque
algunos sí fueron enviados para su publicación. La temática de estos seis
artículos es bastante diversa, pero me voy a limitar a comentar en este caso un
par de aspectos relacionados, no con el contenido de los mismos, sino con algo
que casi podríamos considerar incluido en “la sociología del conocimiento”. Si
lo que viene a continuación no es, como intenta ser, una contribución a dicha
rama de la sociología, al menos el lector le podrá encontrar otras utilidades,
ya que está relacionado, por una parte, con el comportamiento de la oferta y la
demanda en el “mercado” (gratuito) de las colaboraciones normales para el
periódico El País, y, por otra parte, con la relación entre dueños y
empleados en el interior de la empresa que lo edita. En ambos casos, es posible
que del caso particular podamos extraer, por inducción, ciertas conclusiones de
tipo general.
Empezando por lo segundo, diré que el
director de Opinión de este periódico liberal, Joaquín Estefanía, me envió el
siguiente email –las interpretaciones quedan al juicio del lector— cuando, tras
mandarle yo la segunda nota sobre Albarracín que aparece en el capítulo anterior
(la que luego se publicó en el mensual Realidad), me pareció, tras
hablarlo con algunos amigos, que no era apropiada:
<<Querido Diego: te envié un correo que no sé si te habrá llegado, porque no me contestas. En él te decía que me parece bien que retires la necrológica sobre Jesús Albarracín si no te ha parecido adecuada, pero que deberías escribir otra alternativa. Sería lamentable que no apareciese nada sobre Jesús en este periódico, y yo no me atrevo a publicar nada de él. Un abrazo.
Joaquín Estefanía. Dime algo (email de 6-3-01,
itálicas, añadidas)>>
A diferencia de Xavier Sala i
Martín, que es colaborador habitual en varios medios de comunicación, yo sólo he
sido un colaborador esporádico. En particular, en el caso de El País,
sólo he publicado cuatro veces, aunque he mandado bastantes más artículos, que
no han sido publicados. Yo no creo en la teoría de la conspiración –en la que,
sin embargo, parecen creer algunos, como algún compañero de mi Facultad, al que
luego me referiré--, sino que, al menos en mi caso, me parece que lo más
razonable es suponer que, sencillamente, mando (o mejor, mandaba, porque hace
tiempo que dejé de hacerlo) demasiados artículos, teniendo en cuenta la limitada
capacidad de absorción de ideología no liberal por parte de un periódico
liberal. Esto me lo confirma el hecho de haber recibido tres notas manuscritas
acompañando a las rituales tarjetas –redactadas y firmadas de antemano-- en las
que se comunica de manera estandarizada la imposibilidad de publicar el artículo
enviado: “Muy señor mío: Lamento comunicarle que, pese al evidente interés de su
artículo, el Consejo de Lectura del diario ha desestimado su publicación debido
a razones de espacio y oportunidad. Confío poder atenderle mejor en otro
momento. Un cordial saludo, [firma impresa]”.
En la primera de ellas, el
citado director de Opinión me escribía a bolígrafo: “Querido Diego: esta vez no
podré publicar tu texto porque estoy “hiperinflacionado de colaboraciones”. Un
saludo, JE”. En otra ocasión: “Querido amigo: el periódico no tiene capacidad
para publicar de un modo tan frecuente las opiniones del mismo autor. Por ello
te devolví el de nacionalismo y este mismo. Un cordial saludo, JE”. Y el día 5
de septiembre de 2001, llegaba una carta más extensa (firmada a bolígrafo por
Estefanía), con una nota también a bolígrafo. La carta decía: “Querido amigo: A
pesar del interés que hemos tenido en publicar su artículo (y por ello fue
seleccionado en su día por el Comité de Lectura de EL PAÍS), los problemas de
espacio o la agobiante actualidad han hecho que desgraciadamente no haya podido
ser. Dado que, de forma permanente, tenemos que actualizar las colaboraciones de
Opinión, le devuelvo su texto, lamentando el tiempo que le hemos hecho perder.
Espero que comprenda la naturaleza vertiginosa de un diario como EL PAÍS que, a
veces, no tiene más remedio que prescindir de algunas colaboraciones por muy
interesantes que sean, a pesar de la voluntad de los que lo hacemos. Esperando
poder atenderle mejor en otra ocasión, reciba un afectuoso saludo. Joaquín
Estefanía”.
A esto se unía la siguiente nota
manuscrita: “Querido Diego: tu producción es muy vasta como para que pueda
asimilarla toda. Un abrazo, JE”.
En cuanto a la hipótesis “conspirativa” a la que alude un compañero de la Facultad –que llamaré HIJK--, la deduzco del siguiente intercambio de cartas entre HIJK y Joaquín Estefanía (JE):
1º) [de HIHK]:
<<A Joaquín Estefanía.
Estoy muy
sorprendido por el sistemático rechazo de su periódico a los textos que he
enviado. Nunca me ha ocurrido nada similar. Incluso en su vecina revista CLAVES
he publicado un par de artículos. Empiezo a sospechar que genero cierta aversión
en alguien que trabaje en los temas educativos, quizás a raíz de mi intervención
en el Foro Madrileño sobre jornada escolar en el que me vi obligado a rectificar
la información suministrada por S. de P. (...) La verdad es que estoy tan
contrariado que estoy dispuesto a acudir al defensor del lector y a la difusión
de este mensaje por Internet. Le agradecería me hiciera llegar sus comentarios a
mis observaciones. Termino diciéndole que tengo la impresión, por mi experiencia
en la facultad, de que el camino más fácil para publicar un artículo en su
periódico es contactar previamente con algún amigo suyo. Nada más. Reciba un
cordial saludo. HIJK>>
2º) [de JE]:
<<Muy señor mío: no sé cómo después de sus insinuaciones gratuitas y sus amenazas pretende que le conteste a su e mail. En cualquier caso, le suministro la siguiente información:
-1) los artículos de Opinión los selecciona un comité de lectura, del que formo parte. En cambio, no forma parte del mismo S. de P. Su afirmación de que “genero cierta aversión en alguien que trabaje en los temas educativos, quizás a raíz de mi intervención en el Foro Madrileño sobre jornada escolar” es gratuita. Creo que ninguno de los miembros del comité de lectura conoce esa intervención que ha producido la aversión de la que usted habla. Me parece una afirmación bastante egocéntrica.
-2) Todos los días recibimos alrededor de 50 tribunas de opinión no demandadas, de las cuales, en el mejor de los casos, saldrán una o dos. El criterio de selección es una combinación de oportunidad, notoriedad en la firma, calidad en la colaboración y originalidad. Todos los días tenemos que devolver la mayor parte de esas tribunas, pese a que muchas merecerían ser publicadas.
-3) La afirmación de que su experiencia indica que el camino más fácil para publicar un artículo en EL PAÍS es contactar previamente con algún amigo mío es una impertinencia y una falta de urbanidad. A mí no se me ha ocurrido devolverle sus originales diciéndole que estaban llenos de lugares comunes y que son de una calidad literaria ínfima.
-4) Está en su derecho de acudir al defensor del lector y a la difusión de su mensaje por Internet. Yo también. Reciba un cordial saludo. Joaquín Estefanía>>
3º) [de HIHK]:
<<Estimado Sr. Estefanía: Le agradezco de todo corazón su respuesta. La verdad es que buscaba un mensaje personalizado como el que me envía. Estará de acuerdo conmigo en que recibir una y otra vez una respuesta estandarizada es irritante.
Admito que pensar en la coordinadora de educación de su diario como responsable del rechazo a mis textos es una afirmación que no puedo demostrar (...)
Su periódico, y permítame la impertinencia, pertenece a un gran grupo mediático y está particularmente interesado en suministrar una cierta visión de la realidad más allá de los derechos constitucionales a recibir una información veraz. Por fortuna Internet permite que cada día podamos hacer una comparativa de cómo informan distintos diarios. De modo que su comité de lectura no es el oráculo de Delfos.
A pesar de que pueda parecer ofensiva mi afirmación de que en ocasiones lo más fácil es contactar con un conocido de un conocido, esto es algo que ocurre en todos los medios de comunicación. No voy a poner ningún ejemplo de ello, por no entrometer a terceros. Esto es así en todos los sitios. Lo que no sé es cuántos artículos proceden de esta vía.
Me alegra que no me responda diciendo que mi artículo es de una calidad literaria ínfima porque ambos sabemos que no es así (...) Con este correo doy por concluido este agrio intercambio de pareceres.
A pesar de todo, seguiré, como cada día, comprando EL PAÍS. HIJK>>