EN MEMORIA DE JESÚS ALBARRACÍN

 

Conocí a Jesús Albarracín (1946-2001) en 1987, cuando la presentación de su libro sobre La onda larga del capitalismo español en el Colegio de Economistas de Madrid, entonces en la calle Hermosilla. Juan Ignacio Bartolomé rememoraba entonces cómo se había dado años atrás la coincidencia de que entraran simultáneamente como profesores de la Facultad de Económicas Carlos Solchaga (a la sazón ministro de Economía) y Jesús Albarracín, miembro de CCOO y de la LCR y, entonces y siempre, uno de los mayores críticos de aquel (todos los) gobierno(s). Posteriormente, y ya en su despacho del Servicio de Estudios del Banco de España --donde siempre estuvo, como Pedro Montes, marginado por sus ideas-- le presenté los primeros resultados de mi Tesis Doctoral para la que me había aportado, generosamente, muy interesante material estadístico procedente de la cocina del Banco.

Luego hemos coincidido varios veces, especialmente en las Jornadas de Economía Crítica (JEC). Otra vez, en la FIM, coincidimos en criticar, junto a Michel Husson, el reformismo del responsable entonces de Economía del PCF, Philippe Herzog. En abril de 1999, tuve que sustituir a Albarracín, por enfermedad, en la conferencia sobre “El problema del empleo en el siglo XXI” que estaba preparando el IDR de Sevilla. En febrero de 2000, al comentarle que lo había echado de menos en las JEC de Albacete, cuando le escribí para invitarlo a un debate en mi Facultad, volvió a demostrar su generosidad de siempre: “Como sabes, en enero de 1999 me tuvieron que operar de un nuevo cáncer (...) Pues bien, en noviembre se me volvió a reproducir y, aunque todo parece ir muy bien, desde mediados de diciembre estoy sometido a la quimioterapia con sus correspondientes efectos secundarios (me abrasa las mucosas de la boca y la garganta) al menos 10 de cada 21 días, en los que no estoy para nada. Esta es la razón por la que, en la práctica, mi actividad se limita a mis responsabilidades sindicales los días en que la quimioterapia me deja en condiciones para trabajar. Por eso no he asistido a las JEC. Por la misma razón, podré participar en el debate que me propones siempre que coincida en los días en los que estoy en condiciones de tener alguna actividad.”

En abril de 2000 fue un grupo de estudiantes de Económicas el que lo invitó a participar en un Seminario sobre “Problemas económicos desde un enfoque crítico”, pero su enfermedad me obligó nuevamente a sustituirlo con un breve trabajo que dediqué “a mi amigo Jesús Albarracín, en un trance difícil, con todo mi ánimo y esperanza”. Finalmente, en noviembre le pedí que participara en un Manual de Economía Crítica que estamos preparando, y entonces recibí su última carta, que recuerdo ahora con emoción, en la que se despide de todos cuantos, sin haber intimado con él, lo habíamos admirado siempre como economista crítico y luchador coherente al servicio de los intereses de los trabajadores:

<<Querido Diego: Como ya sabes, mi salud no está precisamente para “tirar cohetes”, aunque todavía voy al Banco unas horas, escribo y trabajo lo que puedo, esto es, todavía parece que me queda cuerda. Este es el problema que tiene esta enfermedad, que los médicos te dicen unas cosas que no parecen corresponderse en absoluto con el aspecto exterior que uno tiene (salvo las dificultades para hablar; pero eso se deriva de que en la última operación me quitaron media lengua). He pasado demasiados años en primera línea de la actividad política, tanto en CCOO como en IU. Han sido años muy útiles para conocer en profundidad el asunto este de la lucha de clases que nos traemos entre manos, pero ya sabes: cuando se ejercen actividades de dirección, sobre todo cuando se refieren a grupos de la importancia del Sector Crítico o la Plataforma de Izquierdas, uno no debe escribir lo que piensa, sino lo que cree que debe hacer ese colectivo en ese momento y en ese lugar. Ello obliga en demasiadas ocasiones a no sacar análisis y debates que, al no estar suficientemente asumidos, podrían contribuir más a la división que a avanzar. Pero hacen que se queden en el tintero muchas reflexiones y discusiones que queman en el estómago como la lejía. Espero que comprendas lo que estoy diciendo, pero te lo digo como justificación de por qué mi prioridad absoluta es un libro que estoy escribiendo sobre La clase obrera y el capitalismo global (así, como suena), y he subordinado toda mi actividad a avanzar en este proyecto que, por su dimensión, no sé si verá el final (aunque ya sabes que soy un optimista histórico), pero al menos algunos borradores de algunos capítulos van quedando escritos. Por eso, tu proyecto me parece muy interesante, pero no puedo desviarme de lo que estoy haciendo. Espero que me comprenderás. Puedes ofrecérselo a Pedro Montes que, como bien sabes, es como si lo hiciera yo. Por lo demás, no sabes cuanto agradezco tus correos, no sólo por venir de un amigo con el que me unen muchas cosas, sino también porque contribuyen a sacarme de una relación casi unidimensional entre yo y el ordenador. Saluda de mi parte a todos los viejos amigos. Un abrazo, Jesús>>.