Imperialismo, nacionalismo, comunismo

 

 

 

 

 

 

La locura patriotera de los estadounidenses, fomentada y exagerada por los medios de comunicación del imperio, nos está trayendo vientos de guerra a todos los rincones del planeta. En un primer artículo se reflexiona en este capítulo sobre la ilusión de quienes pueden llegar a creer que los sucesos del 11-S ya no se volverán a producir. Sin necesidad de adivinar si los que volverán a la carga serán los mismos que hicieron lo de septiembre o bien otros nuevos –por cierto: ¿sabe alguien quién fue y cuánto tiempo pasará antes de que podamos conocer qué es lo que realmente sucedió?--, podemos conjeturar que los Estados Unidos no se verán libres tan fácilmente de esa plaga. Y es que ese país, además de recoger los huracanes tropicales que le llegan cada cierto tiempo desde el sur geográfico, no tendrán más remedio que recoger también las tempestades procedentes del sur político y originadas por los vientos que ellos mismos han sembrado apretando bien fuerte con su bota Segarra y militar de soldados del imperio.

En un segundo artículo se compara el terrorismo que los Estados Unidos, la UE e Israel dicen combatir con el que efectivamente combate España en su propio territorio. La comparación sólo puede ir en contra del nacional, ya que el objetivo que defienden estos terroristas no es sino la creación de ¡un nuevo Estado capitalista!, o sea, exactamente lo contrario de lo que su retórica ideológica dice defender.

En tercer lugar se incluyen dos notas necrológicas sobre Jesús Albarracín, un comunista “clásico” recientemente fallecido (en marzo de 2001), que no sólo era un colega de las Jornadas de Economía Crítica, que se celebran en España desde 1987, sino que fue un caso único entre los economistas españoles que al mismo tiempo ocuparon cargos de responsabilidad en el sindicalismo de clase.