EL DESEMPLEO

 

En mi opinión, hay tres grandes posiciones teórico-políticas sobre el fenómeno del desempleo: la neoclásica (o liberal pura), la keynesiana (o liberal socialdemócrata) y la marxista (o no liberal). Analizaremos, para cada una de ellas, primero el diagnóstico que ofrecen, y después las recetas que propugnan.

Los diagnósticos. 1. Para la primera de ellas, el desempleo es un problema originado en el mercado de trabajo, debido a que éste funciona menos eficientemente que otros mercados. La razón de esto es que es un mercado intervenido, rígido, donde la flexibilidad está ausente debido a la presencia de elementos exógenos a las fuerzas de mercado, elementos que tienen como resultado conjunto e indeseado la formación de un precio en este mercado (el salario) artificialmente elevado. Al tratarse de un salario superior al de equilibrio --el que automáticamente vaciaría el mercado y llevaría, por tanto, al pleno empleo--, se genera un exceso de oferta que en cualquier mercado normal provocaría la sobre-competencia de los oferentes y haría bajar el precio. Pero, dado que en el mercado de trabajo se produce la doble interferencia indeseable (según esta tesis) del Estado (con sus leyes, su Seguridad Social, su legislación tuitiva en lo laboral, sus salarios mínimos, etc.) y de los sindicatos (que con su poder de monopolio se enfrentan a la empresa y contribuyen, al eliminar la eficiencia que supondría la negociación descentralizada o directamente individual entre obrero y patrón, a fijar un precio de monopolio, es decir, un salario más elevado y una cantidad de empleo inferior a la que obtendrían los mercados perfectos), el resultado final es la creación de paro por esta doble vía. Si ambos demonios malignos se combinan en el moderno Leviatán “europeo” vulgarmente llamado Estado del bienestar, la situación es la peor imaginable, pues los efectos negativos se multiplican, más que sumarse, y lo mismo ocurre con su capacidad generadora de desempleo.

2. Para el enfoque keynesiano (o liberal-social[demócrata]), el diagnóstico es diferente. No se trata de un problema que surja en el mercado de trabajo, sino que se refleja en éste como puro resultado secundario de un problema más general que tiene su origen en el periodo de vacas flacas por el que pasan los mercados de bienes y servicios del conjunto de la economía. Lo que ocurre de hecho, según esta interpretación, es que hay una insuficiencia de demanda agregada (por parte de las fuerzas espontáneas del mercado) para absorber la creciente oferta que ponen en él las empresas del sistema. Esta baja capacidad relativa de absorción del producto social (o sobreproducción de mercancías) tiene su origen, a su vez, en un estado de ánimo poco optimista, o incluso depresivo, que sobreviene de tiempo en tiempo a la conciencia de la clase capitalista, y hace de la inversión privada que suman entre todos una variable macroeconómica especialmente delicada y volátil. Si los empresarios como clase consideran más prudente abstenerse por el momento, y esperar tiempos mejores y más seguros para invertir, el frenazo de la demanda de inversión repercutirá finalmente sobre la demanda de trabajo, haciendo que este mercado también se resienta del mal generado por las decisiones libremente adoptadas por los empresarios. Más en concreto, para cualquier nivel de salario, la demanda empresarial de trabajo será ahora inferior, y lo que hasta entonces había sido un salario de equilibrio se convierte de repente en un salario excesivo, cosa que sólo es verdad en el sentido de que las condiciones globales de la economía no lo hacen compatible con el nivel realmente existente de demanda efectiva global.

3. En cuanto al enfoque marxista, lo primero que hay que aclarar es que no tiene nada que ver con el adoptado por los autores que se han acercado a la cuestión desde el punto de vista de las tradiciones políticas marxistas, caracterizado en esencia por una combinación variable de fraseología marxista y análisis liberal keynesiano. El enfoque al que me refiero es el que parte de la teoría laboral del valor y sigue el esquema metódico iniciado por Marx: construir una teoría económica alternativa sobre la base de mostrar cómo la Economía convencional, con sus afanes imperialistas, puede reducirse y a la vez transformarse, mediante la crítica y la superación teórica por metabolización, en una trama más del tejido de una ciencia social con pretensiones realistas, donde política, sociología, filosofía y economía sean una y la misma cosa. Esta base es la teoría del valor-trabajo, o teoría laboral valor, y su aplicación al mercado de fuerza de trabajo nos lleva al siguiente diagnóstico del desempleo. La oferta de fuerza de trabajo por parte de los trabajadores es de la magnitud que determinan las condiciones sociales que fijan una determinada extensión de la población activa. El precio estable de esta mercancía viene determinado por el coste de subsistencia socialmente dado, es decir, por las condiciones normales de reproducción de la cesta de bienes y servicios habitual (cuya composición agregada se mantiene económicamente estable, con independencia de los cambios de gustos individuales, y condicionada básicamente por las condiciones técnicas que afectan a los precios relativos de los bienes, incluidos los de consumo obrero) que entran en el consumo necesario para la reproducción asalariada.

Dadas, por tanto, las que (en términos gráficos) serían la longitud y la altura de la curva de oferta de fuerza de trabajo (una línea o segmento horizontal), el volumen y la tasa de desempleo realmente existentes dependerán del lugar por el que la curva de demanda de trabajo corte dicha horizontal. En condiciones de máxima expansión de la acumulación, la tasa de desempleo podría ser realmente cero e incluso negativa (si no se dejara abierta una espita a la inmigración, como ocurrió en el centro y norte de Europa durante los 60). Pero, igualmente, si las condiciones de la acumulación son tales que la economía se encuentra en fase depresiva, la demanda de trabajo se hundirá (desplazándose gráficamente hacia la izquierda) y cortará a la curva de oferta de fuerza de trabajo a un nivel más a la izquierda, generando el correspondiente nivel de desempleo.

Las recetas. 1. Las soluciones propugnadas por los tres enfoques son muy diferentes. Para los neoclásicos, puesto que el problema son los salarios artificial y excesivamente elevados --culpa conjunta del Estado y sindicatos--, la receta consiste en atacar (no siempre admitiéndolo expresamente, aunque a veces sí) a dicho poder estatal-sindical, y reducir la oposición que ambos puedan hacer a la embestida empresarial en favor de la baja salarial (por ejemplo, reivindicando el mantenimiento o incluso el reforzamiento del Estado del bienestar). Lo que eufemísticamente llaman “flexibilizar” o “desregular” el mercado de trabajo no es sino el uso de este látigo flexible contra los trabajadores (para acompañar con la dúctil disciplina del zurriagazo esa más primaria y férrea que proviene del hambre), así como el cambio --o re-regulación-- de una regulación que no les gusta (la que llaman “regulación”) por otra que sí les gusta y es más acorde con sus propósitos (llamada “desregulación”).

2. Los keynesianos (y, en general, los críticos izquierdistas del liberalismo que llaman neo o ultraliberal) no culpan a los sindicatos ni al Estado del desempleo (aunque sí hagan, curiosamente, a los trabajadores responsables de la inflación, pero ése es tema para otro artículo), sino a la insuficiencia del mercado para alcanzar automáticamente la beatífica “armonía entre lo económico y lo social” (así se expresan ellos, no yo) que es su máxima aspiración. Por tanto, la receta universal que todos defienden --su panacea-- es la política keynesiana de déficit público y expansión monetaria: si el mercado no basta, aunque sepamos que es (según ellos) un “instrumento necesario”, construyamos un Estado fuerte, capaz de completar la tarea del mercado con el apoyo y/o control político de un gobierno (a ser posible, de izquierdas) capaz de “desendiosar” y/o amordazar al mercado, ya que, como decía el oweniano Polanyi, “el mercado es un buen sirviente pero un pésimo amo”. Estas políticas de déficit permanente, sabido es que llevan al endeudamiento creciente (véase el caso espectacular del Japón actual) y, por tanto, a frenar, tarde o temprano (por mucho que se quiera prolongar el engaño mediante la política crediticia expansiva y burbujeante) el ritmo de expansión a largo plazo de la economía.

3. Por el contrario, quienes partimos de la teoría laboral del valor sabemos que el desempleo no tiene ya solución dentro del marco del capitalismo. En primer lugar, se trata de un fenómeno de amplitud cíclica, que se contrae y expande con la misma necesidad con que un termostato se apaga y encienda continuamente: porque está en su naturaleza. En segundo lugar, porque la tasa de desempleo mundial sigue una tendencia secular al alza, que no ha hecho sino agravar la magnitud absoluta y relativa del ejército industrial de reserva desde la época en que Marx lo bautizara así. Que esto es una verdad estadística y no un producto de mi imaginación lo demuestran los datos extraídos del CD-ROM del Anuario 2000 de EL PAÍS, a partir de los cuales se ha elaborado el cuadro 1.

Nadie debería sorprenderse de este resultado, y mucho menos los economistas, ya que esto sólo expresa la lógica del airbag que caracteriza a todas las mercancías: la creciente incertidumbre de la vida moderna hace del capitalismo --o sea, del trabajo social privatizado y artificialmente independiente-- un sistema cada vez menos compatible con esa realidad. Esto, que lleva a diseñar fábricas con un exceso de capacidad que sirva de cómodo colchón frente a tirones imprevistos de demanda, conduce igualmente al inflado progresivo del colchón del ejército industrial de reserva, con el pauperismo y la miseria (fenómenos que tienen una dimensión absoluta y otra relativa, no se olvide) a él asociados. A primera vista, es más fácil ver explotar una burbuja que un colchón, pero ya se sabe (por la prensa del corazón, más que nada) que, en determinadas condiciones de presurización, pueden explotar hasta determinadas partes del cuerpo humano.

 

Tabla 1: Tasas de desempleo en la OCDE, 1961-1999, y previsión para 2005

 

61-70

71-80

81-90

94-99

2005*

1994-2005

UE-15

2.2

4.0

8.9

10.4

7.6

10.0

EE. UU.

4.7

6.4

7.1

5.1

5.4

5.2

Japón

1.2

1.8

2.5

3.7

4.0

3.7

Promedio simple

2.7

4.1

6.2

6.4

5.7

6.26

Promedio ponderado (usando PIB y PPA)

 

3.10

 

4.66

 

7.09

 

7.05

 

6.08

 

6.91

Promedio ponderado (población activa)

 

2.93

 

4.47

 

7.08

 

7.23

 

6.14

 

7.08

(Fuente: Eurostat, y *Perspectivas económicas de la OCDE, dic. 1999)

 

En mi opinión, creer que el cuerpo social no puede explotar en una tremenda ilusión, y la ciencia (a la que uno pretende modestamente contribuir) está para sustituir ilusiones por descripciones, incluso cuando son tantos los que viven de las primeras que uno arriesga casi su integridad física escribiendo estas cosas. Pero no conviene ser cobarde más allá de cierto límite.