Globalización y subdesarrollo

 

 

 

 

 

 

A don Xavier Sala le apasiona el desarrollo económico, según propia confesión; a mí, me apasiona el subdesarrollo. Los economistas liberales no quieren entender que el subdesarrollo es una necesidad en tanto el sistema económico imperante sea la economía de mercado, donde las decisiones son privadas, independientes, y donde el que lleva ventaja tiene un estímulo permanente y creciente para ampliar cada vez más esa ventaja, y no para cooperar en el cierre de esa brecha (a lo que nadie le obliga ni moral, ni política, ni económicamente, ya que el sistema le da toda la “libertad” que exigen los liberales en todos y cada uno de esos planos).

Como la globalización actual es la globalización del capitalismo –en eso Sala y yo estamos de acuerdo--, en este capítulo se parte de un artículo (en realidad la introducción de un artículo más largo) que pretende desmitificar la “retórica” de la globalización, que es, en efecto, lo único que tiene de nuevo la etapa actual de nuestro sistema. Desde la caída del muro de Berlín, la euforia de los liberales más optimistas --que creían que “la historia se había acabado”, y se disponían ya a entronizar a Fukuyama en el Papado de la Iglesia liberal— se desbocó hasta tal punto que el prurito por lo nuevo se llevó al colmo (de ahí, la “globalización del liberalismo”). Todo era nuevo: las tecnologías, la economía, la fase del desarrollo capitalista. Pero lo nuevo se hizo tan rápidamente viejo como viejo es el capitalismo globalizado.

En los otros artículos de este capítulo se pasa revista a dos aspectos olvidados en los debates actuales sobre la globalización: la globalización de la pobreza, no como algo marginal ni como un fenómeno reciente, sino como un aspecto central y permanente del desarrollo-subdesarrollo capitalista –es decir, de su desarrollo “desigual”--; y la globalización postcapitalista, que se impone como la única salida del foso en donde nos está metiendo la globalización capitalista, con todas sus miserias, injusticias e incluso guerras.

Frente a los románticos y sentimentales de la antiglobalización, que sólo quieren poner bridas al mercado, o echar un poquito de arena a los engranajes de las finanzas y de la industria, para que el Estado capitalista nos ponga un parque lleno de verde a cada uno de los ciudadanos del occidente desarrollado, se defiende aquí la lucha contra las causas, y no meramente contra los efectos, de los males que crea el capitalismo (sustancialmente global y cada vez más globalizador desde el principio).