El proceso de resiliencia

 

“El caso argentino es único en la historia contemporánea ya que ningún otro país occidental, (...), produjo tamañas regresiones sin entrar en guerra. En efecto, la Argentina, ubicada justo detrás de las grandes potencias a principios de siglo XX, inaugura el XXI en una posición bien lejana de las mismas.  Lo llamativo en nuestro caso es el proceso de descomposición profunda y el retroceso continuo  a pesar de  ciertos paréntesis que lograron provocar ilusión. Pareciera que hubiéramos recorrido todo el espectro de las recetas y las ideologías, pasando a menudo de un extremo al otro”[1].-

 

A escala global, la imagen que generalmente se tiene de los disfuncionamientos internacionales, es a menudo aquella de las guerras o crisis regionales que llegan a su fin tras la intervención de las organizaciones de seguridad colectiva, en una gestión de salida de crisis y reconstrucción. Los modelos utilizados para analizar este tipo de disfuncionamientos hacen referencia a la “explosión”. En la Argentina, nos encontramos ante un fenómeno de “implosión”[2].-

 

A partir de esta implosión, Argentina es excluida, en gran parte y por un determinado período de tiempo, del sistema internacional. Es a partir de los cambios de Autoridad ocurridos al interior del FMI, como consecuencia de la crisis asiática, que se da un cambio en la concepción de los directivos del FMI, y es desde ese momento que se comienza  a hacer visible esta posibilidad de que las naciones se caigan del sistema internacional por razones distintas a la guerra.-

 

A lo largo del siglo XIX y XX, las grandes potencias pusieron bajo tutela a las naciones o regímenes que plantearan problemas[3].  Hoy en día, el sistema internacional pone en cuarentena y excluye del juego a aquel que entra en disfuncionamiento, cual virus en una computadora bajo el sistema de antivirus, sin darse cuenta que al hacer esto, simplemente, puede estar contribuyendo a crear más inestabilidad en el sistema internacional. Un sistema internacional de exclusión siempre es inestable. Un sistema internacional donde el desarrollo no sea tomado como un factor de estabilidad, siempre es un sistema de exclusión.-

 

Como sostienen Russell y Tokatlián, “el gobierno de Bush utilizó a la Argentina como “conejillo de indias” de su nueva política para los países emergentes que atraviesan crisis financieras.(...), ella sostiene que no tiene sentido prestar el dinero de los contribuyentes estadounidenses a países cuya estructura de deuda no es sustentable, ni salir al rescate de quienes realizaron malas inversiones en economías de alto riesgo en busca de mayor rentabilidad.  (...), la Argentina pasó de ser el ejemplo de las reformas económicas promovidas por los Estados Unidos para América  Latina en  la década del noventa en el test case de esta nueva política”[4].-

 

Argentina constituye así el primer test case  de este nuevo tipo de política.  “La lectura que se hizo en Washington fue que los costos para los intereses estadounidenses serían pequeños y que no habría efecto contagioso en otras naciones emergentes, como sí había ocurrido con las crisis de  México, el Sudeste Asiático Rusia y Brasil”[5].-

 

A principios de 2002, las declaraciones del titular del Departamento del Tesoro norteamericano, Paul O’Neil, reflejan lo sostenido por los autores argentinos antes mencionados. “Nos es justo utilizar la plata de los carpinteros y plomeros estadounidenses para rescatar bancos y empresas que han mal invertido en países de alto riesgo en busca de una rentabilidad más alta y más rápida. Si aceptaron correr el riesgo, ellos deben asumir el costo”[6].

 

En este sentido, el caso argentino es el primero, y hasta el momento, único; y constituye el verdadero test case  de un nuevo tipo de política internacional en materia financiera promovida por Estados Unidos. Como sostiene Guilhou: “Y es sobre todo de una gran pertinencia para todos (...) porque se encuentra a mitad de camino entre los modelos de desarrollo de las grandes potencias y los de las zonas de desmoronamiento situadas a lo largo de las grandes fallas geoestratégicas del planeta”[7].-

 

El autor antes mencionado continua: “Si la Argentina, al día siguiente de terminar su fase de reconstrucción, logra afirmar una nueva madurez en términos de gobernabilidad, e impone un cuestionamiento -por ejemplo, en torno al pago de sus deudas o su anulación -, la onda de shock para el conjunto de los intereses occidentales será equivalente a varias veces el 11 de septiembre, y afectará especialmente los equilibrios financieros, sobre todo, si otros países, como Brasil, toman el mismo camino. (...), como la historia nos acostumbra a tales reveses, sería imprudente descartar tal o cual cosa de un posible guión o escenario,  sobre todo cuando parece inconcebible. Desde este punto de vista, el caso argentino resulta especialmente estratégico”[8].-

 

La caída de la Argentina no fue en silencio, desde este punto de vista no se puede comparar con la caída de la URSS, país que para Waltz desapareció no sólo como potencia sino también como país calladamente[9]. Argentina permanece unida como país, pero de poco servirá si no logramos una estado de resiliencia, entendida como la capacidad de recuperar las propiedades iniciales aún después de duras pruebas. “La resiliencia consiste en lograr extraer vida de una situación desesperada”[10]. Debemos lograr extraer esas condiciones de resiliencia, aún “si la realidad resulta inconcebible, entonces debemos forjar caminos inconcebibles”[11]. Esta es tan sólo la “simple” tarea de los argentinos unidos.-

 


 

 


 

[1] Cfr. Bertone, L. y Legadec, P. “Ruptura y Reconstrucción: Lo que la experiencia argentina nos enseña”. Ed. Evolución. Buenos Aires, 2003. pp. 23 y 24.

[2] Xavier Guilhou en el artículo “Somos todos, de alguna manera, argentinos”, sostiene que la caída de Berlín puede considerarse el primer caso significativo de implosión. Ocurrió también con la implosión a gran velocidad del sistema soviético. Cfr. Bertone, L. y Legadec, P. “Ruptura y Reconstrucción...”, op. cit., p. 130. 

[3] Guilhou sostiene: “El caso argentino es único. No contó con el beneficio de una intervención masiva, como ocurrió  con la República Democrática de Alemania, a pesar de la proximidad histórica de los Estados Unidos de América”. Ibid... p. 131.  

[4] Cfr. Russell, R. y Tokatlián, J. G. “El lugar de Brasil en la política exterior argentina”.  Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2003.  p. 60.

[5] Ibid... p. 61.

[6] Citado en Russell, R. y  Tokatlián, J. G.  Ibid... p. 61.

[7] Cfr. Bertone, L. y Legadec, P. “Ruptura y Reconstrucción...”, op. cit.,  p. 131.

[8] Ibid...  p. 132.

[9] Cfr. Waltz, K. “El nuevo orden mundial”. Revista América Latina Internacional. Vol. 1, Nro. 2. FLACSO, otoño - invierno, 1994.

[10] Cfr. Richemond, A. “La résilence économique – une chance de recommencement”. Editions d’Organisation. París, 2003.

[11] Frase del joven Hegel, citada por Jean Duvignaud en Le Monde, 18 de enero de 2004, Debates, p. 2.