El cambio sistémico internacional y su impacto en la relación Argentina - FMI

 

Los atentados ocurridos el 11 de septiembre de 2001, que a nuestro entender cierran la década de los noventa, entendida ésta como la del triunfo del “capitalismo y la democracia”, golpearon las perspectivas de la economía global y   la economía argentina ya en dificultades. En este orden de ideas Gabriel Rubinstein sostiene que: “el 11 de septiembre será una fecha que no se borre fácilmente para la economía” [1]-

 

Francisco Jarauta nos cuenta que: “Ha sido Ulrich Beck quien ha planteado lúcidamente la necesidad de leer en contextos globales aquellos acontecimientos que escapan a la lógica y previsión de los modelos convencionales de la lectura histórica. Se trata de una lógica borrosa e imprecisa en la que se condensan las tensiones generadas a lo largo del tiempo. Los riesgos que anotaba Beck como intrínsecos a la historia moderna y globalizada no eran independientes de los que analizara Zygmunt Bauman, en su Globalization, the Human Consecuences. Se trataba así de articular los diferentes niveles del proceso particularmente en relación a los efectos y consecuencias que de ellos derivan”[2].-

 

Como hemos sostenido: “Los atentados del 11 de septiembre además de un ataque contra los símbolos del poder norteamericano fueron, como cualquier acto terrorista, un ataque contra la libertad y los derechos de las personas que constituyen la razón primera de la democracia liberal. Aquél acto criminal fue calificado entonces como de “terrorismo internacional”, y no sólo porque fue planeado por individuos de diferentes nacionalidades sino principalmente porque era un ataque contra la “seguridad y estabilidad” del orden internacional dominado por la potencia hegemónica estadounidense”[3].-

 

Con los atentados del 11/9 se da un cambio en la agenda de los Estados Unidos. Se dejará así definitivamente la “agenda de cooperación” iniciada en la era Clinton y se pasará a una “agenda de seguridad” que hasta el momento caracteriza a la administración republicana.-

 

Este cambio de agendas sobrevino cuando la Argentina presumía la llegada del tiempo para comenzar a indagar en la reestructuración de la deuda, “quizás la única receta capaz de ayudar a reanimar la economía deprimida desde hace tres años”[4].

 

Como sostienen Russell y Tokatlián: “El martes 11 de septiembre de 2001 quedará en nosotros y en quienes nos sucedan como uno de los días que marcan una divisoria de aguas en la historia de la humanidad. Los atentados terroristas en los Estados Unidos constituyen no sólo el fin de un breve período de transición conocido como la posguerra fría, sino también el inicio nada auspicioso de  un nuevo orden mundial. (...) son un símbolo del extraordinario y aterrador del  resquebrajamiento definitivo –no de su fin-  de los cimientos del sistema internacional moderno, de sus reglas de coexistencia,  y de las instituciones creadas para hacerlas efectiva”[5].-

 

La atmósfera en que operaron el comercio internacional, la inversión extranjera directa y los flujos de capital cambio a partir de dichos sucesos. “Por primera vez en muchas décadas, la economía norteamericana  sufrió en carne propia las reacciones negativas  que los mercados internacionales suelen tener  para castigar sin contemplaciones la falta de seguridad económica, política y jurídica de los países emergentes. Ésta vez, sin embargo, esos mismos mercados,  que siempre vieron a Wall Street como la meca del capitalismo y las oportunidades, huyeron despavoridos y se llevaron sus inversiones en dólares a  las más tranquilas aguas del euro y el oro, que el martes pro la tarde se transformaron en el centro de las inversiones de todos aquellos operadores internacionales que buscaban un poco de tranquilidad”[6].-

 

Los mercados accionarios de Estados Unidos registraron de forma inmediata el impacto de los ataques al World Trade Center. Al reabrir  los mercados el 17 de septiembre[7], el índice Dow Jones perdió un 14 % durante la primer semana después del ataque, lo que constituyó la mayor caída semanal desde 1933.-

 

Aunque los mercados de valores se recuperaron luego del impacto inicial, el impacto acumulativo de los acontecimientos en una economía que ya estaba enfriándose -recesión de mediados de 2000 en la “nueva economía[8]”-, cuestión que se reflejó en los datos del tercer trimestre del PBI, que indicaban una caída de más del 0,4 % en la marcha de la actividad económica norteamericana, lo que representaba su primera caída en 10 años[9].-

 

Los efectos del 11/9 se extendieron más allá de la economía estadounidense.  En su rápida desaceleración Estados Unidos arrastra al resto de la economía global. Por ejemplo, Singapur y Taiwán, dos de las economías más exportadoras del mundo, comunicaron que su producción económica había caído un 5,6 % y 4,2 % en el tercer trimestre de 2001.-

 

El sector financiero fue aquel que se sintió más afectado por el impacto generado por los ataques terroristas. Especialmente debido a que el incremento de la recesión en la economía estadounidense redujo el capital disponible para la inversión y el sector más afectado fue el constituido por los mercados emergentes. El aumento del riesgo, y la caída de las ganancias hicieron que estos mercados fueran especialmente vulnerables a los recortes tras los ataques.-

 

“Muchos, hasta se animan a pronosticar duras consecuencias para los países emergentes, entre los que está la Argentina, que serían los primeros y principales perjudicados si la economía mundial se resiente pro el ataque masivo a los estados Unidos, sobre todo si los inversores internacionales deciden bajar el riesgo de sus inversiones hasta que el panorama se aclare y retiran masivamente de sus carteras las inversiones en estos países”[10].-

 

En lo que respecta a América Latina, muchas exportaciones de nuestros países cayeron a lo que también debe sumarse una disminución del precio internacional de los productos exportados. Por ejemplo, el precio del crudo cayó un 31 % en los dos meses siguientes al ataque. Los de soja y café un 9 %, y del cobre un 6 %. Con implicancias directas para nuestro país en el caso de alguno de estos productos. El Banco Mundial estimó que los flujos de capital para los países en desarrollo caerían un tercio hasta los 160.000 millones de dólares[11].-

 

 Los atentados del 11/9 golpearon duramente a nuestro país. Siendo Argentina un país que dependía de la entrada de capitales para poder sobrevivir y sin credibilidad por parte de los mercados financieros internacionales, sufrir una disminución de los flujos de capital fue un retroceso que agravó la difícil situación. “Para la Argentina, las posibilidades de lograr más ayuda externa para canjes de deuda será ahora más difícil de obtener”[12].-

 

Tampoco nuestro país podía beneficiarse de una posible reorientación de la inversión externa de América Latina, debido a que las empresas argentinas no forman parte de las cadenas de producción verticalmente integradas con el mercado norteamericanos que vuelve a México un destino más atractivo[13]. A esto debe sumarse la  situación de colapso económico inminente que actuaba como desalentador de la inversión extranjera.-

 

La mejora de la situación de Argentina pos atentados dependía de tres factores, a considerar:

 

-La capacidad de implementar el canje de la deuda voluntario de manera ordenada y sin mirar la estabilidad del sistema financiero interno

 

-La necesidad de mantener la estabilidad política

 

-El apoyo de los Estados Unidos.-

 

En lo que respecta a este último factor, ni el gobierno de los Estados Unidos ni el FMI parecían dispuestos a brindar un fuerte apoyo ni a proveer los fondos adicionales necesarios para ayudar a nuestro país a cubrir sus déficit internos y externos y a cumplir con los pagos de su deuda.-

 

El miedo a  una crisis financiera general desatada por una nación emergente fue súbitamente abandonado por la evidencia de indefensión que dejaron los ataques al país más poderoso del planeta.-

 

A pesar que Argentina se mostró como aliada con Estados Unidos tras los atentados[14], cuestión mucho menos visible en los casos de México y Brasil, el golpe del 11/9 aceleró el derrumbe de la Argentina.  Uno de los primeros efectos de los ataques será que Estados Unidos se retraerá en sí mismo en pos de su seguridad, no olvidemos que con los atentados quedo demostrada su vulnerabilidad. Este centrarse en sí mismo, hipotecó el apoyo a nuestro país[15].-

 

Es en este contexto que, en noviembre de 2001, llegó una nueva visita del FMI al país y tras el análisis de las nuevas condiciones, decidió suspender el financiamiento. De esta manera se sumaba la suspensión del financiamiento de los organismos internacionales a la ya suspensión del mercado privado.-

 

 

Gráfico 7: Acuerdos con el FMI. Año y Monto.

(en millones de dólares).

Fuente:  elaborado por el autor en base a datos de FMI y Clarín.

 

Desde este momento, el país estaba técnicamente en default, pero el Gobierno apeló a un nuevo canje de la deuda para no reconocer esta realidad  y a una colocación forzosa de títulos de la deuda en las AFJP.-

 

Este hecho demostraba que el Estado no podía recaudar los mínimos pactados y se veía obligado a imponer un canje compulsivo de sus títulos demostraba que sus finanzas estaban en estado terminal.-

 

A esto se sumaba la constante pérdida de depósitos bancarios que reducía la liquidez y la capacidad crediticia. La liquidez del sistema financiero  medida por su dinero  disponible y encajes en relación a los depósitos, cayó del 24 % al 12 % durante el transcurso del año 2001. Esta retracción de la liquidez contribuyó, junto al aumento del riego país, al aumento creciente de las tasas de interés de los distintos rubros y este aumento se daba en el contexto de la política monetaria flexible que había encarado al Reserva Federal.-

 

Sobre finales de 2001 se dio un fuerte retiro de depósitos de las reservas y su consiguiente traslado al exterior o bien, simplemente su salida del sistema.-

 

Según el Banco Central de la Argentina, en los días previos “al corralito”, salieron del sistema más de 7.000 millones de dólares, lo cual recordaba los momentos vividos en la época del Plan Bonex.-

 

Con la medida “del corralito” se logró frenar la constante salida de depósitos  y estabilizar el sistema bancario. Pero se profundizó la recesión y la caída de la recaudación impositiva. La instauración de esta medida indicaba que el sistema bancario no podía sostenerse por sus propios medios y nos daba la pauta que el sistema económico se encontraba claramente quebrado.-

 

El corralito logró terminar con la huida de los depósitos, pero a la vez logró precipitar la caída del gobierno.-

 

 El corralito y la emisión de monedas paralelas  (cuestión que no se vio en el resto de las economías analizadas) y bonos fueron las últimas medidas para intentar oxigenar el modelo antes del descalabro final. Default y devaluación se declararon en presidencias diferentes, en un símbolo de sofisticación típico de los argentinos.-

 

A fines de 2001, trágicos acontecimiento callejeros resultan en la caída del gobierno acosado por la irresolución de la crisis económica y el vacío de poder político abriendo así un período de inestabilidad que derivará en la suspensión de los pagos de la deuda externa y la posterior devaluación.-

 

Al registrarse la caída de Argentina, se declaró en el FMI: "Estaremos muy contentos de apoyar el nuevo equipo económico y las nuevas autoridades cuando asuman".  Anne Krueger, primera vicedirectora gerente del FMI, continuo sosteniendo que: “Todos los datos a la fecha sugieren que los mercados ya habían descontado completamente cualquier cosa que esté pasando en Argentina, o si no lo han descontado, han aprendido a diferenciar entre Argentina y los países vecinos. Los mercados, en este momento, parecen estar viendo la diferencia entre los países"[16].-

 

Tom Dawson, portavoz del FMI, dejó en claro que “la responsabilidad por la crisis es enteramente de las autoridades argentinas y que el problema del país sigue siendo su abultada deuda pública de 132.000 millones de dólares y la incapacidad del gobierno de controlar su déficit fiscal. Las cosas se están moviendo muy rápido y estamos muy preocupados acerca de la situación y la estamos observando muy cuidadosamente. (...) Estamos listos para trabajar con y asistir al nuevo gobierno"[17].- 

 

El portavoz también sostuvo que: “Hemos estado trabajando con las autoridades en una situación muy difícil. Hemos estado tratando de asistir a las autoridades en su intento por lograr sus objetivos"[18], dijo Dawson, quien subrayó que el programa económico es "propiedad" de Argentina y su responsabilidad, incluso el régimen cambiario que quiera tener”. En clara oposición a las palabras de Horst Köhler, quién había sostenido octubre de 2001, que: “El mantenimiento del régimen de convertibilidad es considerado por las autoridades como el ancla más importante para la estabilidad de precios y financiera”[19].-

 

“Nosotros dejamos en claro que no estábamos pidiendo ningún tipo de política en concreto. Nuestro intento fue ayudar a los argentinos a que desarrollen ellos mismos un programa que sea sustentable, tanto económico como político, y ese sigue siendo nuestro objetivo”[20].-

 

Kenneth Rogoff, el economista jefe del FMI, sostuvo el 19 de diciembre de 2001, que: "Es claro que la combinación de política fiscal, deuda y régimen de tipo de cambio no es sustentable. Esto es objeto de las negociaciones en curso. Todo el mundo reconoce que hasta cierto punto el problema reside en la Argentina. La solución se encuentra en Argentina pero el FMI está listo para ayudar"[21].-

 

Se deben recordar también las palabras de Anne Krueger, quién respondió  a si la Argentina debía abandonar el tipo de cambio, con posterioridad a una presentación de Köhler  en la cual recomendaba a todos los países emergentes la flexibilidad en el tipo de cambio[22], de la siguiente manera: “decir que debe haber una flexibilidad mayor no quiere decir que debe aplicarse a todos los países en todas las circunstancias"[23].-

 

La cuestión central es que la crisis se había impuesto a las decisiones, el Plan de Convertibilidad se volvía insostenible. Fue la crisis y no una decisión la que se puso fin a la Convertibilidad[24].-

 

Para el defensor de FMI, Michael Mussa,  las fallas del FMI pasan por no haber presionado más y mejor a la Argentina[25]. El FMI debería haber presionado más enérgicamente a nuestro país en la cuestión de la política fiscal y sobre todo a principio de la década del noventa durante “aquellos años de crecimiento”.-

 

“Si el Fondo cometió importantes errores en la Argentina  - como creo que cometió -  se trataron básicamente de pecados por omisión: ya sea fallas del Fondo al no presionar con la fuerza y la prontitud necesarias por la implementación de medidas por parte del gobierno argentino que muy probablemente hubiesen mejorado los resultados, o deficiencias del Fondo al no desestimular de manera suficientemente enérgica las políticas que exacerbaron la crisis”[26].-

 

El proceder al blindaje de la economía argentina era algo lógico desde el punto de vista del FMI.  “Desde la perspectiva del Fondo, un sustancial paquete de ayuda parecía algo lógico, según el principio general de uniformidad de tratamiento, que es uno de los dogmas básico que gobierna todas las actividades del Fondo”[27].-

 

Éste principio implicaba que se le debía ofrecer a Argentina una última oportunidad para poder evitar la catástrofe, con un grado de ayuda internacional, sujeto a determinadas condiciones, comparable con los anteriores casos de crisis similares.-

 

Horst Köhler sostuvo también hacia principios de ese mismo año: “Nuestro error fue no haber dicho firmemente, a fines de los años noventa, que la desintegración de las instituciones financieras tendría un alto costo. No prestamos atención suficiente a los lapsos de las políticas de Menem. Les advertimos que la Ley de Convertibilidad debía ser acompañada por una política fiscal sana, pero obviamente, no fuimos tan fuertes. Habiendo dicho esto, compartimos nuestro fracaso con la comunidad internacional”[28].-

 

La consecuencia de estas palabras se traducen en la catástrofe argentina. Una de las razones por las que  la deuda argentina creció tanto es debido a que el FMI y la banca internacional sostenían que el país era un buen terreno donde asentarse y, por tanto, se prestó dinero en términos más que atractivos para cualquier mercado emergente. Y la Argentina, tomó esos créditos.-


 


[1] Cfr. Rubinstein, G. “Más depresión”. Revista Noticias, Nro.31, 13 de septiembre de 2001. p. 61.

[2] Cfr. Jarauta, F. “Presentación”. Foro de la Mundialización, “Después del 11 de septiembre”. Fundación CajaMurcia, Murcia, noviembre de 2003. p. 8.

[3] Cfr. Mota Consejero, F., Oddone, N. y Granato, L. “Guerra, terrorismo y democracia”. Enfoques, El Eco de Tandil, 7 de marzo de 2003. p. 8.

[4] Cfr. Van der Kooy, E. “La Argentina, frente a la crisis y la guerra”. Sección de Opinión, panorama político, Clarín, 16 de septiembre de 2001. p. 34  - 35.

[5] Cfr. Russell, R. y Tokatlián, J. G. “Horizontes demasiado cercanos”. Suplemento Zona, Clarín, 16 de septiembre de 2001. p. 6. Este nuevo orden internacional es considerado por los autores como el primero de los órdenes políticos mundiales posmodernos, se cruza el umbral de una era histórica comparable al tránsito de la Edad Media  a la Modernidad. De manera análoga, el historiador norteamericano Paul Kennedy sostiene que: El martes 11 de septiembre de 2001, a las 8:45 –y no el primer día del año 2000-, Estados Unidos ingresó de lleno en el siglo XXI”. Cfr. Kennedy, P. “Golpe al coloso”. Suplemento Zona, Clarín, 23 de septiembre de 2001. p. 6.

[6] Cfr. Baulde, C. “El futuro de la economía global”.  Revista Noticias, Nro.31, 13 de septiembre de 2001. p. 60.

[7] Fue el cierre más prolongado en la historia de la Bolsa de New York.

[8] Para Molano y Starr, la desaceleración de la economía estadounidense era ya inminente en vísperas de los atentados y era el resultado inevitable del exceso de inversión de la década anterior. Cfr. Molano, W. y Starr, P. “La perspectiva económica en América Latina después del ataque”. Foreign Affairs en Español. Vol. 2, Nro. 1, primavera 2002.  p. 66.

[9] Ibid...

[10]  Cfr. Baulde, C. “El futuro de la economía global”. Revista Noticias, Nro.31, 13 de septiembre de 2001. p. 60.

[11] Cfr. Molano, W. y Starr, P., op. cit., p. 70.

[12] Cfr. Rubinstein, G., op. cit., p. 61.

[13] México ha sido la excepción pos 11/9. Tras el atentado el Índice de Bonos J. P. Morgan para mercados emergentes y el peso mexicano mejoraron. El buen manejo de la situación macroeconómica a ojos  de Wall Street, las continuas ventajas de inversión generadas por el TLCAN y la esperada caída del comercio transpacífico, sumado a las preocupaciones de seguridad que obligaron a las multinacionales norteamericanas a buscar para sus plantas de manofacturas zonas más seguras y más cercanas a los Estados Unidos, hacen de México una buena opción.

[14] Russell y Tokatlián sostienen que: “Hoy la autonomía externa no se define para países como el nuestro por el poder para sustraerse de los fenómenos globales sino por el poder para participar e influir eficazmente en los asuntos mundiales que nos afectan; en particular a través de organismos y regímenes internacionales”. Cfr. Russell, R. y Tokatlián, J. G., “Horizontes...”, op. cit., p. 6.

[15] Cfr. Stolowicz, B. “América Latina: Estrategias dominantes ante la crisis” en Minsburg, N. (coord.) “Los guardianes del dinero – las políticas del FMI en la Argentina”. Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2003. p. 323.

[16] Cfr. Clarín, 20 de diciembre de 2001.

[17] Ibid...

[18] Ibid...

[19] Cfr. Clarín, 7 de octubre de 2001.

[20] Cfr. Clarín, 21 de diciembre de 2001.

[21] Cfr. Clarín, 19 de diciembre de 2001.

[22] Cfr. Clarín, 15 de noviembre de 2001.

[23] Cfr. Clarín, 16 de noviembre de 2001.

[24] Con respecto al tipo de cambio, es importante recordar lo que sostuvo Stanley Fischer a principios de 2002: “Nosotros, en el FMI, sabíamos que el tipo de cambio fijo iba finalmente a sucumbir. Pero los banqueros estaban muy entusiasmados con prestarle dinero a la  Argentina, de modo que tuvimos que resignarnos”. Cfr. Clarín, 4 de febrero de 2002.

[25] Cfr. Mussa, M. ”Argentina y el FMI. Del triunfo a la tragedia”. Grupo Editorial Planeta. Buenos Aires, 2002. p. 11.

[26] Ibid... p. 11.

[27] Ibid... p. 51.

[28] Cfr. Köler, H. Página 12, 23 de enero de 2002.