La década del 90 y la “Era Clinton”

 

La década de los noventa  se inicia en 1989 con la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre y finaliza en septiembre de 2001 con los atentados al World Trade Center y al Pentágono en los Estados Unidos el 11 de septiembre. De todas maneras, estos atentados tienen raíces en período de Guerra Fría. -

 

Una vez finalizado el siglo XX corto (1914-1989), según terminología del historiador inglés Eric Hobsbawn, se dará inicio a una década en la cual el Internacionalismo liberal democrático estará a la orden del día y se verá materializado en la idea de “democracia y capitalismo”.-

 

El discurso oficial estadounidense tomó como bandera la lucha por la democracia en el hemisferio y ésta llegó a su máxima expresión, durante los años de la Administración Clinton, en los cuales la política exterior norteamericana pasó de la “contención” a la “extensión de la democracia y de los mercados”.-

 

La genuina revalorización de la democracia en nuestra región facilitó la articulación entre las fuerzas políticas y sociales latinoamericanas democráticas y los funcionarios norteamericanos. De aliado de las dictaduras en los sesenta y setenta, Estados Unidos pasó a ser un socio importante -y en algunos casos indispensable- para el logro de un objetivo democrático compartido[1].-

 

Charles Kigley se preguntaba si los cambios en el nuevo sistema internacional de posguerra fría requerían una revisión de nuestros paradigmas y sugería que las transformaciones recientes en la política mundial han creado un ambiente favorable para la reconstrucción del realismo inspirado en el idealismo wilsoniano[2].-

 

Con la caída del Muro de Berlín se daba fin a un proceso comenzado en 1947, la Guerra Fría, se fechaba como nacimiento de la misma un discurso del presidente norteamericano Harry Truman en ese mismo año. Con el fin de la Guerra Fría y del orden bipolar, surgirán nuevas teorías para las relaciones internacionales[3].-

 

 Aparecerán Francis Fukuyama y el “Fin de la Historia[4], Samuel Huntington con “El Choque de Civilizaciones”[5], y otras teorías que intentaban preservar el momento unipolar que estaba comenzando[6], o bien, saber si era el momento para el neoidealismo en las relaciones internacionales[7].-

 

Con certeza ya no nos encontrábamos en un mundo bipolar, un mundo estable en la concepción waltziana, sino en un mundo para algunos unipolar, para otros multipolar, o bien, unipolar en algunos términos y multipolar en otros. Unipolar en término militares y multipolar en términos económicos.-

 

Para Christopher Layne, “el colapso de la Unión Soviética transformó al sistema internacional de bipolar en multipolar”[8]. La teoría del equilibrio de poder en referencia a las implicaciones de la unipolaridad sobre la conducta, nos dice que los Estados tienden a equilibrar el poder, y de esta manera, la preponderancia del poder en un solo Estado estimulará el surgimiento de nuevas grandes potencias, e incluso, coaliciones de potencias, decididas a equilibrar al Estado dominante[9].-

 

Al terminar la Guerra Fría, entre otras cosas por la victoria de Afganistán[10], los Estados Unidos proclamaron “el final de la Historia”. La democracia del capitalismo empresarial norteamericano se convertía en el único sistema viable. Esa situación fue confirmada posteriormente por el triunfo de los Estados Unidos en la Guerra del Golfo[11].-

 

Como nos recuerda Iván Auger, “los norteamericanos tuvieron, casi de inmediato, un bajón como consecuencia de problemas económicos. Algunos pensaron que Alemania, Japón y Corea eran quienes verdaderamente habían ganado la Guerra Fría, con un capitalismo fundado en la asociación entre capital y trabajo, es decir, domado por al socialdemocracia y el desarrollismo”[12].-

 

Pero los norteamericanos se repusieron rápido, gracias al crecimiento económico de la “era Clinton”, que llevo a pensar, incluso, que los ciclos de las economías de mercado habían sido superados y que las crisis eran producto y responsabilidad de aquellos países que no se atenían a la ortodoxia neoclásica[13].-

 

De esta manera, la conversión al mercado y al librecambismo quedó a la orden del día, y sus disidentes, por destacados que fueran, no eran escuchados.  Era una época de fuerte crecimiento, se estaba dando inicio a la nueva economía, recordemos que el slogan de campaña del presidente Clinton había sido “Es la economía, estúpido”. Por tanto, Estados Unidos se centro en su economía interna y en el fortalecimiento de la misma, pero a la vez buscaba la internacionalización de su modelo porque esto también fortalecía su economía interna. Se dieron inicio así a numerosos programas de integración, la mayoría de ellos con una fuerte base de economía neoliberal.-

 

La internacionalización del modelo capitalista norteamericano fue un éxito. Atrás parecía quedar la obra de Michel Albert de “Capitalismo contra Capitalismo” (1991), si hasta los denominados “tigres asiáticos” que gracias a un modelo basado en la intervención de la economía por el Estado habían logrado un nivel de desarrollo que en muchas cosas los igualaba a los países desarrollados, y algunos de ellos comenzaban a ser miembros de la OCDE, comenzaron a liberalizar sus cuentas de capitales, y a ello siguió la crisis.-

 

A partir de esta crisis las voces disidentes comenzarán a ser escuchadas. No obstante esto, lo que se debe tomar en cuenta aquí es que las economías del Sudeste Asiático son  ayudadas y rescatadas por Estados Unidos y el FMI, y no son libradas a su propia suerte como sucedió en el caso de Argentina.-

 

Al momento de las crisis de México y  de S. E. de Asia, la economía de Estados Unidos se encuentra en expansión. La administración Clinton infravalora al principio las caídas en México y Asia. Una vez que se demostraba que estas caídas eran verdaderos giros en el crecimiento de estas economías, decidirá intervenir. Había en Estados Unidos por aquel entonces una agenda de cooperación en pos del capitalismo y la democracia y la voluntad política de ayudar a estas economías. A esto debe sumarse factores geopolíticos de importancia en ambos casos, analizados en los respectivos capítulos y procesos de integración ya iniciados en los dos casos, uno formal como TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) con México y uno más informal el APEC (Asia Pacific Economic Corporation) que incluye países con costas en el Pacífico de Asia y América Latina.- 

 

Al momento de la crisis argentina, Estados Unidos atravesaba una recesión económica cuyo inicio data de mediados de 2000[14], y nos encontrábamos en el escenario post atentados 11/9,  que habían implicado un cambio radical desde una agenda de cooperación a una de seguridad.  En esta situación, de recesión económica en la potencia hegemónica, de cambio en la agenda internacional, se redujo la importancia a América Latina, la prioridad pasaba por Afganistán y el Extremo Oriente.-

 

La falta de voluntad política en Estados Unidos por ayudar a nuestro país tras una larga crisis, y sin un proceso formal de integración con la economía norteamericana, (en parte debido a la competencia por las exportaciones de clima templado y los subsidios norteamericanos a la agricultura), fueron los motivos que se sumaron a una situación interna insostenible en nuestro país, cuyo resultado derivó en mayor crisis.-


 


[1] Roberto Russell: “Una visión desde el Sur: la política de los Estados Unidos hacia América Latina en el siglo XXI”. Serie Documentos de Trabajo, Nro. 35. Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina, Buenos Aires, Mayo de 2001, p. 12.

[2] Cfr. Kigley, C. “The neoidealist moment in the international studies? Realist Myths an the New International Realities”. International Studies Quarterly, Nro. 37, 1993. p. 131.

[3] “La indiscutible hegemonía norteamericana ha pasado ahora a ser el único centro de poder al nivel planetario, haciendo relativa toda alianza regenerada luego de la caída del Muro de Berlín en 1989”. Cfr. Oddone, N. y Granato, L. Siglo XXI: hacia una cultura de la guerra”. Enfoques, El Eco de Tandil,  26 de julio de 2003, p. 14.

[4] Cfr. Fukuyama, F. “El fin de la Historia y el último hombre”. Ed. Planeta. Buenos Aires, 1992. Ver también:  Fukuyama, F. “¿El fin de la historia?”. Cuadernos de Debate y Reflexión. San Miguel, 1997.

[5] Cfr. Huntington, S. “El choque de las civilizaciones y la reconstrucción del nuevo orden mundial”. Ed. Paidós. Buenos Aires, 1997. Ver también: Huntington, S. “¿El enfrentamiento de las civilizaciones?”. Revista Agora, Nro. de presentación, noviembre de 1993. “Desafíos entre el Islam y la cultura occidental”. Archivos del presente. Año 2, Nro. 5,. Buenos Aires, 1996. “Occidente único, no universal”. Archivos del presente. Año 2, Nro. 7. Buenos Aires, 1997.

[6] Ver Mastanduno, M. “Preserving the unipolar moment. Realist Theories and U.S. Grand Strategy after de Cold War”. International Security, Vol. 21, Nro. 4, primavera 1997. Ver. Layne, C. “The Unipolar Ilusion. Why New Great Powers Will Rise”. International Security, Vol. 17, Nro. 4, primavera 1993.

[7] Ver Kigley, C. “The neoidealist moment in the international  Studies? Realist Myths an the New International Realities”. International studies Quarterly, Nro. 37, 1993.

[8] Cfr. Layne, C “The Unipolar Ilusion...”, op. cit., p. 5.

[9] Cfr. Mastanduno, M. “Preserving...”, op. cit., p. 56.

[10] Una de las últimas batallas de la Guerra Fría, la constituye la denominada Guerra de Afganistán, en la que fueron derrotados los soviéticos por la combinación de guerreros santos de las tribus afganas,  una legión extranjera de integristas musulmanes -entre los que se encontraba Osama Bin Laden-,   el apoyo de Logístico de Pakistán y el financiamiento de Arabia Saudita; todo esto bajo la dirección de Estados Unidos. Afganistán es a los soviéticos, lo que Vietnam es a los norteamericanos.

[11] Uno de los legados de esta guerra fue el establecimiento de bases militares norteamericanas en Arabia Saudita, lo que constituye uno de los factores de los atentados de septiembre de 2001.

[12] Auger, I.  “100 días después del 11 de septiembre de 2001”. Estudios Internacionales, Año XXXIV, Nro. 136. Santiago de Chile, octubre-diciembre, 2001.

[13] Para una visión del crecimiento económico de esta “era Clinton” se recomienda el último libro de Joseph E. Stiglitz, “Los felices 90 -la semilla de la destrucción”. Ed. Taurus. Buenos Aires, 2003. En el cual trata de explicarnos como los años 90 crearon el caldo de cultivo para la crisis de los años siguientes. Ver Capítulo 2: “¿Productividad milagrosa o aciertos involuntarios?”.

[14] Entre julio de 2000 y diciembre de 2001 Estados Unidos sufrió el más largo declive de su producción industrial desde la primera crisis del petróleo. En no más de doce meses se perdieron dos millones de empleos y la tasa de desempleo aumentó del 3,8 % al 6%, con el consecuente efecto sobre el consumo.  Cfr. Stiglitz, J. “Los felices 90”, op. cit., p. 41.