El plan de convertibilidad. Postulados teóricos y evidencia empírica.

 

Aunque caracterizado muchas veces como “plan liberal”, desde un punto de vista teórico la convertibilidad argentina no fue tal cosa. El objetivo último de la estabilidad de precios se obtuvo mediante la fijación del tipo de cambio en una paridad inmutable, y no mediante políticas monetarias restrictivas. Por el contrario, la expansión monetaria se ató al crecimiento de las reservas del BCRA, que se incrementaron notoriamente en el periodo. También se toleraron desequilibrios de las cuentas fiscales (aunque durante muchos años se obtuvo superávit primario[1]) y de la balanza comercial, financiados con ahorro interno y externo.

 

Un supuesto fuerte para un modelo como la convertibilidad era la flexibilidad de precios y salarios. Si bien los salarios y los precios industriales ajustaron lentamente a la baja (en términos relativos), los precios de los bienes no transables se incrementaron mucho más que proporcionalmente. En el plano teórico se apostaba además a un importante aumento de la productividad, que superara el posible retraso del tipo de cambio y supliera la eventual retracción de los capitales internacionales.

 

El paso previo fue la fijación de una banda cambiaria, con una brecha del 20% entre la cota inferior y la superior[2]. Adicionalmente, se instrumentó un aumento de los encajes bancarios. La relativa iliquidez favoreció la compra de divisas por parte del BCRA, que comenzó a incrementar sus reservas.

 

En abril de 1991 se sancionó la ley 23.928, de convertibilidad del austral. El signo monetario argentino volvía a ser convertible después de más de setenta años.

 

La ley prescribía que el 100% de la base monetaria debe estar respaldada por oro y divisas. Sin embargo, se aceptó que un porcentaje estuviera respaldado por bonos de deuda del Estado Nacional, valuados a su precio de mercado. Para los detractores de la convertibilidad este hecho constituía un desvío inaceptable, mientras que para los defensores se trataba de un útil instrumento que permitía implementar políticas monetarias mediante operaciones de mercado abierto.

Ley Nº 23.928. “De convertibilidad”. Principales aspectos[3]

Sancionada y promulgada: Marzo 27 de 1991.

ARTICULO 1ºDeclárase la convertibilidad del Austral con el Dólar de los Estados Unidos de América a partir del 1º de abril de 1991, a una relación de DIEZ MIL AUSTRALES (A 10.000) por cada DOLAR, para la venta, en las condiciones establecidas por la presente ley.

ARTICULO 2º — El BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA venderá las divisas que le sean requeridas para operaciones de conversión a la relación establecida en el artículo anterior, debiendo retirar de circulación los Australes recibidos en cambio.

ARTICULO 3º — El BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA podrá comprar divisas a precios de mercado, con sus propios recursos, por cuenta y orden del GOBIERNO NACIONAL, o emitiendo los Australes necesarios para tal fin.

ARTICULO 4º — En todo momento, las reservas de libre disponibilidad del BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA en oro y divisas extranjeras, serán equivalentes a por lo menos el CIENTO POR CIENTO (100 %) de la base monetaria. Cuando las reservas se inviertan en depósitos, otras operaciones a interés, o en títulos públicos nacionales o extranjeros pagaderos en oro, metales preciosos, dólares estadounidenses u otras divisas de similar solvencia, su cómputo a los fines de esta ley se efectuará a valores de mercado.

ARTICULO 6º — Los bienes que integran las reservas mencionadas en el artículo anterior constituyen prenda común de la base monetaria, son inembargables, y pueden aplicarse exclusivamente a los fines previstos en la presente ley. La base monetaria en australes está constituida por la circulación monetaria más los depósitos a la vista de las entidades financieras en el BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA, en cuenta corriente o cuentas especiales.

ARTICULO 7º — El deudor de una obligación de dar una suma determinada de Australes, cumple su obligación dando el día de su vencimiento la cantidad nominalmente expresada. En ningún caso se admitirá la actualización monetaria, indexación por precios, variación de costos o repotenciación de deudas, cualquiera fuere su causa, haya o no mora del deudor, con posterioridad al 1º del mes de abril de 1991, en que entra en vigencia la convertibilidad del Austral.

ARTICULO 12º. — Dado el diferente régimen jurídico aplicable al Austral, antes y después de su convertibilidad, considéraselo a todos sus efectos como una nueva moneda. Para facilitar dicha diferenciación, facúltase al PODER EJECUTIVO NACIONAL para reemplazar en el futuro la denominación y expresión numérica del Austral, respetando la relación de conversión que surge del artículo 1º.

 

La convertibilidad se reforzó con la reforma a la carta orgánica del BCRA, que lo convirtió en un organismo independiente y limitó su discrecionalidad para financiar al sector público y para actuar como prestamista de última instancia del sistema financiero[4]. El banco llevó a cabo una política monetaria pasiva, manteniendo algunos mecanismos para regular la liquidez en el corto plazo, como las operaciones de mercado abierto a las que se hizo referencia.

 

Simultáneamente con la convertibilidad se llevaron a cabo importantes reformas estructurales, como desregulaciones y privatizaciones, tendientes a la apertura de la economía. Este proceso de apertura provocó cambios sustanciales en la demanda agregada, ante los cuales los bienes transables ajustaron cantidades (por la competencia extranjera) mientras los no transables lo hicieron vía precio.

 

Además de dinero fresco y títulos de deuda que se utilizaron para equilibrar las cuentas fiscales, la privatización de las empresas de servicios públicos trajo una notable mejora de las prestaciones (en especial en el campo de las comunicaciones y la energía) pero al costo de fuertes incrementos tarifarios. Por primera vez en las últimas cinco décadas, el Estado perdía la capacidad de regular las tarifas públicas a las que reiteradamente había manipulado como instrumentos de política económica.

 

Adicionalmente, se operó una profunda reforma en el sistema de la seguridad social, que se desdobló en dos sistemas, llamados de reparto (de hecho el que había estado vigente hasta entonces) y de capitalización, manejado por operadores privados. La brecha registrada en la Tesorería entre la caída de los ingresos por aportes y los pagos por prestaciones (constantes o crecientes) impactó sobre las cuentas fiscales.

 

La primera etapa de la convertibilidad, hasta la crisis de México, marcó el abandono de las expectativas inflacionarias (al igual que el Plan Austral) pero ahora potenciada por la recomposición de los mecanismos de financiamiento y crédito, lo que incrementó el consumo y la inversión y, por tanto, la demanda agregada. Otra diferencia con el plan anterior era una situación fiscal más desahogada y acceso al financiamiento externo e interno por parte del Estado.

 

A raíz de este aumento de la demanda, se produjo un crecimiento explosivo de las importaciones y una suba de precios generalizada para los bienes no transables. El consumo y la inversión crecieron casi 50% entre 1991 y 1994 pero la balanza comercial, que en 1990 había sido superavitaria en 8.200 millones de dólares, arrojó un déficit de 5.700 millones en 1994.

 

Recordando el modelo de tres brechas y déficit generales:

 

(Spr – Ipr) + (T – G – R) = X – M (Q)

 

Spr = Yd – Cpr (R)

 

(Yd – Cpr – Ipr ) + (T – G – R) = X – M (S)

 


 

donde:

Spr: Ahorro privado

Ipr: Inversión privada

T: Recaudación tributaria

G: Gasto público

R: Transferencias

X: Exportaciones

M: importaciones

Yd: Ingreso disponible

Cpr: Consumo privado


 

 

 

 

 

Tabla 16: Un modelo de tres brechas durante la convertibilidad argentina.[5]

Año

Índice PBI (base 100)

Spr - Ipr

G - T

X - M

1988

100.00

8.86

6.05

2.81

1989

93.00

8.72

3.79

4.93

1990

91.70

10.71

3.82

6.88

1991

101.40

3.20

1.62

1.58

1992

111.80

-3.98

0.06

-4.04

1993

118.80

-5.28

0.10

-5.04

1994

128.90

-6.32

0.35

-6.67

1995

123.00

-2.00

0.45

-2.41

1996

128.20

-1.63

2.29

-3.91

1997

138.60

-5.76

1.40

-7.16

 

El aumento del consumo, la inversión y el gasto induce a un saldo deficitario del sector externo, si el aumento del ingreso o de la recaudación no es suficiente. En el caso de la convertibilidad argentina se verifica este hecho pese a que el déficit fiscal no es excesivo y existe además superávit primario. :

 

El modelo suponía en sus orígenes que el aumento de la productividad (apoyada por los flujos de inversiones externas e internas) corregiría un eventual retraso cambiario, permitiría reducir el déficit de la cuenta corriente y serviría para mantener el tipo de cambio nominal sin depender tanto del ingreso de capitales del exterior. Se sortearon sucesivamente las crisis del peso mexicano (1995) y del sudeste asiático (1997) sin que se manifestaran presiones sobre el tipo de cambio. Después de la caída del PBI en 1995, la economía vuelve a crecer con fuerza entre 1996 y el segundo trimestre de 1998 y los flujos de inversión extranjera se mantuvieron crecientes, acumulando 11.000 millones de dólares en el bienio 1996 – 1997[6].  La devaluación del real brasileño (fines de 1998) en cambio, fue observada con mucho más recelo por los analistas y por los inversores externos. De hecho, la economía entró en una larga recesión que continúa hasta hoy. Si bien logró mantenerse la estabilidad cambiaria, la segunda etapa de la convertibilidad presenta caída del consumo, la inversión y el empleo, y se vuelve a hacer presente el problema de la obtención de financiamiento para hacer frente a los servicios de la deuda.


 

[1] Superávit fiscal antes de pago de servicios de la deuda pública

[2] 8.000 y 10.000 australes respectivamente.

[3] Las negritas son nuestras

[4] Tácitamente esta función se trasladó a la banca extranjera

[5] Elaboración propia sobre datos de Banco Mundial

[6] CEP, 1998: 51