Riqueza, tasa de interés, inflación, distribución de la renta, términos de intercambio, tasa de crecimiento.

Muchas investigaciones han propuesto que la riqueza tiene un papel importante en la determinación del ahorro, y así lo sugieren las hipótesis del ciclo de vida y de la renta permanente. En principio, podría pensarse que las personas más ricas deberían tener una tendencia a ahorrar proporcionalmente menor, dado que la diferencia entre la riqueza deseada y la riqueza real u observada sería menor que en las personas de menores ingresos[1]. Friend y Taubman[2] analizaron el ahorro de periodos anteriores como variable proxy de la riqueza, y concluyeron que ésta última está correlacionada negativamente con el ahorro corriente. Sin embargo, se suele decir, y en contrario a lo expresado anteriormente, que las personas de menores ingresos tienen una escasa o nula propensión a ahorrar, dado que se ven forzadas a gastar toda su renta en consumo, en especial de alimentos. Este es un supuesto que ha sido utilizado recurrentemente en los modelos neoclásicos de crecimiento económico[3]. Otros modelos, como los de Kaldor[4] y Pasinetti[5], han sugerido, en cambio que los asalariados efectivamente ahorran, y que por lo tanto el ahorro es una función de las propensiones medias al ahorro de los salarios y de la renta del capital.

 

S = swW + sbK   (J)

Donde:

S = Ahorro total

sw = Propensión media al ahorro de los asalariados

sb = Propensión media al ahorro de la renta del capital

sb > sw

 

Estos modelos suponen que la propensión media al ahorro de los propietarios de capital es mayor que la de los asalariados, lo que contradice lo afirmado por Friend y Taubman. Se desprende también de estas hipótesis que a mayor concentración en la distribución de la renta, mayor será la magnitud del ahorro agregado, con sus notorias implicancias en las decisiones de política macroeconómica.

 

Según cierta evidencia empírica, en los países de América Latina el precio de los alimentos parece ser un determinante importante de la tasa de ahorro, dado que entre el 35 al 40 % del ingreso se gasta en este tipo de consumo. La elasticidad - ahorro de los alimentos sería negativa para niveles de ingreso bajo y medio[6].

 

La relación del ahorro con la tasa de interés, en particular la del ahorro privado, ha sido largamente discutida. Si bien a priori, y según la hipótesis neoclásica puede suponerse que las personas y las empresas estarían más dispuestas a ahorrar ante variaciones positivas en la tasa de interés real, el resultado final de ese aumento sobre el ahorro agregado puede ser ambiguo, según predomine el efecto sustitución o el efecto ingreso. La explicación de esta aparente paradoja radica en que ante incrementos de la tasa de interés en términos reales, el ahorro se torna más atractivo, pero menos necesario.

 

·         Efecto sustitución: Ante una suba de la tasa de interés real las personas aumentan su ahorro, con el objeto de consumir más en el futuro.

·         Efecto ingreso: El aumento de la tasa de interés contribuye a reducir la tasa de ahorro presente, ya que se necesita reunir menos activos para hacer frente al mismo consumo futuro.

 

En América Latina, y como tal, en nuestro país, es difícil encontrar estudios empíricos que hayan demostrado categóricamente cual de los dos efectos se impone. El comportamiento del ahorro agregado estará determinado por el efecto predominante.

 

Por otra parte, cuando existe un predominio de tasas de interés reales negativas durante periodos largos, como en el caso de la mayoría de los países latinoamericanos, y en especial de la Argentina, el comportamiento de los agentes económicos respecto del ahorro puede tornarse impredecible.[7] El efecto más destacado se refleja no tanto en el ahorro, como sí en la inversión, donde pueden presentarse severas ineficiencias en la asignación del crédito. Esto indirectamente, termina determinando tasas activas de interés (costo del crédito) más altas y un stock de ahorro agregado (acumulación de riqueza social disponible para financiamiento de la inversión) más bajo.

 

Para la teoría económica, la inflación tiene claros efectos negativos sobre el ahorro privado agregado. En primer lugar, alienta el consumo, en especial de las familias, ya que los individuos desean desprenderse rápidamente de sus saldos nominales, debido al deterioro del poder de compra de los mismos. El efecto de la inflación sobre el ahorro privado se potencia si la tasa pasiva de interés real es negativa, fenómeno verificado reiteradamente en la Argentina[8]. Se dice también que existe un “impuesto inflacionario”[9] que actúa como generador de un ahorro privado forzoso, del que se apropia el sector público.

 

Respecto de los términos de intercambio, el efecto Harberger – Laursen – Metzler, indica que shocks positivos en los términos de intercambio aumentan el ingreso y, por lo tanto, el ahorro.[10]Según la teoría del ingreso permanente son percibidos como ingreso transitorio y destinados al ahorro.

 

Suele decirse que una alta tasa de ahorro favorece un rápido crecimiento de la economía, vía acumulación de acervo de capital. De la misma manera, sería válido pensar en una relación de causalidad a la inversa. Altas tasas de crecimiento pueden generar aumentos en el ingreso, determinando mayores niveles de ahorro.


 

[1] Ruiz Lara, 1989: 128

[2] Friend & Taubman, 1966: 113 -123

[3] Jones, 1988: 176

[4] Kaldor, 1955: 83 -100

[5] Pasinetti, 1962: 267 -279

[6] Ruiz Lara, 1989: 134. Expresa efecto sustitución de ahorro privado agregado cuando se incrementa el costo de la canasta alimentaria.

[7] Ruiz Lara, 1989: 129

[8] Uno de los objetivos de este trabajo, es si este postulado, y los relativos a otros determinantes teóricos del ahorro pueden verificarse empíricamente para la determinación de la magnitud agregada de la variable en el caso argentino

[9] López Murphy, 1998: 44

[10] López Murphy, 1998: 8