Hipótesis keynesiana del ingreso absoluto

 

Para Keynes, el ahorro se determina fundamentalmente por el nivel absoluto del ingreso corriente, como una función lineal del mismo:

 

S = sY    (D)

Donde:

S = Ahorro

s = propensión media a ahorrar

Y = ingreso corriente

 

Keynes invoca una ley psicológica fundamental, según la cual, variaciones positivas de la renta, se corresponden con incrementos también positivos, pero proporcionalmente menores del consumo. En otras palabras, ante cada unidad monetaria de aumento del ingreso, sólo una proporción decreciente del mismo se destina a gastos de consumo, mientras que se ahorra el resto. A estas proporciones destinadas a consumo y ahorro, las denomina propensiones, y se expresan:

 

PMeS = S                                 PMgS = ΔS

        Y   (E)                                         Δ(F)

Donde:

PMeS = Propensión media al ahorro

PMgS = Propensión marginal al ahorro

S: Ahorro

Y: Renta

Δ: Coeficiente de variación

0 < PMeS < PMgS < 1

 

Gráfico 1: Función keynesiana del ahorro[1]

 

  

 

Definido el ahorro como proporción del ingreso no consumido, de acuerdo con la ley de Keynes la propensión marginal al ahorro es mayor que la razón entre ahorro e ingreso (propensión media). A bajos niveles de ingreso, al ahorro puede ser negativo (desahorro), pero a partir de un determinado nivel de ingreso corriente, se comienza a ahorrar a una tasa creciente, es decir, se ahorra una proporción cada vez mayor del ingreso. La acumulación de ahorro de periodos sucesivos determina la riqueza.

 

Para Keynes, el ahorro es el excedente de la renta sobre los gastos de consumo. Esto es válido tanto para el ahorro individual, como para el ahorro agregado. Pero aún cuando ambos tipos de ahorro se definen en los mismos términos, la suma aritmética del ahorro individual de ninguna manera representa al ahorro de la comunidad[2]. En palabras del propio Keynes:

 

“Es verdad que cuando un individuo ahorra, aumenta su propia riqueza. Pero la conclusión de que también aumenta la riqueza total, pasa por alto la posibilidad de que un acto de ahorro individual repercuta sobre los ahorros de algún otro, y por lo tanto, sobre la riqueza de éste”[3]

 

Por tanto, es importante tener en cuenta que cuando Keynes se refiere al papel del ahorro en la demanda efectiva, está hablando del ahorro agregado, y no del individual, dado que – según sus palabras – éste no determina riqueza social.


 

[1] Elaboración propia

[2] Dillard, 1971: 64-65

[3] Keynes, 1977: 83-84