Concepto, motivaciones y determinantes teóricos del ahorro

 

Cuando los antiguos pueblos recolectores descubrieron el beneficio de la agricultura, incorporaron a su saber el concepto que siglos después la teoría económica elaboraría sobre el ahorro. La reserva de una pequeña cantidad de semilla, tenía la capacidad de transformarse en la cosecha del año siguiente. En otras palabras, se obtendría un beneficio adicional sacrificando una parte del consumo presente. Hoy, asociaríamos esa reserva con el concepto de inversión.

 

Ahora bien, no había manera de garantizar el resultado de la cosecha posterior. La falta de lluvias, o un granizo inesperado, podían malograrla y significar un retroceso a la fase recolectora. Por lo tanto, se pensó que también sería procedente reservar sistemáticamente una parte del producto previo, para hacer frente a las necesidades causadas por imprevistos.

 

Al comprenderlo, estos pueblos incorporaron lo que suele utilizarse como fundamento primero del ahorro en la literatura económica:

 

Resguardo. Reserva para hacer frente a la disminución de la capacidad productiva.

 

Si podía sacrificarse una proporción de la cosecha para asegurar tanto la producción siguiente como el consumo futuro, también era factible pensar que se podía reservar otra parte de la misma para intercambiar por producción de las comunidades cercanas. Estos primitivos intercambios dieron origen a la economía de trueque.

 

A medida que estos pueblos adoptaron la vida sedentaria, la idea del trueque se trasladó a los individuos. Al tiempo que éstos fueron diferenciando su producción, percibieron la posibilidad de intercambiar con sus vecinos. Está claro que la economía del trueque presentaba dificultades que no es el caso tratar aquí. Pasando distintas etapas evolutivas, se llegó a lo que hoy llamamos economía monetaria. Esta forma de intercambio avanzado implica la creación de un bien fiduciario, el dinero, que en principio tomó forma de metálico acuñado y más tarde de papel moneda[1]. Las principales funciones del dinero se van a recordar y comentar seguidamente.[2]

 

·         Unidad de cuenta: Los precios del resto de los bienes de la economía se expresan en unidades del bien llamado dinero. El dinero, como unidad de cuenta, es un bien de precio fijo.

·         Medio de pago: El dinero se acepta universalmente para realizar transacciones y cancelar deudas entre los agentes económicos participantes.

·         Reserva de valor: El bien llamado dinero debe servir para conservar el poder adquisitivo a lo largo del tiempo. La inflación afecta negativamente a esta función del dinero, que se diluye cuando los aumentos del nivel de precios son elevados. La suposición de que el dinero mantiene su valor constante en el tiempo cuando se alteran los niveles de precios de una economía se denomina ilusión monetaria.

La función reserva de valor es particularmente importante en este punto. Dada una cantidad fija de dinero, si algunos bienes de una economía cerrada son demandados por encima de la cantidad producida, el precio relativo de esos bienes tenderá a aumentar. Si se aumenta la cantidad de dinero circulante, los consumidores requerirán más bienes y se producirá el mismo efecto. En correspondencia con estos procesos, se afirma que el dinero tiende a perder su valor en el tiempo. Aquí se introduce otro fundamento del ahorro en la literatura económica

 

Valor del dinero en el tiempo: Recompensa de sacrificar consumo presente para poder consumir en el futuro. La medida económica de este sacrificio es la tasa de interés. El dinero disponible hoy, vale más que la expectativa de la misma cantidad que se recibirá en el futuro.[3]

 

En una economía no inflacionaria, la diferenciación entre resguardo y valor del dinero en el tiempo puede parecer una sutileza. Pero no lo es desde el punto de vista práctico. Si decimos que el dinero es medio de pago y unidad de cuenta, pero implícitamente se acepta que puede no actuar como reserva de valor, ¿cómo comprobamos si esa afirmación es cierta? Bien, estableciendo una relación con la cantidad de bienes que pueden adquirirse con él en un intervalo temporal. Los manuales de introducción a la economía dicen que el ingreso disponible[4] del sector privado (Yd) se descompone en una proporción que se consume, digamos c, y una que se ahorra, llamémosla s. De modo tal que

 

Yd = c + s    (A)

 

Si Yd, permanece constante y dejamos de consumir una parte de c, aumentará la proporción de s para mantener la identidad. Pero una actitud tal, sólo tendrá sentido si ese sacrificio de consumo presente se recompensa con un mayor consumo en el futuro. En otras palabras, sólo si en el futuro podemos adquirir más bienes que los que nos abstenemos de comprar en el momento presente, el ahorro será recompensado. El mecanismo de retribución, que se vincula con el valor del dinero en el tiempo, es la tasa de interés.

 

¿Es la tasa de interés nominal garantía de retribución positiva del ahorro? No lo es, dado que estamos vinculando el valor del dinero en el tiempo con la cantidad de bienes que puede adquirirse con él. Introducimos entonces otro de los conceptos a los que se apelará permanentemente en este trabajo: la tasa de interés real. Esta mide la variación del poder adquisitivo resultado del ahorro, y se expresa:

 

ir = i – π

             1 + π    (B)[5]

 

Donde

ir: Tasa de interés real

i: Tasa de interés nominal

π: Tasa de inflación

 

Si la tasa de interés real es positiva, el ahorro presente se verá recompensado por un consumo mayor en el futuro.

De una economía con altas tasas de ahorro se espera una intensificación del uso del capital, productividad creciente, aceleración del progreso tecnológico, mayor absorción de trabajadores y tasas de crecimiento estables[6].

 

Sucintamente hemos enumerado una serie de motivos por los cuales las personas ahorran. Ya sea en magnitudes individuales o agregadas, las propensiones media y marginal al ahorro, que se definen más adelante, diferirán en función del ingreso disponible, de la preferencia por el consumo presente, de la tasa de interés real y de otros factores más difícilmente mensurables, como las pautas culturales o los hábitos de los consumidores. Factores como la alternancia de ciclos expansivos y recesivos, la inflación o la forma de distribución del ingreso, también alteran la propensión al ahorro de los individuos y las empresas. En este trabajo, intentaremos definir una o varias funciones de ahorro en términos de algunas de las variables mencionadas, para los periodos históricos establecidos.


 

[1] Fiduciario proviene de fe. Según el diccionario de la Real Academia Española, en su segunda acepción “Que depende del crédito y la confianza que merezca”. Moneda fiduciaria:“La que representa un valor que intrínsecamente no tiene, como el billete de banco”. No necesariamente ésta es una atribución del papel moneda. La propia moneda acuñada en metal precioso es fiduciaria, pues se confía en que contiene una determinada cantidad de ese metal.

[2] Krugman & Obstfeld, 1999: 296. Val, 1999: 17

[3] Bodie & Merton, 1999: 81

[4] Ingreso de las familias y las empresas después de impuestos

[5] También puede expresarse como: 1 + ir = 1 + i / 1 + π. Bodie & Merton, 1999: 117

[6] Brufman & Urbisaia: 1999, 79