Auto-Organización
(y otras Propiedades Emergentes)

La Organización como Organismo Viviente

La nueva perspectiva con la que ahora contamos no nos permite menos que imaginarnos a la organización como lo que es: Un Sistema Viviente. Los sistemas vivientes cuentan con la capacidad asombrosa de la auto­organización y eso hace que los sistemas se mantengan en sus componentes integrados para lograr algún fin. Las organizaciones administran la complejidad a través de la subdivisión en partes; en departamentos, en especialidades, en proyectos, en equipos de trabajo. Sin esa subdivisión sería imposible administrar a la célula, digamos entonces que la organización se divide para administrar su complejidad, ¿cómo?, pues repartiendo las funciones básicas del sistema total como son la realización de actividades, toma de decisiones, la acumulación de información, la administración de recursos etc. Cada parte subordinada a un todo mayor que engloba las propiedades que caracterizan al sistema. Aunque por otro lado, el todo está interconectado elemento con elemento, y debemos de poder desarrollar nuestra capacidad de ver la red de interacciones donde aparentemente existe un vacío.

Esta es razón de más para esperar que el sistema se encuentre bien integrado. Porque si bien es cierto que existen propiedades de auto­organización en los sistemas organizacionales también es preciso decir que se encuentran sujetos además a la voluntad del hombre. La decisión de cerrar la empresa, venderla o reducir su capacidad son cambios que solo requieren de una orden y no de la evolución natural de la empresa. A eso estamos expuestos en este nivel de sistemas. La decisión centralizada de un solo hombre puede matar a una empresa, aunque también la visión compartida de un grupo de personas en sinergia puede hacer de la organización un ente prácticamente invencible, insuperable por su competencia.

Todas las organizaciones, al igual que los sistemas a todos los niveles de la taxonomía cuentan con propiedades que permiten la cohesión e integración de elementos para lograr los fines para los cuales está diseñado el sistema. Estas propiedades están vigentes en todo organismo y depende de la inteligencia de los administradores aprovecharlas al máximo, porque en algunos casos sucede todo lo contrario, se trabaja en la dirección opuesta y se le resta efectividad y eficiencia al sistema. Se comienza a perder la energía con la que debe operar el sistema y éste empieza a aumentar su nivel de entropía, hasta que en un momento determinado el sistema muere.