El Modelo Estructura-Procesos

Diseño

Un punto crucial para cualquier sistema es el de su diseño porque es precisamente ese el momento en el que se moldea y define a sus estructura y se crea el abanico de posibilidades en sus procesos. De aquí dependen las posibilidades para que la organización sea exitosa o no. De hecho, un sistema mal diseñado es un sistema costoso de administrar, porque es un sistema en donde la entropía comienza a crecer desmedidamente y puede hacer que eventualmente la organización pierda su capacidad de crear ciclos positivos.

El crear una organización requiere de un planteamiento inteligente y balanceado, cubriendo dentro del diseño todos los aspectos que permitirán a la organización transformar, distribuir y comercializar sus productos de la manera más eficiente posible. De ahí que al diseñar la organización debemos de preguntarnos entre otras cosas:

  1. ¿Qué tipo de organización necesitamos?
  2. ¿A qué tipo de mercado va a atender?
  3. ¿Cual es el medio ambiente en el que estará inmersa la organización (con todas sus características)?
  4. ¿Que velocidad de adaptación requiere la organización?
  5. ¿Qué tipo de aprendizajes requiere capitalizar para adaptarse?
  6. ¿Cómo debemos de configurarla para que sea capaz de alcanzar los resultados que esperamos?
  7. ¿Qué tipo de conductas y procesos emergerán de este tipo de organización?

De esta forma debe quedar claro que uno de las facultades en la que tienen mayor responsabilidad los administradores en la organización es la del diseño o rediseño. Porque si no entonces ¿para qué se diseña una organización?. Por que es muy cierto, como se menciona en la película "El Campo de los Sueños"; "constrúyelo y ellos vendrán…", y a ello yo agregaría que cada sistema es el resultado de la estructura en la que está soportado.

No existe nada como la oportunidad de definir bien la estructura del sistema. Las partes asociadas en comunión para cumplir un fin integral. De hecho todo ordenamiento de elementos dentro de un sistema generará resultados obedeciendo al alcance de sus posibilidades, obedeciendo a las características de los elementos y las interacciones se encuentra inmerso.

Desde el inicio se tiene la oportunidad de planear, evaluar definir, modelar y establecer los criterios necesarios para que el diseño cumpla con los fines para los cuales fue creado. El diseño es una oportunidad de oro para hacer que desde ese momento el sistema funcione correctamente. Si el tiempo es presión para generar el diseño y llevarlo a la realidad nunca se podrá comparar con la satisfacción de haber creado al sistema correcto correctamente. Es por ello que un sistema mal diseñado es un sistema costoso y condenado a morir, así también un sistema, que no se adapta a la dinámica de su medio ambiente es candidato a desaparecer.

Es una realidad en los sistemas con diseños pobres y con niveles de operatividad de bajo rendimiento. Naves mal construidas, equipo mal instalado, equipo inadecuadamente localizado, pobre definición interfase social-tecnológica, políticas de operación no adecuadas, reglas no claras de trabajo-contribución, no formalización de mecanismos de comunicación, mala capacitación, etc.

Lo que en algunos casos se convierte en un récord de tiempo de diseño ó de instalación de infraestructura a la larga llega a convertirse en un incremento sustancial de complejidad en el sistema. La tentación del éxito del corto plazo sobrepasa a la proyección de los efectos secundarios en el mediano y largo plazo, porque los diseños que no cumplen con su variedad requerida tienden a volverse ineficientes. La semilla del desorden crea un monstruo difícil de controlar si se le deja sembrada por ahí.

Mc Master (1996, 60) menciona que los principios del diseño de un sistema tiene que hacerse desde las perspectivas de auto-organización y auto­soportabilidad a fin de garantizar inteligencia desde el diseño. El recomienda analizar: