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Manuel Belgrano (1770-1820)
Aunque
la historiografía lo ha hecho trascender principalmente como militar y
político, Belgrano, uno de los próceres de la independencia de su país, está
considerado el primer economista de la Argentina.
Manuel
Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en Buenos Aires, el 3 de junio
de 1770, en el seno de una familia acomodada. Su padre era un comerciante
español que se preocupó por darle una buena educación. Estudió en el Real
Colegio de San Carlos (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires) y luego viajó a
España, a seguir la carrera de leyes, primero en Salamanca y luego en Madrid
y Valladolid, donde se graduó de abogado.
En la Península Ibérica el joven Belgrano se interesó de modo especial en la
economía política, leyendo a
Vitoria,
Quesnay, Adam Smith,
Jovellanos y
Campomanes, entre otros, y llegando a presidir la
Academia de Práctica Forense y Economía Política de Salamanca; incluso
tradujo del francés un tratado de “Principios de la Ciencia
Económico-Política” que se publicaría en Buenos Aires en 1796. A raíz de la
lectura de los autores clásicos quedó imbuido de las ideas de libre mercado.
Su interés en las cuestiones de índole económica influyó para que, a su
regreso a América en 1793, lo nombraran primer Secretario del Consulado de
Buenos Aires, un organismo creado con el objeto de fomentar el desarrollo de
la agricultura, la industria y el comercio en el Virreinato del Río de la
Plata.
Estas fueron sus palabras
“Nada más importante que tener un conocimiento exacto de la riqueza y
fuerza de los Estados; este es el objeto de la ciencia Estadística, y su fin
para proceder con acierto en todas las disposiciones que se dirijan al orden
económico a efecto de fomentar la Agricultura, animar la Industria y
proteger el Comercio, como que son los arcos torales de la felicidad
pública. Esos datos son necesarios, son útiles, y en vano es creer que sin
ellos se puedan tratar con acierto, según que lo desean nuestros jefes, las
materias interesantes a la causa común del Estado; sin conocimientos de la
fortuna pública, de las necesidades y recursos de estas Provincias, no es
posible que se dicten las providencias más convenientes a la felicidad
general”
Publicado en el “Correo de Comercio”, el
sábado 14 de abril de 1810. |
Pero como la economía colonial estaba
sujeta al férreo régimen monopólico impuesto por la metrópoli, poco era lo
que se podía hacer en favor de la liberalización del comercio de las
provincias. Las autoridades, en efecto, temían que una relajación de esas
normas tuviera como consecuencia la pérdida de las colonias. Incluso los
miembros del Consulado, comerciantes beneficiados por las condiciones
imperantes, se oponían a cualquier intento de apertura.
Sin embargo, Belgrano no se dejó abatir y comenzó a desplegar una actividad
intensa. En las “Memorias” anuales del Consulado, cuya redacción tenía a
cargo, expuso con claridad sus ideas, abogando por lo que hoy llamaríamos el
desarrollo agrícola sustentable y el cuidado del medio ambiente, e
impulsando el comercio y la industria. Propuso la rotación de cultivos, la
forestación, el establecimiento de curtiembres y el impulso de la navegación
comercial. La Memoria de 1776 es un verdadero programa de desarrollo basado
en el sector agrícola. También propició la construcción de un muelle y el
sondeo del río de la Plata; promovió la creación de una Escuela de Comercio
para la enseñanza de aritmética, teneduría de libros, principios de cambio,
reglas de navegación, leyes y costumbres mercantiles, elementos de
geografía, estadística comercial comparada y economía política; y propuso la
instauración de premios para trabajos de experimentación y para iniciativas
agrícolas e industriales.
Ejerció el periodismo, publicando artículos en el “Telégrafo Mercantil”
desde 1801, en el “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio” a partir
de 1806 y en la “Gaceta de Buenos Aires” en 1809. En 1810 creó y dirigió el
“Correo de Comercio”.
La dinámica institucional lo llevó a asumir riesgosas posiciones políticas y
responsabilidades militares para las que no estaba preparado, pero que llevó
adelante con determinación y compromiso. Así, durante las invasiones
inglesas de 1806 y 1807 participó de las acciones de reconquista y defensa
de Buenos Aires, y desde 1810 —año en el que formó parte de la primera Junta
de Gobierno revolucionaria— fue oficial de las fuerzas patriotas; como tal,
creó y enarboló por primera vez la bandera nacional. Más adelante, ejerció
también la representación diplomática en Europa.
El 20 de junio de 1820, víctima de la sífilis y la hidropesía, Belgrano
murió en una pobreza casi extrema, en la misma ciudad donde había nacido
rico.
Biografía remitida por Miguel
A. Mastrocello
(CV)
mmastroscello en speedy.com.ar
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