Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352

 

Economía de Venezuela

 

La ocupación en Venezuela. Un análisis econométrico; periodo 1998-2006.

José Luis Morán Esparza (CV)
UNEFA - Falcón, Venezuela
moran.joseluis@gmail.com

 

RESUMEN: El Objetivo de la presente investigación consiste en determinar los impactos que sobre la ocupación en Venezuela ejercen las variaciones de la Fuerza de trabajo, la formación bruta de capital real y las importaciones reales. En este sentido se analizo el periodo 1998-2006 con el apoyo de cifras macroeconómicas de los anuarios estadísticos del BCV (Banco Central de Venezuela) y del INE (Instituto Nacional de Estadísticas.
La Indagación tiene un nivel perceptual y comprensivo, por cuanto es de carácter exploratorio e indagativo, además de entender, pronosticar y exponer pues, descansa en una exhaustiva revisión bibliográfica respecto a las diferentes teorías económicas que explican la ocupación o empleo y de los factores que la explican, así como el uso del método estadístico de los Mínimos Cuadrados Ordinarios que nos permitió realizar la regresión del modelo econométrico propuesto.
Unas de las conclusiones a las cuales llega la investigación, versa entonces en inferir que la Inversión o Formación Bruta de Capital real ejerce una influencia determinante en la generación de empleo así como también pero en sentido contrario, el incremento sobre las importaciones reduce la creación de nuevos puestos de y trabajo.

Palabras Claves: Empleo, Formación bruta de capital real, importaciones.


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Morán Esparza, J.L.: "La ocupación en Venezuela. Un análisis econométrico; periodo 1998-2006. " en Observatorio de la Economía Latinoamericana Nº 84,  septiembre 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/ve/


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El desempleo es una preocupación insoslayable de las autoridades y del pueblo en general. El desempleo conlleva a una dilapidación de recursos humanos que de otro modo podrían estar produciendo bienes y servicios para satisfacer las necesidades de la sociedad. Al mismo tiempo puede significar extrema miseria personal para los trabajadores cesantes y es, en consecuencia, una preocupación social fundamental.

He aquí la importancia de este trabajo de investigación, el cual se propone por un lado indagar las causas que fundamentan o explican la reproducción de empleo en la economía y por otra parte la justificación de nuestra propuesta que descansa en la profundización de la política social generando un modelo de estrategias para crear empresas de producción social comunitarias hacia la generación de empleo productivo y estable en las localidades pobres o excluidas del sistema capitalista.

A pesar de que existe consenso en cuanto a la gravedad del desempleo para la sociedad, no existe consenso respecto a las causas que lo originan como tampoco los decisores políticos se han puesto de acuerdo en cuanto a las posibles soluciones.

Hablando en general – y dejando a un lado los tipos híbridos que son muy comunes en nuestros tiempos debido al desarrollo intelectual, económico, etc. Que hacen que las teorías vayan modificándose y adaptándose a las nuevas condiciones- se ofrecen tres explicaciones del fenómeno del empleo: las neoclásicas, las keynesianas y las marxistas.

1.- El empleo en los Clásicos:

Para Smith; solo esboza el problema del empleo en el contexto de su teoría del salario, no constituyendo objeto específico de su investigación. Para Smith existe una estrecha relación entre la variación del salario y el empleo, lo cual puede sintetizarse en las siguientes afirmaciones:

1. Los salarios varían en proporción inversa a lo grato del empleo.
2. Los salarios varían en proporción directa al costo de su aprendizaje como la educación en las artes y en las profesiones liberales, aun es más largo y costosa.
3. Los salarios varían en proporción inversa a la continuidad del empleo (ningún otro trabajo es más fácil de aprender que el del albañil). Su compensación es la eventualidad del empleo.

Luego, Ricardo tenía plena conciencia de que con el desarrollo de las máquinas estas sustituirían al hombre como mano de obra, es decir, con la incorporación de las máquinas al proceso productivo el nivel de mano de obra necesaria sería menor, pero a la vez creía que esa mano de obra sustituida, encontraría trabajo más adelante, aunque en los primeros momentos le traería sus inconvenientes.

Si el capitalista, “al utilizar las nuevas maquinarias logra obtener el ingreso neto usual, estará estimulado a aumentar la demanda de trabajo y por tanto, se incrementará la producción”. Esta es la ocupación eminentemente burguesa; reconoce las contradicciones entre obreros y terratenientes al admitir el empeoramiento de la situación de la clase obrera, pero en todo momento los obreros no pueden resolver ellos mismos su destino.






2.- Teoría neoclásica del empleo:

Los neoclásicos le otorgan un papel fundamental al mercado, pues lo consideran el mejor distribuidor de los recursos. Según la teoría de la competencia del laisser-faire, el paro se debe, bien a una interferencia del gobierno en el libre juego de las fuerzas del mercado, o generalmente, a prácticas monopolísticas. Solo con que el gobierno se abstuviera de intervenir en los asuntos económicos mediante la legislación social, los subsidios, los derechos arancelarios, etc. y abandonara el campo a la iniciativa privada y a la libre contratación en el mercado, se aseguraría automáticamente un alto nivel de ocupación. (Oxford. U, 1948)

Reducido a su expresión teórica: el paro existe porque los salarios son demasiados altos, este nivel, indebidamente alto se mantiene por las prácticas monopolísticas de los sindicatos obreros, e indirectamente por el sistema de distribución que garantiza un nivel mínimo.

Si se suprimieran estas restricciones, la competencia obligaría a los salarios a descender hasta el nivel en que resultara provechoso para los empresarios emplear más trabajo.

Pigou, contemporáneo con Marshall, tiene varias obras, dentro de las que destaca “La Teoría del empleo”, donde desarrolla lo que se ha considerado la teoría neoclásica de la ocupación, que no es más que la teoría del empleo voluntario, la que explica a través de la ley de los rendimientos decrecientes de los factores de la producción, principalmente del trabajo.

Este esboza que la relación entre el nivel de ocupación y el salario real es inversamente proporcional, lo que quiere decir que a media que aumente el salario real, menor será el nivel de ocupación y viceversa.



Para Keynes, la teoría de la ocupación del profesor Pigou “…es la única descripción detallada que existe de la teoría clásica de la ocupación” (Keynes, 1976, Pág. 21), donde su esencia está dada por las formas de aumentar la ocupación.

De manera general la teoría neoclásica del empleo parte del equilibrio en el mercado de trabajo (gráfico 1), pues plantea que el nivel de empleo es determinado mediante la igualdad de la demanda de trabajo (DL) y la oferta de trabajo (OL). Ambas curvas expresan una relación entre los salarios, los precios y el empleo.
Equilibrio en el mercado de trabajo

Grafica No. 1.
La curva de demanda de trabajo (DL) es decreciente, lo que significa que a medida que disminuya el salario real (W/p) aumentará la cantidad demandada de trabajo. La curva de oferta de trabajo (OL) es creciente, pues a medida que aumenta el salario real aumentará también la cantidad de trabajo ofertada. El equilibrio en el mercado de trabajo se alcanza cuando DL = OL, y esto ocurre en el punto E, donde No corresponde al nivel de pleno empleo.
Fuente: Macroeconomía. Pág. 503.



3.- Demanda de trabajo:

La demanda de trabajo representa la parte de los empresarios en el mercado de trabajo. Ella expresa una relación inversa entre el salario real, que es la relación entre el salario y los precios, y el empleo, lo que puede deducirse gráficamente por la pendiente negativa de la curva de demanda de trabajo.

Los economistas neoclásicos parten de que la ley de los rendimientos decrecientes (Campbell et. al, 2003) se pone de manifiesto en la productividad del trabajo, siendo esto una de las causas de que la curva sea de pendiente decreciente.

Suponen que la productividad marginal del trabajo disminuye a medida que se emplea más trabajadores. Existe una cantidad fija de capital por lo que al emplear más mano de obra, corresponde a cada nuevo trabajador menos maquinaria que a los anteriores, añadiendo menos a la producción este nuevo trabajador que los otros trabajadores. Por tanto, el producto marginal del trabajo es decreciente al igual que la demanda de trabajo.

Según estos economistas, en un mercado competitivo, esta es la única causa de la pendiente decreciente de la demanda de trabajo, pues en este tipo de mercado los precios están dados. En el caso del mercado imperfecto además de la productividad marginal del trabajo decreciente existe otra razón, los precios del producto, pues estos bajan a medida que aumenta la producción.
Las empresas son competitivas y por tanto, desean pagar un salario real igual al producto marginal del trabajo.

Según lo explicado anteriormente esta curva de demanda agregada sería a corto plazo (Dcp), porque existe una cantidad fija de capital, por lo tanto, también puede existir una curva de demanda en el largo plazo (Dlp), donde tanto el trabajo como el capital son factores variables.



Esta curva de demanda de trabajo a largo plazo (gráfico 2) también tiene pendiente negativa, en este caso porque el salario provoca un efecto-producción a corto plazo y un efecto-sustitución a largo plazo, que alteran conjuntamente el nivel óptimo de empleo de la empresa.



Una reducción del salario de W1 a W2 eleva a cantidad de trabajo a corto plazo de equilibrio de Q a Q1 (efecto-producción). Sin embargo, a largo plazo la empresa también sustituye capital por trabajo, lo que produce un efecto-sustitución de Q1Q2. Por tanto, la curva de demanda de trabajo a largo plazo es el resultado de ambos efectos y se halla conectado, por ejemplo, a los puntos a y c. Fuente: Campbell et. al (2003) Pág. 141








El efecto-producción también llamado efecto-escala no es más que la variación del nivel de empleo ante una modificación del costo de producción del empresario al variar los salarios de los trabajadores. Normalmente una reducción del salario de los trabajadores disminuye el costo marginal del producto, por lo que los empresarios pueden producir una unidad adicional a un menor costo. Al aumentar la producción aumenta la demanda de trabajo.

El efecto-sustitución es la variación que experimenta el empleo debido únicamente a una variación del precio relativo del trabajo, manteniéndose constante la producción. En este caso el empresario decidirá sustituir algunos tipos de capital (que es un factor variable al ser un efecto en el largo plazo) por trabajo, el que es relativamente menos caro. La respuesta a largo plazo es mayor que a corto plazo pues genera un mayor nivel de empleo, expresando gráficamente en una curva de demanda de trabajo a largo plazo más elástica que la de corto plazo.

Estos dos efectos en conjunto provocan un aumento del nivel de empleo de mayor magnitud. Existen otros factores que aumentan más la elasticidad de la demanda de trabajo a largo plazo como la demanda del producto, la relación entre trabajo y capital y la tecnología.

La curva de demanda de trabajo del mercado es menos elástica que la mera suma horizontal de las curvas de demanda de cada empresa. Por ejemplo, una reducción de salario motiva a las empresas a aumentar su producción y el número de trabajadores, lo que provocará un aumento de la oferta del producto, lo que a su vez tiende a disminuir el precio del mismo en el mercado.
Precisamente el precio de producto es un factor que influye sobre la demanda de trabajo de cada empresa, provocando un efecto contrario aunque en menor cuantía, pues en términos absolutos el nivel de empleo aumenta pero menos que si se sumaran horizontalmente las demandas de trabajo de cada empresa.




4.- Oferta de trabajo:
La oferta de trabajo representa la parte de los trabajadores en el mercado de trabajo. Esta curva expresa una relación directamente proporcional entre el salario nominal y el empleo, si aumenta uno también aumenta el otro.

Cada individuo ofrece al mercado una cantidad de trabajo, la cual está determinada por la distribución diaria de su tiempo (el que es fijo) entre las actividades que realiza dentro del mercado de trabajo (trabajo) y las actividades que realiza fuera del mismo (ocio). El trabajo también es definido como el empleo en el cual se recibe remuneración, mientras que el ocio incluye todas las actividades realizadas por los individuos y por las que no reciben remuneración alguna.

Según los neoclásicos para que cada individuo distribuya su tiempo de forma óptima entre estas actividades necesita dos tipos de información: la información psicológica subjetiva sobre sus preferencias por el ocio y el trabajo, las que se representa a través de las curvas de indiferencia; y la información objetiva del mercado representada por la restricción presupuestaria. (Campbell et. al, 2003)

Una curva de indiferencia expresa diferentes combinaciones de horas de ocio (o de trabajo) y de renta diaria, estas combinaciones son indiferentes entre sí pues representan un mismo nivel de utilidad para el individuo. Un individuo puede sentir satisfacción ante el trabajo, el ocio o la renta, pero para poder obtener una cantidad mayor de uno de esos bienes debe renunciar a alguna cantidad de otro para mantener el mismo nivel de utilidad.

Esto explica empíricamente la pendiente decreciente de las curvas de indiferencia. Pero además de ser decrecientes las curvas de indiferencia son convexas porque cada vez más los individuos son más reacios a cambiar una cantidad de bien escaso por otro cualquiera, por ejemplo a medida que aumenta su nivel de ocio, el individuo está dispuesto a renunciar a menos cantidad de renta a cambio del ocio, el cual posee en abundancia no pasando lo mismo con la renta. En términos técnicos la curva de indiferencia se mide por la relación marginal de sustitución (RMS) de renta y ocio y estas suelen diferenciarse para cada individuo pues todos no tiene los mismos gustos o preferencias, también se pueden diferenciar por el tipo de trabajo, si este es más agradable o no; así como de las circunstancias específicas de cada persona, su entorno familiar, circunstancias económicas, de salud, etc.
La restricción presupuestaria muestra todas las combinaciones de renta (bienes) y ocio que puede acceder un trabajador según su salario, bajo el supuesto de que la única fuente de renta monetaria es el trabajo, es decir, que el individuo no tiene ahorros acumulados ni puede pedir prestado. La pendiente no es más que el reflejo del salario por hora.

La oferta de trabajo de un individuo es creciente y esta se puede ver afectada por una variación de la renta o por una variación del salario.

El Efecto-renta: Se refiere a la variación del número deseado de horas de trabajo por una variación de la renta, manteniendo constante el salario. En el caso de una persona específica, las horas de trabajo pueden aumentar durante un tiempo a medida que suben los salarios, pero hay un punto a partir del cual las nuevas subidas pueden provocar una reducción de la oferta de horas de trabajo. La curva de oferta de trabajo de este individuo es ascendente durante un tiempo y a continuación, se vuelve hacia atrás, denominándose curva de oferta de trabajo que se vuelve hacia atrás.

El Efecto-sustitución: Indica la variación del número deseado de horas de trabajo provocado por una variación del salario, manteniéndose constante la renta. Cuando suben los salarios y el ocio se encarece, es razonable sustituir ocio por trabajo (comportándose el ocio como un bien normal). Es decir, en el caso de una subida salarial, el efecto-sustitución lleva al individuo a desear trabajar más horas. (Gráfico 3)




Estos efectos se pueden combinar. Si el efecto-sustitución domina al efecto-renta, el individuo optará por trabajar más horas cuando suba el salario, lo que coincide con la parte ascendente de la curva de oferta de trabajo que se vuelve hacia atrás. En caso contrario, el individuo tenderá a trabajar menos horas, correspondiendo la parte hacia atrás de la curva.

En este modelo se supone implícitamente que los trabajadores pueden elegir individualmente el número de horas que trabajan. La curva de oferta de trabajo del mercado es creciente e indica que los trabajadores desean ofrecer más horas de trabajo cuanto más elevado es el salario real.

Según estas teorías, las curva de demanda y oferta de trabajo se cortan en un punto (E), con un nivel correspondiente de factor trabajo o empleo (No) y un nivel de salario real en equilibrio (Wo/Po). Dicho en otras palabras, en el punto donde coincidan los criterios de utilidad, correspondientes a la demanda de trabajo que formulan los empresarios, con los de des-utilidad (sacrificio por trabajar), que forma la función de oferta de trabajo de los obreros, en ese punto quedará determinado el volumen de ocupación.

Los economistas neoclásicos llegan a la conclusión de que la economía siempre funciona en el nivel de pleno empleo.


Gráfico 3. Efecto - renta y efecto - sustitución de una subida salarial

Suponiendo que el ocio es un bien normal, el efecto-renta correspondiente a una subida salarial siempre provoca una reducción del número de horas de trabajo, que en esta figura es una reducción del tiempo de trabajo de h1h´2 horas. El efecto-sustitución, provocado por una subida de salario, se traduce en un aumento de las horas de trabajo de h´2h2 horas. En este caso, el efecto-sustitución es mayor que el efecto renta y el trabajador decide trabajar h1h2 horas adicionales como consecuencia de la subida de salario.
Fuente: Campbell (2003). Pág. 29


En la década de los sesenta los economistas llegaron a la conclusión de que el objetivo alcanzable de la política de pleno empleo era una tasa de desempleo del 4%. En las décadas de 1970 y 1980, muchos factores llevaron a subir esta cifra hasta un 6% para los Estados Unidos y entre un 8 y 10% para los países europeos. Dos de estos factores fueron el cambio de la composición de la población activa total correspondiente a grupos que tenían elevados tasas de paro, como los adolescentes; y que las tasas de desempleo cuando se encontraban alrededor del 4% estaban acompañadas de unas tasas cada vez más rápidas de inflación.

La tasa natural de desempleo es aquella tasa que corresponde al equilibrio macroeconómico, en que la inflación esperada es igual a su nivel efectivo, es aquella tasa a la que retornaría la economía después de una recesión o auge. Esta tasa también es llamada tasa de desempleo de inflación estable, debe este nombre a la teoría elaborada por A. W. Phillips.

La curva de Phillips es una relación inversa entre la tasa de desempleo y la tasa de crecimiento de los salarios monetarios; cuanto más elevada es la tasa de desempleo, menor es la tasa de incremento de los salarios, expresado en otras palabras, existe una aceleración de intercambio o un compromiso entre la inflación de salarios y el desempleo.

Este concepto fue corregido por primera vez en 1968 por Milton Friedman; de modo independiente lo desarrolló Edmund Phepls. Ellos pronosticaron la muerte de la curva de Phillips sencilla, planteando que esta curva podía trasladarse a lo largo del tiempo, a medida que los trabajadores y las empresas se iban acostumbrando a la inflación y esperaban que ésta continuara.







La proposición de Friedman y Phelps es que a largo plazo la economía se desplazará hacia la tasa natural de desempleo, cualquiera que sea la tasa de variación de los salarios y de los precios. El argumento se basaba en la definición de la tasa natural de desempleo como la tasa de desempleo friccional que es coherente con el equilibrio del mercado de trabajo. Siempre que el desempleo esté por encima de la tasa natural de desempleo, estará buscando empleo más gente que la que es compatible con el equilibrio del mercado de trabajo.

Este exceso de desempleo dará lugar a que el salario real caiga, de modo que las empresas querrán contratar a más trabajadores y habrá menos personas que quieran trabajar, volviendo a descender la tasa de desempleo hasta volver a la tasa natural. En el caso contrario, en que la tasa de desempleo esté por debajo de la tasa natural, hay muy pocas personas que están disponibles para que las empresas cubran sus puestos de trabajo tan deprisa como lo hacen normalmente, por lo que el salario real subirá, dando lugar a que las empresas deseen contratar a menos trabajadores y atrayendo más personas a la fuerza laboral. La tasa de desempleo se elevará hasta volver a la tasa natural de desempleo. Por tanto, coexiste una relación de intercambio a largo plazo entre inflación y desempleo (Gráfico 4).

Los neoclásicos definen tres tipos de desempleo (Sachs – Larrain, 1993):

1. Desempleo friccional: es el desempleo que se debe principalmente a las bajas voluntarias, a los cambios de trabajo y a las personas que entran por primera vez en la población activa o que retornan a ella. Incluso aunque una economía tuviera pleno empleo, siempre habría rotación, ya que los individuos buscan trabajo cuando terminan sus estudios o se trasladan de una ciudad a otra, etc. Algunos lo consideran como un tipo de desempleo estructural.










2. Desempleo estructural: es el desempleo que forma parte de la tasa natural de desempleo de un país este tipo de desempleo tiene muchas características comunes con el desempleo friccional, pero se diferencian en que es más prolongado. Por lo tanto, puede tener grandes costos para los desempleados y suponer una pérdida considerable de producción para la sociedad. Significa un desajuste entre la oferta de trabajo y la demanda de trabajo, estos desajustes pueden deberse a diferencias entre las cualificaciones necesarias para ocupar los puestos de trabajo existentes y las que poseen los demandantes de empleo; o un desajuste geográfico entre el lugar donde se encuentran las vacantes y el lugar donde se encuentra los demandantes de empleo.


3. Desempleo cíclico: existe cuando hay un nivel insuficiente de demanda agregada, lo que obliga a las empresas a suspender temporalmente el empleo a los trabajadores o despedirlos. Cuando disminuyen el gasto y la producción totales, el desempleo aumenta en casi todas partes. No existe como consecuencia de las diferencias entre las tasas de inflación esperada y efectiva. La distinción entre desempleo cíclico y otros, ayuda a los economistas a diagnosticar la salud general del mercado de trabajo. Existe desempleo cíclico cuando disminuye el empleo a consecuencia de la oferta y demanda agregada, como subproducto de las recesiones y las depresiones.

Gráfico 4. La curva de Phillips a largo plazo y a corto plazo


Con la curva de corto plazo (CP) se cría que se podía ir desde el punto A hasta el B en forma permanente, por lo que había que enfrentar una inflación más alta a cambio de una disminución de desempleo o mantener un desempleo permanentemente más bajo. Sin embargo, el principio acelerador nos enseña que en el largo plazo (LP), tal “trade-off” es imposible. Cuando se mantiene el desempleo por debajo de la tasa natural (U), la inflación no solo va a ser más alta sino que va a ser creciente. Cuando el desempleo se mantiene por encima de la tasa natural, la inflación caerá en forma continua. En el largo plazo no hay “trade-off” entre inflación y desempleo. Solo la tasa natural de desempleo es consistente con cualquier tasa de inflación estable. En otras palabras, sin importar cuál sea la tasa de inflación, el desempleo siempre tiene que retornar a su tasa natural. Fuente: Sachs-Larrain. 1993. Macroeconomía en la economía global. Pág. 453.



5.- Teoría Keynesiana de la ocupación:

Keynes señala que la mayoría de los economistas habían estudiado el proceso económico a partir de la existencia de un determinado nivel de ocupación y era importante conocer que condiciones explicaban ese nivel de ocupación.

Para explicar las causas del desempleo se basa en el principio de la demanda efectiva, categoría que constituye la base del modelo keynesiano y, en el centro de ésta la propensión marginal a consumir, en donde la ley psicológica tiene un papel fundamental, la que plantea que los hombres están dispuestos, por regla general y como promedio, a aumentar su consumo a medida que su ingreso crece, aunque no en la misma proporción. Por lo anterior se plantea que en el centro de la teoría keynesiana está en la subjetividad del individuo, demostrando la influencia del subjetivismo neoclásico.

Para Keynes el nivel de ocupación queda determinado por el equilibrio entre la oferta global y la demanda global, es decir, donde ambas funciones se interceptan, por lo que el desempleo quedaría resuelto cuando se cierra la brecha donde la curva de oferta es mayor que la curva de demanda (Gráfico 5).










La demanda global expresa el nivel de ingresos y por tanto, el beneficio obtenido por los empresarios; a su vez la oferta expresa el nivel de rendimiento que se obtiene a medida que varía el nivel de ocupación. Mientras que la demanda sea mayor que la oferta o los ingresos mayores que los rendimientos, no existirá desempleo, pues los empresarios seguirán aumentando el número de trabajadores como único factor variable para aumentar sus ingresos (aplicando el principio de ceteris paribus).

Entonces en el punto donde la demanda es igual a la oferta, los ingresos obtenidos coinciden con los rendimientos, por lo que es aquí donde queda fijado el nivel de ocupación, pues después de este punto, cada unidad adicional de factor trabajo incrementada dará rendimientos en la producción que excede el nivel de ingresos que se pueden obtener, pues no habrá demanda en el mercado que pueda ofrecerlos.

Por lo que si los empresarios desean seguir teniendo beneficios tendrán que variar otros factores que intervengan en la producción como el capital, la tierra, la tecnología, etc.

Para Keynes la brecha que determina el nivel de desempleo se elimina mediante “el incentivo del consumo y de la inversión”, ya que al aumentar estos componentes, aumentaría la demanda global, pues está compuesta por la sumatoria de la demanda de consumo (D1) y la demanda de inversión (D2).

Gráfico 5. Demanda efectiva

En N1, la demanda es mayor que la oferta (D>Z), por lo que habrá un estímulo a la ocupación. En el punto donde la demanda se iguala a la oferta (D=Z) queda fijado el nivel de ocupación, porque este es nivel preciso en el cual las esperanzas de ganancia de los empresarios alcanzan el máximo. N0 es el punto de la demanda efectiva. Después de ese punto (en N2), la oferta será mayor que la demanda (D<Z), aumentado la brecha entre estas dos curvas y por tanto aumentando el desempleo.
Fuente: Besada, R. 1981. Pág. 29


Para que haya empleo tiene que existir inversión y ésta solo se realiza si existen ingresos. Según el esquema lógico del modelo keynesiano, con los ingresos se pueden realizar dos cosas, consumirlos o invertirlos, donde el consumo está dado por la propensión marginal a consumir, ya sea en bienes o en servicios, mientras que la inversión está dada por el incentivo a invertir, que está dado por la tasa de interés, la que a su vez está determinada por la liquidez y la cantidad de dinero en circulación.

“...la ocupación solamente puede aumentar pari passu con un crecimiento de la inversión, a menos, desde luego, que ocurra un cambio en la propensión a consumir; porque desde el momento en que los consumidores van a gastar menos de los que importa el alza de los precios de oferta total cuando la ocupación es mayor, el aumento de ésta dejará de ser costeable, excepto si hay un aumento de la inversión para llenar la brecha,” (Keynes, 1976, pág. 101.)

De estos planteamientos surge la implementación del modelo conocido como keynesiano o de Estado de bienestar, que se fundamenta en la liquidación del liberalismo y se apoya en el intervencionismo estatal, donde el Estado debe ser un inversionista importante para animar el mercado y la economía.

Keynes propone la inexistencia de mecanismos de ajustes automáticos que permitan a la economía recuperarse de las recesiones. Afirmaba que el ahorro no invertido prolonga el estancamiento económico y que la inversión de las empresas de negocios depende de la creación de nuevos mercados, nuevos adelantos técnicos y otras variables independientes del tipo de interés o del ahorro.

Puesto que la inversión empresarial fluctúa, no se puede esperar que pueda preservar un alto nivel de empleo y unos ingresos estables. Keynes planteaba que el gasto público debe compensar la insuficiente inversión privada durante la recesión, es aquí donde el Estado juega un papel fundamental, al tomar medidas que hagan que la tasa de interés de la esfera de la especulación sea menor que la tasa de rendimiento en la esfera real, ya que ésta es la única que genera empleos. O lo que es lo mismo, es necesario incrementar el nivel de ingresos de los trabajadores, para que puedan consumir pero al mismo tiempo, puedan ahorrar y por tanto incrementar las inversiones, partiendo del supuesto de que el ahorro es igual a la inversión.

Esto solo se logra por la acción del Estado como agente regulador del mercado y de la economía en su conjunto, incrementando el empleo a través de obras públicas como carreteras, hospitales, puentes, etc. Cavar agujeros en el suelo y volver a llenarlos de nuevo producirá, como observara Keynes, una plena ocupación, lo mismo que la acumulación de armamentos o de equipos industriales.




Plena ocupación es sinónimo de una economía donde solo existe un mínimo de parados involuntarios, en tránsito a otro que ya está esperando. Keynes introduce la categoría de desempleo involuntario.

6.- Teoría marxista

Marx trata del problema de empleo a partir del análisis del proceso de acumulación capitalista. La acumulación capitalista genera un proceso de exclusión de mano de obra que tiende a formar una reserva permanente de personas, a través de una progresiva sustitución de mano de obra por maquinaria, lo que coincide con las ideas de Ricardo sobre la introducción de nuevas maquinarias. Ello posibilita frenar la tendencia alcista de los salarios, promotora de una demanda de mano de obra que creciera al mismo ritmo que la acumulación.

Dicha reserva de mano de obra sirve como reserva en sí misma para los períodos de expansión capitalista y a la vez como mecanismo de presión para la baja de los salarios. La acumulación genera un excedente de mano de obra, pero a la vez, precisa de él para continuar la acumulación: es causa y condición de la acumulación capitalista.

Dice Marx en El Capital: “el incremento del capital lleva consigo el incremento de su parte variable, es decir, de la parte invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida necesariamente tiene que volver a convertirse en capital variable o en fondo adicional de trabajo. Si suponemos que, sin alterar las demás circunstancias, la composición del capital permanece invariable (...) es evidente que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros crecerá en proporción al capital y con la misma rapidez con que este aumente (...) la acumulación del capital supone, por tanto, un aumento del proletariado.”(Marx, 1973, Pág. 557).



Sobre las consecuencias de este crecimiento constante de la demanda de fuerza de trabajo tiene sobre los salarios, el autor señala: “como todos los años entran a trabajar más obreros que el año anterior, llega forzosamente, más temprano que tarde, un momento en que las necesidades de la acumulación comienzan a exceder la oferta normal de trabajo y en que, por lo tanto, suben los salarios” (Marx, 1973, Pág. 574)

Este tipo de proceso se dio efectivamente, durante los períodos de gran expansión del capitalismo. Los salarios tienen una relación inversa con las ganancias de los capitalistas o empresarios, pues el aumento de los salarios genera una baja de la tasa de ganancias. Esta situación trae como consecuencia que los empresarios tengan que decidirse entre invertir más o no. Si toma la primera opción el volumen global de ganancias obtenidas puede compensar la disminución porcentual de la tasa de ganancia y, la disminución de la inversión capitalista inicia un ciclo descendente de la economía, un excedente de trabajadores y, finalmente, una baja de los salarios y una recuperación de la tasa de ganancias.

En la medida que no varíe la composición del capital (en su componente variable o destinado a la compra de fuerza de trabajo y constante, o destinado a los bienes de capital), la crisis son el mecanismo propio del capitalismo de generar desempleo coyuntural, y así, bajar los salarios y mantener las ganancias. Pero ello no alcanza, es decir, en el propio proceso de acumulación debe existir un mecanismo de ajuste de la relación salario-ganancia y no esperar hasta que el ajuste los provoque la crisis.

La competencia entre los capitalistas los lleva a la búsqueda del abaratamiento de las mercancías. Esto se consigue logrando una mayor productividad del trabajo. Pero si en el proceso, la relación entre el capital constante y variable permanece igual, las nuevas inversiones generan pleno empleo y favorecen las condiciones de la clase obrera para pelear por aumentos salariales y por mejoras en las condiciones de trabajo, lo que determina que la productividad tienda incluso a bajar (Olesker, 2004 ).

Esto es uno de los factores que llevan a los capitalistas a invertir de manera creciente en capital constante, maquinarias, nuevas tecnologías, métodos modernos de producción, etc. En otras palabras, la búsqueda de mayor productividad no se basa en la fuerza de trabajo, generando un cambio casi permanente en la composición orgánica del capital. Por esta razón, no se produce un aumento proporcional de la demanda de trabajo, sino por lo contrario, una disminución progresiva. Como la demanda de trabajo no depende del volumen de capital total sino solamente del capital variable, disminuye progresivamente a medida que aumenta el capital total, en vez de crecer proporcionalmente en relación con este, como antes suponíamos.

Marx señala que aunque el aumento del capital total supone también un crecimiento del capital variable (y la demanda de fuerza de trabajo que este representa), y este ritmo de crecimiento comienza a ser menor que el de la población obrera y, por tanto, surge un excedente o sobrante de los trabajadores, que tiende a ser mayor cuanto mayor es el ritmo de la acumulación capitalista. Esta población obrera sobrante se genera por dos vías: el despido de los obreros que antes tenían trabajo, y la imposibilidad de conseguirlo por una parte de los nuevos contingentes de trabajadores.

Es importante señalar que los procesos no se enmarcan en una situación de crisis, sino que resultan del proceso natural de acumulación capitalista. Y como los nuevos capitales invertidos son, en última instancia, resultado del trabajo acumulado, es la clase obrera, con su trabajo, la que genera las condiciones para su futuro desempleo.

Marx denomina a la “población obrera sobrante” Ejército Industrial de Reserva (EIR). Su primera función es deprimir los salarios: una alta dotación de mano de obra desocupada o subocupada presiona a la baja de los salarios, por existir gente disponible a trabajar por menores salarios. Su segunda función es la de reserva, ya que en los momentos de expansión de la economía, siempre habrá disponibilidad de mano de obra que, de no haberla, presionaría a los salarios al alza.

En períodos de crisis, el EIR, integrado hasta ese momento por desplazados de la acumulación o buscadores de trabajo por primera vez que no consiguen empleo, se incrementa en volumen con el ingreso de todos los trabajadores desplazados por las empresas cerradas en las crisis. En definitiva, el desequilibrio del mercado de trabajo es la sumatoria de un componente estructural (modelo de acumulación) y un componente coyuntural (crisis cíclicas).

El EIR tiene cuatro componentes:

• Los desempleados propiamente dichos, es decir, la superpoblación excedente relativa (SER) flotante, por su entrada y salida del mercado de trabajo. Seria el desempleo abierto.
• Los que tiene trabajo esporádico, en malas condiciones y por ende siempre están dispuestos a ingresar al trabajo formal. Son los precarios e informales que Marx llamó SER intermitente.
• Los que están en sectores que serán destruidos y están en espera de ser reserva. Marx los llamó SER latente.
• Los desplazados definitivamente, es decir, los desocupados crónicos.















7.- Diferentes enfoques teóricos sobre el empleo:

Las teoría neoclásica del empleo ha predominado en el pensamiento económico por más de un siglo, además de ser la más conocida y divulgada en el mundo académico, por tal razón la tomamos como teoría base para la comparación entre las diferentes teorías sobre el empleo (la propia neoclásica, la keynesiana y la marxista).

La teoría neoclásica defiende el criterio de la mano invisible, donde de forma automática los mecanismos del libre mercado regulan la igualdad entre la oferta y la demanda de trabajo, manteniendo la economía en el equilibrio de pleno empleo.

Para sus representantes los altos salarios provocaban un aumento de la oferta de trabajo, estos eran rígidos debido a la intervención del Estado y de los sindicatos y por tanto eran los causantes principales del desempleo.
En la década del 30 el mundo capitalista se vio afectado por la crisis más grande hasta ese momento, la crisis del 29 al 33. A la par de esta crisis se produjo otra desde un punto de vista teórico, dado que la teoría neoclásica fue construida sobre la base de un capitalismo ascendente de finales del siglo XIX y por tanto, no podía dar respuesta a los nuevos fenómenos que acontecían.

Desde inicios del siglo XX se manifestaron con inusitada contundencia las contradicciones del capitalismo monopolista, la I Guerra Mundial fue la sangrienta concertación de estas contradicciones interimperialistas que se acumularon con tal magnitud, que después del período de prosperidad de posguerra, confluyeron en la terrible depresión.

En esta época ya había triunfado el socialismo en la Unión Soviética y el marxismo se había difundido. La teoría general de Keynes representa un intento de pensamiento alternativo que significó un cambio metodológico de la ortodoxia neoclásica, en cuanto al rechazo de su sesgada percepción microeconómica, la cual según Keynes, había desviado su atención de los esfuerzos de analizar problemas macroeconómicos importantes.

En consecuencia dirigió la atención hacia los agregados, como algo diferente a la suma del resultado del comportamiento individual. (Castaño, H. 2003).

Según Keynes, el análisis neoclásico era parcialmente correcto, lo que lo llevó a compartir muchas de sus ideas, como la que el salario es igual al producto marginal del trabajo, lo que era aplicado a cualquier factor de la producción.

Según Benito Besada Ramos este postulado es inconsistente con la teoría del valor trabajo, además de contradecirse a sí mismo, pues aunque se aceptara que el último obrero ocupado se le paga el producto marginal de su trabajo, este no sería cierto para los obreros anteriores, salvo que se aceptara el que rijan diferentes salarios para el mismo tipo de trabajo, lo cual no entra dentro de los supuestos neoclásicos. (Besada R. B. 1981).

Sin embargo, existen otras ideas de los neoclásicos de la que Keynes, a partir de su crítica, expone sus propios argumentos.
“De este modo la teoría clásica supone que los obreros tienen siempre la posibilidad de reducir su salario real, aceptando una rebaja en el nominal. El principio de que el salario real tiende a igualarse con la desutilidad marginal del trabajo, claramente supone que los obreros están en disposición de fijar por sí mismo el salario real, aunque no el volumen de ocupación que de el se deriva.

La teoría tradicional sostiene, en pocas palabras, que los convenios sobre los salarios entre los empleados y trabajadores, estos pueden, si lo desean, hacer coincidir sus salarios reales con la desutilidad marginal del trabajo resultante del empleo ofrecido por los empresarios con dicho salario. De no ser cierto esto, no queda razón para esperar que exista tendencia a la igualdad entre el salario real y la desutilidad marginal del trabajo.” (Keynes, 1976, Pág. 24).


Estas ideas pueden resumirse de la forma siguiente:

1. Los trabajadores no aumentan su resistencia a una rebaja salarial en tanto el nivel de ocupación aumenta, sino que ocurre todo lo contrario, están dispuestos a aceptar un salario menor por tal de no quedarse en la calle.

2. Los trabajadores nunca discuten el salario real, pues este depende del nivel de precios de los productos en el mercado; ellos discuten el salario nominal.

3. Contradice el planteamiento de que los salarios reales y los nominales varían de forma proporcional, es decir, al bajar unos bajan los otros, por lo que los trabajadores se niegan a prestar servicios por el salario nominal ofrecido, actuando de esta manera sobre el salario real. Aunque el no fundamenta esta apreciación pudiera pensarse que se basa en cualquiera de estos criterios:

a) Al disminuir el nivel de ocupación, el salario nominal, baja algo, pero el nivel de precios disminuye más, buscándose por los empresarios el fenómeno de la elasticidad precio, mayor que la unidad.
b) Pudiera entenderse que el salario nominal disminuye el producto de que hay más presión entre los obreros por la desocupación sobrevenida, y que el nivel de precios puede bajar más por la acción combinada de la productividad más alta de ese factor en ese punto, junto a lo referido a la elasticidad. (Besada R, B, 1981)

Estos son los argumentos que Keynes opone a las explicaciones neoclásicas, dentro de sus propias concepciones, que no son otros que considerar que el nivel de empleo se determina y resuelve dentro de las relaciones bilaterales con los obreros y empresarios.



Esta convicción nos había conducido a pensar que los trabajadores podían encontrar empleo si aceptaran una reducción de sus salarios reales, y este era el único obstáculo que encontraba la ley de Say para conducir la economía al pleno empleo.

Estas generalizaciones ahistóricas fueron atacadas por Marx y Engels. Los fundadores del marxismo – leninismo habían incentivado a la necesidad de analizar las leyes de cada modo de producción.

Desde este punto de vista, la oferta no puede crear su propia demanda en el modo de producción capitalista, debido precisamente a su propia ley fundamental. Es decir, antes de que una crisis de proporciones universales, como la del 29 al 33, hubiera evidenciado que la oferta no crea su propia demanda, ya esta ruptura había sido descubierta por Marx y Engels.

Keynes se dio cuenta de que el enfoque neoclásico era excesivamente microscópico, y quiso contribuir con un punto de vista complementario, que llamó macroscópico.

Para Keynes, no eran los elevados salarios la causa del masivo desempleo involuntario que existía en Inglaterra, en los Estados Unidos y en otros países desarrollados en la época de Gran Depresión. La verdadera causa había que buscarla en un problema de insuficiencia de demanda agregada, y, fundamentalmente, en el componente más volátil de la misma, que era la inversión privada de los empresarios.

Keynes se dio cuenta de que la inversión empresarial dependía de lo que él llamaba el estado de ánimo de los capitalistas, y de que éste se formaba de acuerdo sobre todo con las expectativas de beneficio (de rentabilidad) que ellos mismos se hacían --sobre la base de un complejo entramado de razones, donde operaban factores de tipo subjetivo y objetivo al mismo tiempo--; y, finalmente, de que muy bien pudiera ocurrir que ese estado de ánimo fuera más bien depresivo debido a las pobres expectativas, provocando un bajo nivel de inversión, disminuyendo con ella, la demanda de trabajo por parte de los empresarios capitalistas.

Estas nuevas ideas de Keynes también lo condujeron hacia un tipo de recetas muy distintas de las que propugnaban los neoclásicos. Puesto que el problema era de demanda agregada, y más concretamente de la inversión privada, de lo que se trataría, según él, es de reactivar la deprimida demanda poniendo fin a las causas de esa depresión.

Para ello, a largo plazo se trataría de reproducir las condiciones de confianza empresarial que llevaran a la clase capitalista de forma espontánea a generar el nivel de inversión suficiente como para impulsar la recuperación, que vendría seguida por un nuevo aumento de la producción y de la oferta, y, por consiguiente, del empleo. Pero Keynes estaba mucho más interesado en el corto que en el largo plazo, partiendo del supuesto de que mañana todos estaremos muertos, se concentró en las medidas necesarias a corto plazo.

Un conjunto de políticas que, según él, deberían ponerse en práctica por la sociedad, y más particularmente por el Estado, con el objetivo de reducir las tasas de desempleo a los niveles más bajos posibles en el más corto espacio de tiempo posible.

Desde este punto de vista, Keynes creía que, en tiempos de crisis, no había tiempo para esperar que las fuerzas de mercado se pusieran a corregir por sí solas los desequilibrios, y defendió públicamente la necesidad de que el Estado tomara cartas en el asunto y se encargara él mismo, directamente, de dirigir la economía hacia la dirección adecuada. A falta de una demanda de mercado espontánea suficiente, proponía que fuera el Estado el que completara su insuficiencia con una demanda pública adicional destinada a favorecer las ventas y la producción de las empresas (es decir, el empleo).




De todos es sabido que las recetas de Keynes fueron a la vez monetarias y fiscales. De hecho proponía simplemente que el Estado gastase más sin necesidad de recaudar más impuestos, sino mediante la estrategia de incurrir en déficit públicos sucesivos, directamente financiados por nuevas emisiones monetarias.

Keynes introdujo en su teoría general la categoría del desempleo involuntario, que hasta ese momento no era tratada por los neoclásicos, pues estos defendían la teoría del profesor Pigou del desempleo voluntario.

Aunque esta categoría resultara novedosa para el mundo económico burgués, esta ya había sido tratada por Carlos Marx cuando definió el ejército industrial de reserva.

Los análisis de Keynes parten de la demanda, desde el punto de vista metodológico, igual que los marginalistas. Acepta al pie de la letra la ley de los rendimientos decrecientes y utiliza hasta las últimas consecuencias los problemas del margen (propensión marginal a consumir, eficacia marginal del trabajo, etc.).

El modelo keynesiano es considerado como un modelo cortoplacista, inflacionario y deficitario. Estas mismas características hicieron que muchos lo consideraran como un fracaso para los años posteriores a la crisis.

Los neoclásicos siguieron desarrollando sus teorías, perfeccionándolas y adaptándolas a las nuevas condiciones, ejemplo de esto lo constituye la curva de Phillips y las modificaciones de esta curva realizada por Friedman y Phelps tal y como fue tratado en líneas anteriores.






El Estado es, según los neoclásicos, una fuerza intervencionista y distorsionante porque con sus regulaciones y leyes --siempre excesivas, a juicio de estos autores--, impide que se forme en el mercado de trabajo, un verdadero precio libre.

Al imponer salarios mínimos, subsidios y otras protecciones frente al desempleo, al regular de forma intervencionista el mercado de trabajo, los derechos de huelga y despido, la contratación colectiva, etc.; al actuar, en suma, como un Estado de bienestar (en la expresión favorita de los keynesianos), y no como un simple Estado liberal en realidad lo que hace el Estado es contribuir a elevar artificialmente el precio del mercado de trabajo (es decir, la tasa salarial) por encima del nivel que correspondería a los fundamentos internos de la economía (es decir, al funcionamiento libre y flexible de este mercado).

Por su parte, los sindicatos hacen otro tanto de lo mismo al imponer su poder de monopolio en el lado de la oferta del mercado de trabajo. En lugar de dejar en libertad al trabajador para decidir que llegue a un acuerdo libre con el empresario, guiados ambos exclusivamente por las exigencias de sus respectivos comportamientos individuales racionales --que en el fondo comparten, pues se basan ambos grupos, según los neoclásicos, en la búsqueda consecuente de la maximización de sus respectivas funciones de utilidad--, en vez de eso, lo que consiguen los sindicatos es hacer efectivo un monopolio en el mercado de trabajo, generando así todos los efectos nocivos que la teoría económica convencional asocia con el monopolio, como uno de los fallos de mercado típicos, a saber: la obtención de precios más altos y cantidades más bajas de las que corresponderían en igualdad de circunstancias a la situación de libre competencia.

Si ellos culpan al Estado y a los sindicatos de ser los responsables últimos del elevado nivel salarial y hacen recaer sobre el elevado nivel de salario la explicación del desempleo, la solución que ofrecen no puede ser más lógica desde su propio punto de vista.

Se trata de poner todos los medios al alcance de la sociedad para conseguir que los salarios desciendan hasta su nivel de equilibrio, de forma que, una vez puesta en práctica de verdad la flexibilización del mercado de trabajo, y eliminada de hecho la rigidez, se volvería el equilibrio.

En términos gráficos se traduciría en el desplazamiento hacia abajo y hacia la derecha a lo largo de la curva de demanda de trabajo, el consecutivo descenso salarial traerá aparejadas, simultáneamente, el aumento de la cantidad demandada, la disminución de la cantidad ofrecida y, al mismo tiempo, el automático vaciado final del mercado, con lo que el equilibrio finalmente resultante significará el anhelado retorno al nivel de pleno empleo.

A su vez consideran que existen tres tipos de desempleo: el friccional, el estructural y el cíclico.

Los economistas burgueses han desarrollado sus teorías prácticamente al margen de la teoría marxista.

“Para Marx, los cambios que se producen en la esfera de la producción son los que determinan los cambios en la esfera de la circulación.” (Molina, E, 1979, Pág. 43)

Para Marx el desempleo es inherente del sistema capitalista. Los capitalistas en su afán de aumentar sus ganancias tratan de aumentar la rentabilidad invirtiendo cada vez más en capital fijo, ya sea mediante la introducción de equipos más modernos, nuevas tecnologías y métodos, con lo que la tasa de crecimiento del nivel de empleo va disminuyendo, es decir, la demanda de trabajo depende del capital variable. Por tal razón plantea que una parte del desempleo es estructural, pero a la vez existe un desempleo coyuntural, provocado por las crisis cíclicas propias del sistema, constituyendo una necesidad del mismo de contar con un ejército de obreros para los períodos de expansión económica y para que ejerzan presión a la baja de los salarios.
Esta superpoblación excedente relativa la subdivide en: flotante, intermitente, latente y crónica.
La acumulación del capital es un proceso profundamente contradictorio. Por una parte, la acumulación del capital es fuente de progreso de la producción, del desarrollo y perfeccionamiento de las fuerzas productivas de la sociedad capitalista. Por otra, va acompañada del incremento de la explotación de los trabajadores, del desempleo, del empeoramiento de la situación tanto de los parados como de los que tienen trabajo. Al respecto Marx escribió:

“Cuanto mayor es la riqueza social, el capital en funciones, y la intensidad de su desarrollo y mayores por tanto, la magnitud absoluta del proletariado y la fuerza productiva de su trabajo, mayor es también el ejército industrial de reserva. La fuerza de trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital. La magnitud relativa del ejército industrial de reserva crece, por consiguiente, conforme crecen las potencias de la riqueza. Pero cuanto mayor es este ejército de reserva en comparación con el ejército obrero en activo, mayor es la masa de superpoblación consolidada, cuya miseria está en razón directa a su tormento de trabajo. Y, finalmente, cuanto más crece la miseria dentro de la clase obrera y el ejército industrial de reserva, más crece también el pauperismo oficial. Tal es la ley general, absoluta de la acumulación capitalista.” (Marx – Engels, T 23, Pág. 659)

Esta particularidad de la acumulación capitalista engendra una determinada tendencia histórica en el desarrollo del capitalismo y es que en el seno de este régimen social se encuentra el germen de la destrucción, de su sustitución por un régimen social nuevo, que es el socialismo. Pero tanto Marx como Engels no se limitaron a trazar el derrotero general del desarrollo futuro de la sociedad; en el proletariado, en la clase obrera descubrieron la fuerza social encargada de llevar a cabo esta gran transformación: destruir al capitalismo y construir el socialismo.





De forma reducida podemos ver las principales diferencias de estas teorías en el cuadro que aparece a continuación:

Parámetros Teoría neoclásica Teoría keynesiana Teoría marxista
Causas del desempleo Rigidez de los salarios por la intervención del Estado y el sindicato que no dejan que el mercado de trabajo automáticamente retorne al equilibrio (OL = DL) Insuficiente demanda agregada, fundamentalmente, en el componente más volátil de la misma, que era la inversión privada de los empresarios. El proceso de reproducción del capital, es inherente al sistema de acumulación capitalista.
Tipos de desempleo - friccional
- estructural
- cíclico Comparte las clasificaciones de los neoclásicos, pero introduce la categoría de desempleo involuntario. El desempleo tiene una característica coyuntural o cíclica y una estructural. Los subdivide en:
- flotante
- intermitente
- latente
- crónicos
Solución Para que los salarios desciendan hasta su nivel de equilibrio se debe poner en práctica la flexibilización del mercado de trabajo, eliminando de hecho la rigidez. No intervención estatal. Intervención del Estado para completar la insuficiencia de demanda pública adicional, favoreciendo las ventas y la producción de las empresas. Proponía que el Estado gastase más sin necesidad de recaudar más impuestos, sino mediante la estrategia de incurrir en déficit públicos sucesivos. Los marxistas defienden al estado como el mejor regulador y distribuidor de los recursos, pero que represente al proletariado. Desaparición del capitalismo e instauración del socialismo.






En conclusión:

• La teoría marxista del empleo se diferencia de la no marxista en cuanto a las causas y posibles soluciones que le dan al problema del empleo, mientras que coinciden en las clasificaciones generales del desempleo (cíclico y estructural)
• La teoría marxista del empleo parte de la oferta para explicar las causas del empleo, siendo este producto del proceso de acumulación capitalista. La demanda de trabajo depende del capital variable por lo que la disminución proporcional en su inversión provoca un exceso de mano de obra, formándose el ejército industrial de reserva.
• La teoría keynesiana plantea que el exceso de la demanda global es la causante del desempleo y que el mercado, en épocas de crisis, no es capaz de regular automáticamente la economía, principalmente para mantener el nivel de empleo. En el corto plazo, son las rigideces de los salarios nominales las que impiden el ajuste del mercado de trabajo.
• La teoría neoclásica plantea que la intervención del Estado y de los sindicatos provocan el aumento de los salarios reales por encima del nivel de equilibrio y por tanto, el desempleo. De no existir dicha intervención, la economía trabaja a un nivel de pleno empleo, donde la demanda de trabajo es igual a la oferta de trabajo.


Partiendo pues de estas consideraciones de tipo teórico, construiremos nuestro modelo para explicar la ocupación en Venezuela durante el periodo más reciente de la misma; 1998-2006; con sus variables explicativas y las posibles soluciones.






8.- La Ocupación en Venezuela; 1998-2006, Un análisis Econométrico:

Nos ocuparemos en este segmento a evaluar en función de la teoría económica ya revisada para explicar la ocupación en una economía; los diferentes factores que hemos considerado para el caso de la economía Venezolana.

En este sentido, como ha quedado señalado al principio de este capitulo, una de las variables económicas que causa mayor preocupación en una sociedad es el empleo; sobre manera porque de allí procede en buena parte la producción de bienes y servicios del país, así como también los ingresos directos que obtienen las personas para satisfacer sus necesidades.

Así pues, el manejo de esta variable no obstante conocer su comportamiento teórico, sino además tener una idea sobre aquellas otras variables económicas que explican su comportamiento y, de esta manera poder elaborar las políticas de empleo tomando en consideración este conjunto de variables que llamamos explicativas. Es precisamente a través de la econometria como se logran desarrollar modelos que pueden ayudar a explicar los fenómenos económicos y, en este caso muy particular haremos uso de esta disciplina a fin de construir un modelo econométrico que sirva a los fines antes expuestos.

En esta investigación se efectuaron, las pertinentes pruebas teóricas, econometritas y estadísticas para desplegar y validar un modelo que explicara en forma razonable el empleo en el caso venezolano partiendo como base del periodo objeto de toda nuestra investigación, vale decir 1998-2006.





En este orden de ideas se presenta un modelo con tres variables explicativas cuyo coeficiente de determinación constituye el 99,04% con la idea de poder ser utilizado no solo para explicar el comportamiento del empleo en Venezuela sino además utilizarlo para orientar la política en materia de creación de puestos de trabajo, que es el objetivo central de nuestro examen.

El modelo pretende explicar la actuación del empleo (numero de personas ocupadas) en el país en función de las variables independientes seleccionadas. Para la escogencia de las variables independientes nos basamos en la Teoría Económica en correspondencia a las relaciones teóricas entre el empleo y sus determinantes; luego realizamos un análisis sobre el acontecer de la economía venezolana a los fines de incorporar las características propias de su desempeño y, por ultimo al realizar las estimaciones correspondientes de las variables explicativas. Se trato por tanto de plantear un modelo con tres variables determinantes del empleo siguiendo un enfoque práctico y sencillo sin que se sacrificara la bondad del ajuste del modelo.

Las variables explicativas seleccionadas, son las siguientes:

Fuerza de trabajo (FT): Esta variable mide la cantidad de personas que pertenecen a la población económicamente activa y que están en la fuerza de trabajo en función a lo tomado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Esta puede ser considerada como la oferta bruta de trabajo, ya que esta constituida por todas aquellas personas mayores de 15 años que suministran la mano de obra disponible (INE).

Por lo tanto la fuerza de trabajo, que incluye los ocupados, los desocupados, los cesantes y los que buscan trabajo por primera vez; viene a ser la oferta de trabajo efectiva.




En la medida en que exista fuerza de trabajo se espera que la demanda sea cubierta y el empleo pueda crecer, de forma tal que la relación esperada entre la Ocupación (numero de personas empleadas) y, la fuerza de trabajo debe ser positiva.

Esto se explica, ya que en la determinación de la ocupación es importante tanto la demanda como la oferta de trabajo; vale decir que las empresas y en general las unidades económicas de producción, que configuran la demanda; soliciten de personal para la elaboración de los bienes y servicios que comercializan, al igual que exista por otro lado la disposición y cantidad de mano de obra para cubrir los requerimientos de las empresas.

Formación Bruta de Capital real (FBCr): En la teoría económica encontramos, que existe una relación directa y positiva entre la inversión y la generación de empleo. La inversión es a su ves considerada en la perspectiva económica, como la creación de activos; es decir cuando se instalan o amplían industrias o se construyen edificios, maquinarias, se crean nuevos procesos, o se incorporan nuevas tecnologías.

Importaciones reales (IMPr): Cuando una economía incurre en importaciones los esta adquiriendo del sector externo; o sea se están comprando bienes y/o servicios a empresas ubicadas en otros países, lo cual implica que, por alguna razón se esta dejando de comprar la producción nacional o la oferta interna es insuficiente para cubrir la demanda.

De acuerdo a lo anterior, si aumentan las importaciones el empleo debe disminuir, de manera que la relación entre estas es negativa o inversa.







El modelo econométrico que nos permitirá explicar la ocupación en Venezuela, queda por tanto definido en su forma implícita de la siguiente manera:

Ocupados = f (FT, FBCr, IMPr);

Donde:

Ocupados: Numero de personas trabajando.
FT: Fuerza de trabajo.
FBCr: Formación Bruta de Capital real.
IMPr: Importaciones reales.

La valoración de las variables FBCr e IMPr; se consideran medida en términos reales a fin de eliminar el sesgo que significa la variación en los precios.

La expresión matemática escogida para el modelo es de tipo sumativo siguiendo los planteamientos generales respecto al estudio de los fenómenos económicos, considerando que estos tiene teóricamente un comportamiento lineal entre sus variables. En base a esta consideración el modelo explicito es el siguiente:

Oc = b1 + b2 * FT + b3 * FBCr + b4 * IMPr

Variables:

Oc: Ocupados (miles /personas)
FT: Fuerza de trabajo (miles/personas)
FBCr: formación bruta de capital real (miles de mills Bs)
IMPr: Importaciones reales (miles de mills Bs)

Los valores están expresados a precios de 1997.


Parámetros:

b1: Parámetro independiente.
b2, b3: Son los parámetros que acompañan a la Fuerza de trabajo y a la Formación bruta de capital. Se espera que sean positivos y mayores que cero.
b4: Parámetro que acompaña a las Importaciones, se espera que tenga signo negativo.

Con atención a las cifras publicadas por el Banco Central de Venezuela y el Instituto Nacional de Estadísticas; durante el periodo 1998-2006, se realiza la regresión del modelo propuesto.

Estimación del empleo en Venezuela.

VALIDACION ESTADISTICA DEL MODELO.

Coeficiente de determinación = 99,04%
Estadístico F (Snedecor) = 172,170551
Prueba de significación de los parámetros:
* Desv Est Estd t
b2 0,092969686 8,031562891
b3 0,060455052 0,616344813
b4 0,056163536 0,660534077


Al aplicar el método de los mínimos cuadrados ordinarios a las 9 observaciones correspondientes al periodo 1998 – 2006, se obtienen los resultados mostrados anteriormente. El modelo estimado se presenta entonces de la siguiente manera:

Ocupados = -0,426 + 0,747 FL + 0,03726 FBCr – 0,03709 IMPr


Con respecto a la especificación del modelo, ya que el coeficiente de determinación resulto ser de 99,04% significando que el comportamiento del empleo en Venezuela se explica en esa proporción por el núcleo del modelo, quedando por fuera apenas un 0,96% correspondientes a las variables no incluidas. En nuestro caso el núcleo del modelo lo constituyen la Fuerza de Trabajo, la Formación Bruta de Capital real y las Importaciones reales.

En el modelo existe además, una relación lineal entre las variables involucradas; toda ves que el coeficiente de correlación múltiple adquiere un valor cercano a uno equivalente a 0,9951.

Como conclusión podemos inferir que:

Cada 1% de aumento en la FT es equivalente a 89,828 nuevas plazas de empleo que debe crear la economía.
Cada 1% de aumento en la FBCr equivale a la creación de 6,591 nuevos empleos.
Cada 1% de aumento en las IMPr equivale a dejar de crear 7,393 empleos internos.


Esta información da cuenta entonces de la magnitud del incremento que debe operarse en la variable Inversión a los fines de generar empleo productivo y estable.
 



Bibliografía:

• BARBANCHO, Alfonso G. (1971). “Complementos de Econometria”. Ediciones Ariel. Barcelona, España.
• BESADA R, B. (1981) “Estudio crítico de la teoría general de Keynes”. Ed. Ciencias Sociales. Cuba.
• CAMPBELL R. McConnell – Stanley L. Brue – David A.Macpherson. (2003) “Economía Laboral”. Ed Mc Graw Hill. España.
• CASTAÑO S. H. (2002) “Entender a la economía. Una perspectiva epistemológica y metodológica”. Ed. Felix Varela. La Habana.
• GOLDBERGER, Arthur S. (2001). “introducción a la Econometria”. Edic Ariel Economía. Barcelona, España.
• MOLINA. E. (1979). “La teoría general de Keynes”. Ed. Ciencias Sociales. Cuba
• KEYNES. J. M. (1976). “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”. Ed. Pueblo y Educación. La Habana
• MARX, C. (1973). “El Capital”. Tomo I. Ed. Ciencias Sociales. La Habana.
• MARX, Carlos – ENGELS, F. “Obras”. Ed. Ciencias Sociales. La Habana.
• SACHS – Larrain. (1993). “Macroeconomía en la economía global”. Ed. Pretenci Hall Hispanoamericana, SA.
• OLEKER, D. G. (2004). “La composición de la clase trabajadora en el capitalismo dependiente y su fuerza de transformación”. Ed Ciencias Sociales. La Habana.
• YA-LUN Chou. (1977). “Análisis Estadístico”. Nueva Editorial Interamericana, S.A. de C.V. D.F., México.


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