Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352  

Economía de México

 Celaya: clasificaciones, estratificaciones y discriminaciones bajo el criterio del vestido

Ricardo Contreras Soto (Antropólogo)
riconsoto@gmail.com

En los avances del estudio de la historia cultural de Celaya, hemos encontrado algo que llamamos las dos Celayas, son testimonios que hacen referencia a las desigualdades económicas, sociales y culturales que se viven y se han vivido en este territorio, pero no exclusivo de este municipio, por cierto es muy matizado en el estado de Guanajuato en general, pero corresponde a una problemática más amplia y más compleja en el capitalismo. Señalo algunas partes de este conflicto en eventos dentro de estructuras sociales: Entre el mundo indígena y el mundo colonizado;  entre los castizos y mestizos;  entre los hacendados y peones; entre comerciantes ricos e informales; entre grandes y medianos industriales y pequeños y micros;  entre la institución  religiosa y la religiosidad popular;  entre religiosos dogmáticos y religiosos liberales; etcétera. 


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Contreras Soto, R.: “ Celaya: clasificaciones, estratificaciones y discriminaciones bajo el criterio del vestido" en Observatorio de la Economía Latinoamericana, Nº 88, 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/mx/2007/rcs-f.htm


 De las 121 entrevistas aplicadas a personas mayores de 60 años,  para investigar sobre la historia oral de Celaya, reflexionamos con ustedes sobre  las diferencias sociales que existieron manifestados  en algunos de relatos. En el orden social hay estructuras que nos quieren hacer creer que son naturales, en lo visible hay una distribución / diferenciación entre las personas que tienen recursos como aptas, distinguibles, apreciables, estéticas, ciudadanías ejemplares  y las personas que no tienen esos recursos como ineptos, anti- estéticos (feos), despreciables, personas que en el trato incomodan, etcétera.  En los criterios de la discriminación esta la clasificación racista y clasista en  filtros visibles de diferenciación social, dentro de estás formas una de las más importantes es la manera de vestir de las personas:

     “No es que la gente era más, estaba más pobre vestían pues pero pues muy bajo, no como ahora andan hay con unos trajes ¡que cállese! Era pantalón pero pues más pobre mas bueno yo pienso que la gente era más pobre era mas ya le digo”. (Entrevista 80) (Ignacio Lemus Martínez, 81 años, Masculino, 1 de primaria, Jornalero de campo,  Celaya)

El criterio social de discriminación visible primeramente se de en el vestido, donde se ubica a la gente dentro de una pertenencia, un ámbito, un grupo. La distancia entre unos y otros. A la distancia física se ve, en la distancia social implica dos formas de vida, dos personajes distintos, dos culturas, dos destinos.

“Mire  cuando yo tuve un poco de experiencia más, la gente más antes aquí mire, venía en calzón blanco y camisa blanca, también usaban un (faja), en vez de cinto usaban un cinto aquí ancho; y ahí traían su dinero, traían su dinero, les nombraban víboras a esas, ahí traían su dinero, y si es que compraban algo, tenían que soltarse el cinto para sacar el dinero, era pura plata, no era cobre como el de ahora, era pura plata, oro no, el oro ya no lo conocí, pero la plata si la conocí. Y esos hombres venían vestidos del rancho con unos, como le digo con unas batas blancas, aquí traían su dinero que les nombraban víboras, entonces esos veda venían a comprar cualquier cosa y se soltaban el cinto para sacar el dinero, sacaban una raya (cambio en monedas) harta, pero plata, pesos, pesos de esos centenarios que tenían no más un sol como la pura plata y otras cosillas más veda. Venían con sus burros unos, había un mesón (especie de hotel barato) por acá a la vuelta, un lado, antes de que tumbarán el mercado este, porque el mercado este es nuevo, el mercado que esta aquí, ese mercado es nuevo, entonces ahí se hacía una plazuela; y en esa plazuela venía toda la gente a comprar ahí, entonces venía mucha gente del rancho; y por ahí un lado de ese estaba un mesón y ahí metían sus animales, caballos, burros, todo eso, entonces para eso veda, pos se iban con toda confianza a comprar y regresaban de vuelta, salían con sus caballos, sus burros, y ya se iban en paz; ya con lo que compraban”. (Entrevista 1) (Juan Ramos Bolaños, de 66 años, originario de Celaya).

La primera diferencia se da entre la sociedad  rural y la sociedad urbana, las personas de las haciendas, después de las rancherías y municipios pequeños, que iban a la ciudad a realizar compras de insumos necesarios como herramientas, comestibles y algún otro insumo, (también a vender productos), a realizar actividades administrativas en el palacio municipal, visitar una fiesta o evento religiosos. Llegaban en sus medios de transporte de tracción animal (carretas) o montados en caballos, mulas o burros, en todo caso a pie, y por la distancia y los medios de transporte tenían que pernotar en un mesón por lo general cerca del mercado, este forma sociocultural se da en el México de 1800 a 1949 aproximadamente donde las actividades económicas principales era la agricultura.

Aproximadamente en 1930 nos comenta que en Celaya:

“Hilario : Los  de rancho  se vestían con calzones de manta  y  con un  trapo amarrado  en las pompis  que  les llamaba  Tapio  y camisa de manta y nada  mas no se usaba el pantalón  no se usaba el pantalón no se  usaban los zapatos , y  aquí en Celaya los ricos usaban  sus  sacos sus  corbatas , como  es  ahorita. Liliana: ¿Es cierto  que  para  entrar  a Celaya los obligaban  a vestir pantalones? Hilario : Si  un  tiempo el  gobierno  los obligo  y  el  que  no tenia pantalón lo tenia que  pedir  prestado o  comprarlo y  ya  cuando entraban  aquí se lo ponían  y  cuando salían  se  lo quitaban y  así  hicieron  negocio”. (Entrevista 70) (Hilario González   García, 80 años).

Por estas fecha se  prohibió el uso de calzones de manta y huaraches, a quién se le sorprendiera se le cobraba una multa. Este dispositivo que algún presidente municipal o gobernador, lo implantó para civilizar a los campesinos. Lo visible es la apariencia ¿A quién ofendió la vestimenta campesina?, ¿Qué tan desagradable era mostrar ser campesino indígena?, ¿De quién fue la demanda moral que pidió sacar de circulación a esas personas?, ¿Por qué se peno administrativamente vestirse así?, pues  las clases ricas siendo una minoría imponen socialmente su forma de pensar. Lo ranchero, lo rural y lo indígena gravita en el mal gusto de la cultura, tan peyorativamente es la diferenciación que forma parte del insulto.   

“Cuando la gente venia de los ranchos de Roque de por allá de Teneria (comunidad), traiban (traían) sus pantalones para ponérselos con zapatos, pero allá atrás del panteón viejo de aquel tiempo, cuando ya se iban a sus ranchos allí mismo se quitaban su ropa que traiban para llegar al  acá al centro, ir a misa y ya de hay se ponían lo que traiban de allá de su rancho otra vez, porque no los dejaban entrar sin su (ropa adecuada), así como querían ellos entrar, de calzón y huaraches llegaban  y se ponían sus zapatos las señoras allí tras del panteón, y ropa para entrar ir a misa al centro, no como ora (ahora) que ya vienen arreglados, hay camiones y todo, se venían caminando en el camino para llegar a Celaya a comprar su mandado y ir a misa, allí se vestían en detrás del panteón y allí se quitaban lo que traiban para entrar a Celaya ¿de cual panteón? panteón viejo, ¿cuál es ese? el que esta de aquí para allá ¿en donde es de aquí para allá? pos  aquí la entrada del desnivel ¿en que año era eso? mm tenia yo 9 10 años cuando yo vi eso, que vi a unos tíos que tenia yo en Roque (comunidad rural), allí se quitaban su ropa  para vestirse para entrar para acá, para Celaya, pantalones o sus huaraches sus zapatos o huaraches nuevos y  dejaban lo viejito para ponérselos allí en el camino otra vez a su casa, ¿quién no los dejaba entrar? pos eso si no sabría yo por que no dejaban  entraban para allá pal (para el) centro así si seria por pena de que iban con su ropa viejita o ellos querían entrar ya con su ropa que era pa (para) salir allá al centro, eso si no me di cuenta el porque”. (Entrevista 2) (Paula Beltrán Hernández, 82 años, primer año de primaria, originario de acámbaro).

En esta anécdota nos platican como llegaban a las orillas de las ciudades los campesinos rurales para cambiar la vestimenta a la de los urbanitas  (del calzón de manta, el tapio y los huaraches por zapatos y pantalón), detrás de el panteón que colinda con la ciudad, detrás de un maguey o de un mezquite se hacía el acto de transformación social, hombre, mujeres y niños.  Medida ejemplar de sanciones, multas y exhibiciones (violencia simbólica), la asociación entre ropa vieja y nueva, va ser un elemento importante posteriormente en las modas. Es importante señalar también del testimonio anterior, que se sigue actuando de esta manera con las personas rurales que visitan la ciudad, aunque ya no traigan pantalón de manta y huaraches, ni haya multa por traerlos, la demarcación marcó un desprecio: no vestir como rancheros. La primera demarcación que hace socialmente el vestido entre indios y blancos, entre rancheros y urbanos, a continuación vamos a analizar la otra diferenciación entre ricos y pobres:

“Se vestían según su posición les ayudara pero lo regular, como te digo habíamos unas personas más humildes y otras de mayor posesión, pero casi la gente era como más, esta cuidaba más el dinero, ahora no, ahora ya se compran unas cosas muy bonitas”. (Aproximadamente en 1951) (Entrevista 13) (Josefina García Palma, 69 años, femenino, 5º primaria, empleada doméstica, Celaya, Gto.).

La diferencia en las formas de vestir entre ricos y pobres era (es) muy demarcada, no solo las diferencias económicas, las diferencias sociales y enmarca limita las posibilidades de imaginar usar “cosas bonitas” en las clases subalternas, como lo señala el testimonio anterior.

“…comprábamos la ropa en la abeja en los precios de México,  bueno los mas ricos lo compraban ahí, la gente se vestían largas con vestidos ampones y sus crinolinas abajo los vestidos muy bien almidonaditas las jóvenes  las señoritas de sociedad se vestían así, también uno de pobre pues traía ganas de traer una crinolina, los zapatos eran puntiagudos esos los compraban en la plazuela  allá por San Agustín ahora ya es mercado, la comida típica era el arroz la sopas aguadas, sopa de fideo carnes  la cecina  y ahora ya hasta los hombres se dedican a las comidas los chefs”. (Entrevista 58) (Socorro García Montalvo,  65 años, tercero de primaria, empleada domestica).   

Los circuitos en el consumo de la ropa (y comida), están definidos por las posibilidades económicas de acceso,  clase alta en tiendas exclusivas, la otra clase en el mercado popular, en los mercados itinerantes y plazuelas. Nuevamente la lógica de los consumos de clase descubierta por Bourdieu se muestra entre la lógica de la necesidad (los pobres) y la lógica de la “libertad” distinción (los ricos).  El arbitrio en el buen gusto lo dicta la clase dominante,  la elegancia, lo estético, a la vuelta del tiempo en una lectura de aparente  anacrónica, pero articulada a la lógica de la necesidad (confieso), nos ponemos a pensar sobre esos vestidos  y zapatos “incómodos” que restringían el movimiento, que acaloraban el cuerpo con las prendas en estas zonas territoriales calidas del bajío, ¿Por qué el arbitrio de los ricos en el buen gusto dicta aún cuando es incomodo?, ¿Por qué el gusto se hace extensivo  a las clases bajas? Aún cuando la moda era incomoda,  las restricciones  de los estético era deseadas. En la actualidad la división de trabajo en la especialización del gusto, trae nuevas profesiones: estilista, diseñador de interiores, chef, repostero, diseñador gráfico, etcétera, con todo un acervo de conocimientos para seguir legitimando el gusto.

“Bueno pos cuando yo estaba joven pues en mis tiempos  aquí  la serenata, los días domingos, aquí había pos todavía tu sabes que aquí a donde va usted a pasearse en Celaya ya hay unos cuantos centros nocturnos,  me acuerdo agradablemente pos aquí en el jardín en mis tiempos los muchachos daban la vuelta en un sentido y los hombre en otro  y los mas de dinero se vestían mejor y daban la vuelta  aquí en el jardín y los jodidones dábamos la vuelta en el portal, o sea los mas o menos posibilidades económicas nos vestíamos mas mal,  pero los domingos sacábamos nuestros mejores garritas (ropa), muy bonito joven  en ese tiempo  en las esquinas había señoras vendiendo gardenias y ya cuando empezaba uno a dar la vuelta  y veía uno a las  muchachas  asía los ojitos ya se compraba uno su gardenia ya se veía uno que la chava (mujer) le correspondía pos le ofrecía uno la gardenia,  pos ya ligaba  uno (se relacionaba afectivamente), era muy bonito en carnaval era un combate de flores  la aventábamos  las flores  con confeti pero al principio era mas bonito aventar  los pétalos de rosa, esto es un recuerdo muy grato, los bailes cuando ya yo empecé a trabajar cuando tuve la oportunidad de vestirme  nombre  en mis tiempos la persona que ya tenia  posibilidades luego, luego  le hacia uno por comprarse su trajecito,  aquí en presidencia se hacia unos bailazos  todas las muchachas de largo y los jóvenes de traje  todo, y con corbata  si no, no lo dejaban entrar  era un ambiente muy  grato  por eso es la parte mas  grata que yo recuerdo  aquí en Celaya”. (Entrevista 50) (Francisco Morales  78 años, sastre, primaria).

El vestido que marca y demarca a las personas, la apariencia como criterio de selección social en los espacios socioculturales, permite recurrir a estrategias miméticas (comprar ropa nueva y de moda establecida  por los ricos para socializar con la clase alta), también ambientar la disimulación (creer que vestir así de la misma forma que los ricos los  hace ricos y distinguibles), en el fondo se que hay una demanda por verse diferentes salir de la pobreza, verse con otros ojos, en otros lugares, de otras maneras las clases subalternas.


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