Los microcréditos en la Argentina ¿por qué no tienen éxito?
Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352

 

 

 

Economía de Argentina

Los microcréditos en la Argentina ¿por qué no tienen éxito?

Ana Laura Fontana
María Isabel Negre

Escuela TEA, Argentina
isabelnegre@hotmail.com

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Fontana, A.L. y Negre, M.I.: "Los microcréditos en la Argentina ¿por qué no tienen éxito?" en Observatorio de la Economía Latinoamericana Nº 64, julio 2006. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/ar/


Introducción

            En la Argentina, existe un importante déficit en lo que es la oferta de microcréditos. Esto se debe a distintas razones de índole económica y de gestión empresarial.

            A nivel internacional, existen diversas experiencias en numerosos países del mundo; y se han utilizado estructuras organizativas como Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), uniones de créditos, cooperativas u organizaciones financieras directamente.e.

            En todas, se tiene en cuenta la misma regla básica: maximizar la rentabilidad. Si existen impedimentos para ampliar o explorar nuevas fases del mercado, éstos se convierten en la frontera a ser superada; para poder desarrollar con recursos propios o ajenos, la actividad financiera.

            La mayor parte de la población mundial, no tienen acceso a créditos de ningún tipo; y esto agrava aún más la situación en los países en vías de desarrollo donde el porcentaje de esta franja poblacional llega, en muchos casos, al 90%. Así, el microcrédito con financiamiento bancario es un método importante para tener en cuenta, a la hora de mirar distintas alternativas que remedien el desequilibrio estructural.

            En el mercado local no hay una selección adecuada de las áreas de mercado con los que se puedan cumplir los objetivos definidos por las organizaciones. Esto condiciona la posibilidad de un desarrollo de una economía de escala que, eventualmente, pudiera hacer rentable la operación.

            Las instituciones microfinancieras (IMF´s) tienen que alcanzar la sustentabilidad operativa y financiera para que logre autonomía y continuidad en el tiempo; así como desarrollar un nivel de recursos humanos que permita supervisar y promover el negocio rentablemente. Esto permitirá a la organización el ser competitiva y, por lo tanto, exitosa. En la Argentina ni siquiera se tuvieron en cuenta estos puntos básicos.

 

Instituciones microfinancieras en el mundo

            Desde 1997, año en el que se produjo la Cumbre sobre Microcrédito en Washington, se ha observado un mayor interés sobre las microfinanzas. Así, se han llevado a cabo muchas iniciativas de este tipo que dan lugar a un amplio repertorio de modalidades de actuación en el ámbito institucional, en el terreno operativo e, inclusive, en la definición y alcance de cada organización.

            Hasta el 31 de diciembre de 2002, ya eran 2572 las instituciones de microcréditos que tenían a 67.06.080 clientes, en total[1]; aunque para el 2003, las instituciones ya llegaban a 3000 (Grupo Sophia, 2003)[2].

            La mayor parte de estas organizaciones brindan servicios a los pobres, pero otras también buscan la rentabilidad del negocio financiero teniendo en consideración un mercado no alcanzado por las instituciones tradicionales y buscando llegar siempre a una mayor cantidad de personas.

            La diferencia que existe con las instituciones financieras tradicionales, es que los clientes de las instituciones microfinancieras tienen un perfil que se ubica en las antípodas por volumen, por formación empresarial y por no poseer garantías; por lo tanto, son las personas consideradas de alto riesgo. Esto es importante dejarlo en claro dado que ambas instituciones parten del negocio financiero pero las modalidades y las características hacen la diferencia.

            El microcrédito surge como práctica financiera en la segunda mitad del siglo pasado. La acción de organizaciones como Grameen Bank (Bangladesh), Acción Internacional[3] y FINCA (Fundación para la asistencia de la Comunidad Internacional)[4] fue decisiva para instalar mundialmente el concepto. El éxito que obtuvieron estas instituciones impulsó a organismos internacionales tales como Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a invertir en el sector.

Además, estos organismos han apoyado investigaciones económicas con lo que ha quedado demostrado ser el gran apoyo que han brindado para la expansión de la microempresas en el mundo. Así, el Banco Interamericano de desarrollo (BID), ha  exteriorizado un fuerte apoyo a los programas para la expansión de las microempresas en Latinoamérica.

El Grameen Bank fue la consecuencia de un Proyecto de Desarrollo Rural, creado por el Dr. en Economía M. Yunus, en Bangladesh. Recordemos que éste es el país con mayor densidad de población en el mundo; con una agricultura que siempre ha sido insuficiente para el abastecimiento de la sociedad; y que, desde la década del noventa vive en una situación de deterioro tal que la lucha por la supervivencia ha pasado a ser el principal problema a nivel nacional[5]. El 80% de la población vive en la más absoluta probreza.

Yunus conocía esta situación y se dio cuenta de que las personas de las aldeas debían comprar la materia prima que necesitaban a quienes, luego, comprarían sus productos a precios muy bajos. Esto hacía que el margen de ganancia fuera mínimo y la situación obligaba a los aldeanos a pedir préstamos que, gracias a las tasas usureras, solamente hacían que su situación empeorara.

“Desgraciadamente, no existía ninguna institución financiera que pudiera satisfacer las necesidades de los pobres en materia de crédito. El mercado de crédito, ante la ausencia de instituciones oficiales, estaba acaparado por prestamistas locales, que arrastraban a sus clientes cada día más lejos en el camino de la pobreza. Una vía con dirección obligada y de gran circulación”, explica el Dr. Yunus en su libro Hacia un mundo sin pobreza[6]. Así, el autor otorgó el dinero con una mínima tasa de interés y los campesinos lo devolverían cuando estuvieran en condiciones de hacerlo.

Este proyecto demostró ser exitoso y, a partir de 1979, con el apoyo del Banco Central de Bangladesh y otros bancos nacionales, el sistema de préstamos se extendió en distintos distritos a lo largo de todo el país. Luego, en 1983, se fundó el Grameen Bank que posee más de 3.12 millones de prestatarios, de los cuales el 66% ya supera de forma holgada la línea de pobreza. Además, tiene una tasa de retorno del 98%.

El 95% de los prestatarios son mujeres, dado que han demostrado ser más confiables que los hombres y son quienes, además, les es más difícil el poder acceder a un crédito “tradicional”.

El método que utilizan es el de préstamos individuales a través de los grupos solidarios. Esto implica que el préstamo se le da una persona y todo el grupo trabaja para que ese préstamo sea devuelto. Una vez que esto está hecho, se entrega el segundo préstamo a la segunda persona y así sucesivamente hasta que todos lo reciben. Los grupos, en general, no son mayores a 5 personas.

Este banco ya cuenta con sucursales en Bolivia, Chile, China, Honduras, El Salvador, Estados Unidos, India y Tanzania, entre otros. Desde su inicio hasta 1998, ha recibido financiamiento de origen externo como la NORAD (Agencia Noruega de Ayuda), SIDA (Agencia Sueca de Ayuda), IFAD (Agencia de Desarrollo Financiero de las Naciones Unidas), Fundación Ford, entre muchas otras.

            Acción Internacional, es una de las instituciones pioneras en Microfinanzas. Es una organización internacional, privada, sin fines de lucro, que cuenta con casi 30 años de experiencia en el campo. Agrupa a 15 países de Latinoamérica, 5 de África y Estados Unidos. Al principio sólo participaba en proyectos de, por ejemplo, construcción de escuelas y centros comunitarios. Es a partir de 1973 que comenzó a desarrollar los programas de microcréditos a microempresas. Los montos mínimos de los créditos que ofrecen son: de US$ 100 en América Latina y África, y de US$ 500 en Estados Unidos. La metodología empleada es individual y de grupo solidario. El 65% de sus clientes son mujeres y la tasa de retorno es del 98%.

Cabe destacar que esta organización busca que sus programas sean autosustentables, impulsando la conversión de las instituciones que brindan crédito, en instituciones que puedan acceder al mercado financiero mundial.

A mediados de la década del ´80, aparece el modelo de los “Bancos comunales”[7] en Latinoamérica, creado por el economista John Hatch, con el nombre de Fundación Internacional para la Asistencia Comunitaria (FINCA)[8]. Existen programas en América Latina, África, Asia y Europa del Este y la institución trabaja en 20 países de estos continentes. 

Se brindan servicios financieros de crédito y ahorro para poder alcanzar su objetivo principal: facilitar soluciones a las familias para disminuir los niveles de pobreza. La organización ha realizado estudios que muestran que sus programas mejoran las condiciones de vida de manera significativa. Los clientes son en su mayor medida, pequeños comerciantes, también productores de alimentos y artesanos, con un porcentaje más reducido y en pequeñas proporciones, a prestadores de servicios y productores agropecuarios. Aquí también la mayoría de sus clientes son mujeres.

Los montos de los créditos oscilan entre US$ 50 y US$ 1000 a grupos formados entre 10 y 50 personas, con una tasa aproximada del 4% mensual. Sus fuentes de financiamiento son USAID (US Agency for International Development), fundaciones privadas, empresas, fondos de garantías, etc. Hasta ahora se otorgaron US$ 136 millones a 227.388 personas, con una tasa de retorno del 97%.

 

Instituciones microfinancieras en la Argentina

            Si bien la aparición de las instituciones microfinancieras en nuestro país es bastante reciente, un estudio realizado por Microfinanza s.r.l. demuestra que es el país de América latina donde menos se ha desarrollado este sistema.

            Es cierto que aquí no hay una tradición de ONG´s crediticias que presten servicios a la microempresa, ni hay instituciones formales que hayan incorporado a sus carteras a esta parte del mercado. Alrededor de 1970 se iniciaron programas de microcréditos (por ejemplo, para producciones campesinas como ser el Instituto Social de Desarrollo –INDES-), pero tenían un alcance cuantitativo muy reducido.

            En la década del noventa comenzaron a operar varias instituciones que atendían a las microempresas urbanas. Entre otras podremos encontrar a la Fundación Emprender, Fundación Banco Mundial de la Mujer, Asociación Civil Horizonte. El Estado recién se involucra en el año 1996, llevando a cabo el Programa de Promoción del Desarrollo (PPDL)[9], luego se crea el Fondo de Capital Social (FONCAP)[10], que financia a las instituciones. Luego también se desarrolló el Programa de Desarrollo Local (PDL), que trabaja a través de los municipios.

            Entonces, se distinguen dos tipos de instituciones microfinancieras en el país: las que tienen un nivel gubernamental y que se llevan a cabo a través de políticas públicas y de instituciones oficiales de apoyo a la microempresa, y las no gubernamentales.

            Con respecto al primero, se han iniciado varios proyectos de apoyo a la microempresa[11]. Pero es el FONCAP[12]el que ha tenido mayor relevancia. Éste pertenece al Ministerio de Desarrollo Social, lo que hace que cada vez que cambia el gobierno, cambien los directivos del Fondo.

            Más allá de eso, el FONCAP brinda como servicios institucionales:

·                                Asistencia técnica "llave en mano" para la puesta en marcha de operaciones financieras para microempresas.

·                                Capacitación para la puesta en marcha, gerenciamiento, implementación y monitoreo de operaciones financieras para microempresas.

·                                Entrenamiento de equipos técnicos y operativos de instituciones de financiamiento a microempresas.

·                                Asesoramiento a instituciones públicas o privadas en el diseño, desarrollo e implementación de políticas de financiamiento para microempresas.

·                                Acceso al Centro de Documentación y Biblioteca Virtual FONCAP. 

Los servicios financieros están destinados a Instituciones de derecho privado formalmente constituidas y vinculadas al sector de la microempresa. Así, ofrecen apoyo crediticio, asistencia técnica para la formulación del plan de desarrollo institucional, apoyo técnico para la implementación de la operación y capacitación en recursos humanos[13].

Si bien tiene una estructura institucional inestable (producto de recambios a nivel gerencial y de un inadecuado reclutamiento de los recursos humanos), unos muy elevados gastos de funcionamiento y una gestión de líneas de créditos hacia instituciones a veces inadecuadas; se ha conseguido que para diciembre de 2004 se haya duplicado la cartera, aumentó en un 44% la cantidad de instituciones que recibieron apoyo y la productividad aumentó en un 117%, conforme surge del balance de gestión 2004 publicado por el Ministerio de Desarrollo Social y el FONCAP.

Con respecto a las instituciones de nivel no gubernamental, ya existen más de 200 organizaciones que brindan apoyo técnico y financiero al sector de la microempresa[14]. Tan solo en la Ciudad de Buenos Aires, se encuentran 38 instituciones entre las que están: FIE Gran Poder SA, Fundación Grameen (Aldeas) Argentina, El Ceibal Asociación Civil, Fundación Contemporánea (mujeres 2000).

El mayor financiador de estas instituciones es el FONCAP, que cobra tasas en pesos que oscilan entre el 14 al 15% anual. El acceso a agentes internacionales de financiamiento ha sido una oportunidad para pocas IMF´s ya que son organizaciones pequeñas y no siempre pueden alcanzar economías de escalas requeridas.

Además, estas IMF´s tampoco resultan sostenibles dado el pequeño tamaño de sus carteras, la falta de enfoque hacia la rentabilidad y la sustentabilidad, y la crisis económica del 2002. Muchas de las organizaciones tienen todavía, un enfoque asistencial y no poseen estructuras de gobernabilidad sólidas.

Una de las instituciones que tuvo mayor importancia en la Argentina fue la Fundación Emprender. Esta surgió en 1992 por una iniciativa conjunta de distintos empresarios (Eduardo Casabal, Eduardo Costantini, Juan Peña, José Rohm y Federico Zorraquín) en la provincia de Buenos Aires. Su cartera llegó a los 3600 clientes y se les otorgaban préstamos de $850 que debían ser pagados en cuotas semanales en 16 semanas y una tasa del 4% mensual.

Según el artículo segundo de su estatuto, la fundación Emprender tiene como objetivo –entre otros- “proveer el financiamiento… para el desenvolvimiento de micro empresas, proporcionando asistencia económica y técnica al mayor número posible de personas de escasos recursos dentro del territorio nacional, por medio de inversiones recuperables y otras (conf.. inciso c).

Uno de los inconvenientes que tenía esta fundación era su elevado costo fijo, pero sin duda logró que se instalara en la Argentina el debate sobre la microempresa.

En el año 1999, nace la Fundación Grameen (Aldeas) Argentina (FGA) para llevar a cabo la visión y misión del Grameen Bank. Esta organización sin fines de lucro tiene como objetivo difundir la metodología enseñada por Yunus, mediante réplicas a través de las ONG´s instaladas en el país, otorgando crédito a personas que viven por debajo de la línea de pobreza.

Hoy en día, FGA cuenta con 25 réplicas[15] a lo largo de la Argentina. Las fuentes de financiamiento provienen de donaciones de particulares y de otras fundaciones (como Fundación Banco Nación) o Naciones Unidas.

La metodología que usan es similar a la establecida por Yunus: son individuales y se utiliza el grupo solidario con un monto que no supera los $500, con repago semanal y una tasa del 20% anual.

Más allá de estos casos concretos, se ve que en la Argentina aún no existen suficientes IMF´s para cubrir las necesidades de financiamiento de las microempresas, y las que existen, en general, trabajan con informalidad y sin institucionalidad.

Con respecto a la situación de la Argentina, podemos decir que desde la década del 90, tanto la pobreza como la indigencia acompañaron los ciclos económicos, disminuyendo durante los períodos de expansión económica y aumentando en los períodos de recesión.  Así, hubo una primera etapa de expansión (durante la convertibilidad que fue desde 1991 hasta 1994), pero que luego decayó por la crisis del Tequila (1995-1996).

Después hubo una etapa de recuperación económica (1997-1998) que terminó en la recesión producida por las crisis internacionales del sudeste asiático, rusa y la devaluación brasilera. Todo esto contribuyó a la agudización de la pobreza en la Argentina.

La recesión trae desempleo que afecta, en especial,  a los más pobres. En los últimos diez años los jefes de hogar cuadriplicaron la tasa de desempleo. Esta involución trae aparejada la exclusión de esta gente de la actividad económica.

Es recién en el año 2003 cuando se crea un programa de subsidios que intentó subsanar el problema. Pero los problemas secundarios que ha traído esta “solución” ha llevado que sea el programa sea muy cuestionado. El principal inconveniente que ha producido es que no es un programa para que la gente trabaje, sino que se subsidiaba a esa gente. Y, luego de tres años, esa gente sigue sin trabajo y viviendo a costillas del Estado.

Así se ve que el contexto de los últimos años ha sido de características desfavorables para el desarrollo del microcrédito. Pareciera que el futuro cercano luce más amigable.

Más allá del marco económico, político y social, también se encuentra el regulatorio. La ley de Entidades Financieras, nº 21526, es poco proclive al financiamiento de la microempresa.

Por un lado, se requiere documentación con un alto grado de detalle y complejidad. A pesar de ello, el Banco Central ha dictado comunicaciones regulatorias definiendo los requerimientos para los préstamos de bajo valor. Además, en su artículo 31, establece que “las entidades deberán mantener las reservas de efectivo que se establezcan con relación a depósitos, en moneda nacional o extranjera, y a otras obligaciones y pasivos financieros”[16].

Esto demuestra que no existe al momento en la normativa del Banco Central una categoría adecuada para las instituciones que aspiran a brindar servicios microfinancieros. La norma vigente no considera la garantía solidaria como válida.

En resumen, las instituciones formales, bancos y entidades financieras no han desarrollado el financiamiento de las microempresas por las siguientes razones: marco normativo inadecuado, escasa percepción del Managment en las potencialidades del sector y falta de competitividad en el esquema dinámico de la estructura organizativa.

Además, tampoco existe imaginación para el manejo de garantías alternativas que es un factor clave para el desarrollo de la masa crítica, junto con la falta de estudio para la presentación de nuevo y adecuados productos. También existe la justificación, como excusa, que dice que la estructura económica y social del país no está preparada para el desempeño del microcrédito.

 

Conclusiones

Lo que se ha intentado demostrar con este trabajo es que existe un escaso alcance del crédito a las microempresas, producto de la falta de competitividad por falta de las IMF´s. Estas no tienen visión del negocio, ni hay un desarrollo del producto ni un entendimiento del segmento de mercado. Por esto, se entiende que no existe la capacidad operativa para llevar a cabo en forma fructífera el negocio.

Si se quiere conseguir una expansión razonable que justifique la inversión de capitales, debe profundizarse y mantenerse actualizada la visión del negocio. A nivel local, la gerencia considera que el otorgar microcréditos no alcanza para lograr el nivel de un negocio; con lo cual su prioridad, es disminuir la pobreza a pesar de los costos, y no con el límite de ellos.

El desafío que tiene que lograr es participar de un mercado de carácter informal de montos muy importantes generados por la economía real y que se maneja dentro de los pliegues de una expansiva informalidad.

El producto tampoco se encuentra lo suficientemente desarrollado para llegar al nivel de demanda actual: una de las principales restricciones se vincula a la falta de oferta accesible y generalizada en las distintas áreas geográficas del país, además de la escasa participación del Estado en la implementación y promoción de las microfinanzas.

También hay un escaso entendimiento del segmento. Esto se da porque la mayoría de las organizaciones no llevan a cabo investigaciones de mercado, con lo cual no estan identificadas cuáles son las necesidades de los consumidores. En nuestro país, el mercado no es homogéneo, con lo cual, resulta indispensable que la institución sepa a qué parte va a prestar sus productos y servicios.

También hace falta desarrollar un nivel gerencial y de staff que permita supervisar y promover el negocio rentablemente. Se debe promover el crecimiento de las personas de la organización y capacitarlas constantemente, y para esto es clave que el personal esté altamente motivado y comprometido.

Luego, es necesario determinar de forma clara los objetivos del proyecto: definir si se está buscando reducir la pobreza y obtener una rentabilidad competitiva. De esta forma, los objetivos enmarcan las futuras decisiones de la organización. Con un adecuado plan se pueden determinar los objetivos de corto y largo plazo.

Algo de suma importancia es que la institución obtenga sustentabilidad económica (operativa y financiera), para poder garantizar la continuidad y autonomía de la organización. Asimismo, deberán desarrollarse una oferta de productos y servicios requerida por el mercado, innovando y creando valor empresario.

Por último, es importante tener un acceso fluido al mercado de inversores a tasas de interés razonables.

Todo esto se quiere dejar en claro, porque en la Argentina las instituciones no contemplan estas características básicas para llevar adelante a este tipo de organizaciones. Pero también es necesario un marco regulatorio adecuado, para que se produzca una oferta deseable.

Entonces, existe una falta de conocimiento, experiencia y promoción que son elementos que afectan la calidad de la toma de decisiones. Estos debieran ser corregidos en aras de cumplir con un plan estratégico.

Las microempresas con la fuente demandante del microcrédito para su expansión; son vitales para obtener la sinergia del capital que aumenta la rentabilidad de los proyectos empresariales y, por ende, el desarrollo económico y social de nuestra sociedad.

Consideramos que el campo de acción de las Microfinanzas es muy vasto y permite ser optimista dado el fructífero desarrollo, basado en la magnitud del número de las microempresas que se mantienen activas en el mercado local.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

-                                               Diccionario de Historia Universal del siglo XX, dirigido por Jan Palmowski. Madrid, Ed. Complutense, 1998.

-                                               Yunus, M. Hacia un mundo sin pobreza. Buenos Aires, Ed. Andrés Bello, 2001.

Páginas de Internet

-                                            Información sobre legislación Argentina, perteneciente al Ministerio de Economía y Producción: http://infoleg.mecon.gov.ar/

-                                            Fundación Grupo Sophia: http://www.gruposophia.org.ar/

-                                            Grameen Bank (Bangladesh): www.grameen-info.org

-                                            Acción Internacional: www.accion.org

-                                            FINCA, Fundación para la Asistencia de la Comunidad Internacional: www.villagebanking.org

-                                            FONCAP, Fondo para el Capital Social: www.foncap.com.ar

-                                            Fundación Grameen (Aldeas) Argentina: www.grameenarg.org.ar

 


 

[1] Según el Informe del Estado de la Campaña del Microcrédito del año 2003.

[5] Diccionario de Historia Universal del siglo XX, dirigido por Jan Palmowski. Madrid, Ed. Complutense, 1998, pág. 66, 67

[6] Yunus, M. Hacia un mundo sin pobreza. Buenos Aires, Ed Andrés Bello, 2001, pág. 27.

[9] Que luego continuará como el  Programa de Emprendimientos Sociales –REDES-

[10] El capital accionario de $100.000 corresponde a un 49% del Estado Nacional, un 45.5% a Acción Internacional y un 5.5% a la Fundación Emprender. La designación del Presidente y del Vicepresidente del directorio le corresponde al Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente de la Nación.

[11] Por ejemplo a nivel nacional, en 1993, en el ámbito rural, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, a través de fondos del Banco Mundial, implementó el  Programa Social Agropecuario (PSA) para otorgar financiamiento a campesinos del noroeste y noreste de la Argentina. Sin embargo, desde 2001 la baja recuperación de sus préstamos, hizo descender en gran medida su actividad.

[14] Conforme surge del Registro Único de Instituciones de Financiamiento a la Microempresa (RIFIM), publicado en la página: http://www.foncap.com.ar/rifim.asp

[15] 14 en Buenos Aires y las demás se encuentran distribuidas en Chaco, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Santa Fe. Fuente: http://www.grameenarg.org.ar/replicas/index.asp

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