Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 1696-8360

MARX Y SU VISIÓN DEL TRABAJO


Héctor Ruiz Ramírez (CV)
uaemherura@yahoo.com.mx
Universidad Autónoma del Estado de México





Resumen: A partir de la elaboración de su Teoría del Valor-Trabajo, Marx sienta las bases del análisis del trabajo. El presente artículo pretende presentar de manera muy sucinta, algunos rasgos biográficos de Carlos Marx que permitan situarnos en el contexto en que nacen tan importantes aportaciones; y los elementos que el autor consideró importantes para tratar de entender la concepción marxista del trabajo, así como su relación con otras variables, tales como la acumulación de capital, la tecnología y la crisis económica.

Palabras clave: Marx; teoría del valor-trabajo; fuerza de trabajo; plusvalía; empleo.

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Ruiz Ramírez, H.: "Marx y su visión del trabajo" ,en Contribuciones a la Economía, junio 2013, en www.eumed.net/ce/2013/marx.html


Su vida

Carlos Marx nace en la ciudad de Tréveris, en la Prusia renana, el 5 de mayo de 1818, donde cursa sus estudios de bachillerato. Posteriormente ingresa a la universidad de Bonn y después a la de Berlín, donde estudia hasta 1841 la carrera de Derecho, enfocándolo sobre todo a la historia y la filosofía y presentando su tesis sobre la filosofía de Epicuro (Lenin, 2000). Durante su estancia de formación en Berlín se vio seducido por la influencia de Hegel y de Feuerbach, cuyas ideas influyeron en su visión de la historia, la religión y la sociedad (Ekelund & Hébert, 2008).

Cuando se dio cuenta de que debido a la situación reaccionaria que prevalecía en Alemania, le era imposible desarrollar una carrera académica u oficial, se inclinó por el periodismo como lo forma más conveniente de actividad política (Roll, 1978).

En 1844 comparte en París unos días con Federico Engel, quien a partir de ese momento se convierte en su amigo más íntimo. A petición del gobierno de Prusia, en 1845 es expulsado de París, etiquetándolo como revolucionario peligroso (Lenin, 2000). Pero es en París donde inicia de manera sistemática el estudio de la economía, de manera particular a Smith y Ricardo y a los filósofos materialistas como Locke (Ekelund & Hébert, 2008).

Marx y Engels durante toda su vida estudiaron a la clase obrera internacional, afirmando que la clase obrera, históricamente tiene la misión de derribar al capitalismo y de construir un orden socialista (Gemkow, 1975).

En París, tiene la oportunidad de conocer a otros pensadores de la época, como Leroux, Blanc, Proudhon y Bakunin. Su actividad política provocó que el gobierno de Prusia lo expulsara, dirigiéndose por ello a Bélgica (Herrerías, 2000).

En 1847 publica “Miseria de la filosofía”, donde hace una fuerte crítica a la obra de Proudhon y en este mismo año, junto con Engels, se afilia a la Liga Comunista, donde se les solicita la redacción del Manifiesto Comunista, que aparece un año después. En 1859 publica su obra “Contribución a la crítica de la economía política” y en 1867, el primer tomo de “El Capital”. (Lenin, 2000). Posteriormente, después de su muerte, fueron publicados en 1885 el segundo tomo, y en 1894 el tercero. Su obra traspasa el campo de la economía (Roll, 1978).

Muere el 14 de marzo de 1883 y yace enterrado en el cementerio de Highgate de Londres.

Escuela Marxista

Hablar de la escuela marxista, es hablar de Carlos Marx (1818-1883) y de su famosa y discutida obra "El Capital", que como señalábamos, la dividió en tres partes: el proceso de producción del capital, el proceso de circulación del capital, y el proceso de la producción capitalista vista en conjunto.

Se puede afirmar que tres son los grandes economistas dentro del pensamiento económico. En el siglo XVIII podemos mencionar a Adam Smith; en el siglo XIX a Carlos Marx; y en el siglo XX a Keynes.

A Marx se le considera como un economista que trabajó dentro de la postura clásica, pero tanto sus críticos, como sus partidarios, coinciden en que fue mucho más que un economista, ya que debido a su perfil revolucionario, utilizó el estudio de la economía política como un instrumento de la lucha política, debido a que como él mismo señalaba, era muy importante descubrir las leyes de la evolución a través del estudio de la economía política, para con ello tener un arma teórica, sin la cual consideraba que la acción política estaba destinada al fracaso (Roll, 1978).

En el pensamiento de Marx se puede encontrar una teoría de los procesos históricos, fundamentada en las fuerzas económicas y materiales, culminando en el cambio económico y social del orden existente, abarcando su pensamiento los campos filosóficos, históricos y económicos (Ekelund & Hébert, 2008).

Marx señalaba que la contradicción fundamental del capitalismo tenía que ver con su carácter cada vez más social y cooperativo de la producción, que lleva a la existencia de dos clases, la de los capitalistas (dueños de los medios de producción) y la de los obreros (dueños de su fuerza de trabajo), que provoca una lucha entre ambas clases (lucha entre capital y fuerza de trabajo), debido a que sus intereses son incompatibles. Esta lucha toma muchas formas, de las cuales la más amplia es la política (Roll, 1978).

Lo que distingue a Marx de su propia economía existente hasta ese momento, fue el concebir a la producción como la fuerza central y motriz, entre las fuerzas de la producción, distribución, cambio y consumo, por lo que la economía la convierte en ciencia de la producción, al señalar que esta, contribuye a conformar la propia naturaleza humana (Ekelund & Hébert, 2008).

Marx basa su teoría en la libre concurrencia en el mercado de productos, la cual tiende a igualar la tasa de ganancia sobre el capital. Cuando la tasa de ganancia baja respecto a la tasa de mercado, la oferta disminuye, el precio de mercado de esa línea de productos queda por encima del valor trabajo de las mercancías y la plusvalía se redistribuye entre todos los capitales individuales (a través de cambios en los precios de los elementos del capital constante). Cuando la tasa de ganancia del mercado en conjunto baja, la acumulación se frena y el empleo por lo tanto disminuye.

A la teoría marxista se le ha denominado también teoría objetivista, en contraposición a la teoría subjetivista de los neoclásicos.

El Valor-Trabajo

El problema del valor siempre inquietó a los clásicos, por lo que Marx retoma esta preocupación y su respuesta viene a ser la piedra fundamental de su teoría, la “Teoría del Valor-Trabajo”, dándole con ello sentido al análisis del capitalismo. El valor lo divide en dos, el valor de uso y el valor de cambio. El primero se refiere a la aptitud de un bien para satisfacer una necesidad y el segundo, dependerá de la proporción en que se cambian los valores de uso de una determinada clase, por valores de uso de otra clase. Para que puedan cambiarse dos objetos, será necesario que estos sean producto del trabajo del ser humano, por lo que la sustancia y la medida del valor será el trabajo y valdrá en función de la cantidad de trabajo incorporado. Sin embargo, el valor de cambio no depende del trabajo específicamente incorporado, sino del trabajo socialmente necesario para hacerlo (Herrerías, 2000).

Con relación al trabajo, existe el trabajo particular y la suma de todos ellos (de todos los miembros de la sociedad), siendo este último el que adquiere importancia social y cuando el hombre produce socialmente, el valor de uso se vuelve independiente del trabajo individual. La manera en cómo se generaliza es produciendo bienes que sean portadores de valor de uso y de valor de cambio, donde la forma de medir este último, es “el tiempo de trabajo socialmente necesario” para producirlo. Con relación al valor de uso, el trabajo incorporado tiene solamente importancia cualitativa, y con relación al valor de cambio, solamente cuantitativa (Roll, 1978).

En palabras de Marx, el tiempo de trabajo socialmente necesario, “es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo” (Marx, 1991, pág. 48) y lo que determina la magnitud del valor, es la cantidad de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso.

En el análisis de Marx está explícitamente el supuesto de que las mercancías, incluida la fuerza de trabajo, se compran y venden a su valor. “El valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para la conservación del poseedor de aquélla” (Marx, 1991, pág. 208) .

Si para Marx, el trabajo es la esencia del valor de cambio, entonces valdría preguntarse cuál es el valor de cambio del trabajo y como se determinaría el valor de los bienes que son producto de la utilización de la maquinaria. La respuesta a la primera interrogante está dada en su teoría de los salarios y la segunda, en su teoría del capital (Ekelund & Hébert, 2008).

La fuerza de trabajo

Después de revisar a los clásicos, Marx conceptúa al trabajo como la parte esencial de todo valor, donde este se convertía en una propiedad objetiva de todas y cada una de las mercancías. El punto sobre el cual fluctúan los precios del mercado competitivo, es el costo de producción, que para Marx significaba el costo del trabajo (Ekelund & Hébert, 2008).

Marx lo define señalando que “el trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. El hombre se enfrenta a la materia natural misma como un poder natural. Pone en movimiento las fuerza naturales que pertenecen a su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apoderarse de los materiales de la naturaleza bajo una forma útil para su propia vida” (Marx, 1991, pág. 215).

La fuerza de trabajo o capacidad de trabajo, según Marx, es “el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole”  (Marx, 1991, pág. 203).

Pero para que la fuerza de trabajo se encuentre en el mercado como mercancía, la persona poseedora de esa fuerza de trabajo, debe ofrecerla y venderla como mercancía, por un tiempo determinado y en donde sólo exista la corporeidad viva que le es propia.

De acuerdo con Marx “el valor de la fuerza de trabajo, al igual que el de toda otra mercancía, se determina por el tiempo de trabajo necesario para la producción, y por tanto también para la reproducción de ese artículo específico” (Marx, 1991, pág. 207).

El trabajo viene a ser el empleo de la fuerza de trabajo, ya que lo que se vende y se compra, no es el trabajo, sino la fuerza de trabajo. El uso de esa fuerza de trabajo, viene a ser el trabajo mismo, ya que “el comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar a su vendedor” (Marx, 1991, pág. 215)

La Plusvalía

En cuanto al valor de cambio de la fuerza de trabajo, Marx señala que como cualquiera otra mercancía, está conformado y puede ser medido por la cantidad de tiempo socialmente necesario que se requiere para su producción. Sin embargo, la fuerza humana de trabajo puede ser utilizada durante más tiempo del necesario para lograr la producción, de lo cual depende la plusvalía. El capital total (C) empleado puede dividirse entonces en capital constante (c) integrado por materias primas, maquinaria, etc. y capital variable (v) que se refiere a la compra de fuerza de trabajo, es decir, trabajo pagado, y es variable debido a que puede alterar su valor, al agregarle la plusvalía (p) a su propio valor, la cantidad de fuerza de trabajo no pagada. Por ello, el Capital Total sería igual a C=c+v+p; y la cuota de plusvalía sería p/v, que sería la expresión del “grado de explotación” de la fuerza de trabajo por parte del capital  (Roll, 1978).

Dicho de otra forma, se puede dividir el valor de la fuerza de trabajo, por un lado en una cantidad que es necesaria para la subsistencia del trabajo, que sería lo que Marx denominó “trabajo socialmente necesario; y por el otro lado, una cantidad por encima y por debajo de la fuerza de trabajo, que denominó plusvalía, que es la que se apropia el capitalista, por lo que la existencia del capitalismo depende debido a que el trabajador produce una valor mayor que el que se requiere para su propia subsistencia (Ekelund & Hébert, 2008).

“El proceso de consumo de la fuerza de trabajo, es al mismo tiempo el proceso de producción de producción de la mercancía y del plusvalor” (Marx, 1991, pág. 213)

La plusvalía no aparece en el intercambio, sino en la producción, por lo que la finalidad del capitalista es la de extraer plusvalía de cada trabajador, entendiendo esto Marx como la explotación del trabajo, debido a que el valor excedente que aporta el trabajador, es expropiado por el capitalista (Ekelund & Hébert, 2008).

Ricardo había considerado al trabajo como medida del valor (Ruiz, 2012), pero Marx lo ve como la medida y la causa del valor, siendo solo el trabajo y no las máquinas, el generador de la plusvalía (Ekelund & Hébert, 2008)

Uno de los determinantes básicos del grado de acumulación del capital, será la proporción en que la plusvalía sea consumida o transformada en capital. Así pues, la acumulación deberá ser inversamente proporcional al consumo.

Otros factores que influyen sobre la acumulación, son la productividad del trabajo y la tasa de plusvalía.

El incremento de los medios de producción, como consecuencia del incremento de la productividad traerá cambios en las composiciones técnica y orgánica del capital. El capital variable bajará en forma relativa al existir incrementos en la acumulación. Esta disminución del capital variable da origen a lo que Marx denominó "población excedente relativa" o "ejército industrial de reserva".

Ejército Industrial de Reserva

El desplazamiento de los trabajadores debido al uso de la máquina, provoca un creciente ejército industrial de desempleados, un ejército de reserva. Este desempleo, de acuerdo a Marx, es de dos tipos: el desempleo tecnológico, que se deriva de la sustitución de la mano de obra por la máquina; y el desempleo cíclico, generado por el exceso de producción, lo que a su vez es provocado por la creciente concentración y centralización del capital (Ekelund & Hébert, 2008)

La acumulación dentro del sistema capitalista provoca necesariamente una superpoblación obrera, que se convierte a su vez en palanca de la acumulación de capital y en una de las condiciones de vida del régimen capitalista de producción. Es así como se constituye un ejército industrial de reserva, es decir un contingente disponible que pertenece de modo absoluto al capital, como si de criase y mantuviese a sus expensas (Marx, 1991).

Este ejército industrial de reserva influye sobre los niveles de salarios en los momentos en que existe escasa demanda de mano de obra y provoca que no suba en gran proporción cuando se incrementa su demanda.

En tanto sigue creciendo el ejército industrial de reserva, también crece la miseria de la clase trabajadora, a lo que habría que agregarle el que normalmente los capitalistas tratan de compensar una tasa de ganancia decreciente, reduciendo los salarios, incrementando el número de horas de la jornada de trabajo, e introduciendo el trabajo infantil y femenino (Ekelund & Hébert, 2008).

Cuando el ejército de desempleados se incrementa y los salarios se reducen, los capitalistas tenderán a contratar más mano de obra y a invertir menos en maquinaria y equipo, pero cuando los salarios se incrementan, entonces sustituirán a los trabajadores por maquinaria, lo que generará desempleo y salarios más bajos. Todo ello, genera una crisis periódica. Por lo que se puede deducir que la miseria creciente se relaciona con el desempleo (Ekelund & Hébert, 2008)

El salario que percibe un obrero, es el precio del trabajo y el capitalista desea obtener siempre el mayor beneficio, por lo que el incremento del salario nunca se eleva en proporción al de la productividad del trabajo.

Los cambios en la composición orgánica del capital promedio, tendientes a disminuir la participación del capital variable que la tecnología trae consigo, ocasionan sin embargo, una tendencia a la baja de la tasa de ganancias a través del tiempo, dado que solo el trabajo genera valor.

Marx supone que los capitalistas seguirán invirtiendo en las distintas esferas de producción, a pesar de esta tendencia a la baja de la tasa de ganancias en el largo plazo, siempre y cuando esta tendencia sea generalizada. En otras palabras, Marx no concibe un límite inferior a la tasa de ganancias que frene la inversión en el largo plazo, como no sea el de un beneficio positivo. En este sentido Marx, al menos en su teoría, está en desacuerdo con los economistas clásicos y neoclásicos que suponen perfecta flexibilidad en el precio del capital.

Acumulación de Capital, Empleo y Tecnología

La acumulación viene a ser la transformación de la plusvalía en capital y su grado de acumulación va a depender de muchos factores, entre los que destaca las proporciones en que la plusvalía sea consumida y transformada en capital. La cantidad total de plusvalía y ante la igualdad de todas las demás condicionantes, la acumulación será inversamente proporcional al ingreso. Otros factores que intervienen en la acumulación del capital, son la cuota de plusvalía y la productividad del trabajo, siendo esta uno de los factores más importantes de la acumulación. Una de las consecuencias de la acumulación es la concentración del capital al ser eliminados los pequeños capitalistas (Roll, 1978).

En lo que se refiere al empleo Marx lo relaciona estrechamente con la acumulación de capital, ya que señala que si se suponen no alteradas las demás circunstancias, entonces la composición del capital permanece invariable, debido a que una determinada masa de medios de producción o de capital constante siempre exige para ponerla en movimiento, la misma masa de fuerza de trabajo, por lo que resulta evidente que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros se incrementarán en proporción al capital y con la misma rapidez en que este suba (Marx, 1991). El volumen de ocupación, en cualquier momento, dependerá del volumen de capital constante y de la técnica de producción utilizada.

Asimismo, la escuela marxista desprovee a la tecnología del carácter exógeno que le asignan los economistas clásicos y neoclásicos. La tecnología para Marx es una variable instrumental, a través de la cual los capitalistas regulan el ejército de reserva de los trabajadores, que mantiene la tasa de salarios en el nivel de subsistencia.

Marx concibe el avance tecnológico, como el  instrumento básico utilizado por la clase capitalista para aumentar la oferta de mano de obra.

“El gran éxito de Marx fue la integración de este principio en la teoría general de la acumulación del capital, de tal modo que libera a esta última de la en otra forma fatal dependencia del dogma maltusiano de la población" (Kaztman & Reyna, 1979, pág. 29)

Las crisis y el empleo

Resulta pertinente destacar la concepción marxista respecto de las crisis económicas en el sistema capitalista y su relación con el empleo.

En este sentido el enfoque marxista señala que es inherente a todo sistema capitalista la existencia de periodos de auge y de depresión en sus economías. Los periodos de auge, bonanza o prosperidad, derivan siempre en crisis de sobreproducción, las cuales a su vez provocan periodos de depresión o recesión de la actividad económica, con los consiguientes altos niveles de desempleo.

En la fase de prosperidad del ciclo, encontramos la apertura de mercados debido a la incorporación de nuevos segmentos de la población, nuevos sectores productivos, nuevas técnicas de producción e incremento de la inversión y el empleo.

Otro elemento importante, es que cuando se presentan las crisis de sobreproducción, se manifiesta de manera persistente una tendencia decreciente de la tasa de ganancia. De igual manera, se puede observar una sobreacumulación de capital y una fuerte y brusca caída de la tasa media de ganancia.

En este sentido, los marxistas afirman que la crisis económica en las economías capitalistas se caracteriza por una interrupción en el proceso normal de desarrollo de la producción y por una considerable baja de la mano de obra utilizada. Estas vienen a ser las consecuencias de las crisis y no sus causas, como erróneamente se piensa.

Estas crisis capitalistas son consecuencia de una insuficiente demanda de las mercancías y no por bajas en la producción. En este sentido, para que se produzca una crisis es suficiente que los productores y vendedores de mercancías no encuentren clientes para sus productos. Ante esta situación y al ver que disminuye su tasa de ganancia, a uno de estos productores se le puede ocurrir despedir mano de obra y aumentar la intensidad del uso del trabajo (generar mayor plusvalía mediante la explotación del trabajador) con la finalidad de bajar costos y recuperar su tasa de ganancia. Pero si los demás capitalistas hacen lo mismo, el poder de compra disminuirá debido a que existe un volumen mayor de trabajadores desempleados, con lo que la tasa de ganancia seguirá baja y la crisis se generalizará a todo el sistema. Esta viene a ser en la realidad una situación muy frecuente.

Actualmente, dentro de la concepción marxista de las crisis, podemos ubicar dos escuelas de pensamiento económico. Una de ellas nos señala que la crisis se deriva de un subconsumo de las masas (sobreproducción de bienes de consumo) y la otra nos dice que las crisis son provocadas por la sobreacumulación, es decir, la existencia de una ganancia insuficiente para continuar con el proceso de expansión de la fabricación de los bienes de producción.

El problema de estas escuelas, es que desunen dos elementos, el subconsumo y la sobreproducción, cuando por el contrario, el análisis de las crisis capitalistas debe de tomar en cuenta estos dos elementos de manera concatenada.

Así pues, podemos concluir que la crisis en el sistema capitalista está caracterizada por una sobreproducción de mercancías, subconsumo de las masas, anarquía de la producción y la caída en la tasa de ganancia.

Post-marxistas

En cuanto a los economistas post-marxistas, en general muestran escepticismo respecto a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y se inclinan a favor de una creciente tasa de plusvalía como resultado del proceso de concentración de capitales y del incremento en la productividad de la mano de obra. El capital monopolista transnacional salva las barreras que le impone la tasa de explotación nacional y escapa del subconsumo a través de una política imperialista que aprovecha tasas de explotación mayores en otros países. El progreso tecnológico, reduce el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir las subsistencias de trabajadores, elevando así la tasa de plusvalía nacional.

El empleo y la tasa de salarios en el ámbito nacional, por lo tanto, dependen de la política expansionista y de la tecnología adoptada, que regulan el ejército industrial de reserva y determinan la tasa de plusvalía.

Trabajos citados

Ekelund, J. R., & Hébert, R. (2008). Historia de la Teoría Económica y de su Método. México: McGraw-Hill.
Fei, J. C., & Ranis, G. (1964). Development of the labor suplus economy: theory and policy. Richard O. Irwin inc.
Gemkow, H. (1975). Carlos Marx. Biografía completa. Buenos Aires, Argentina: Cartago.
Herrerías, A. (2000). Fundamentos para la Historia del Pensamiento Económico. México: Limusa.
Kaztman, R., & Reyna, J. L. (1979). Fuerza de trabajo y movimientos laborales en América Latina. México: Colegio de México.
Lenin. (2000). Carlos Marx. Recuperado el 23 de diciembre de 2012, de Unión de Juventudes Socialista de Puerto Rico: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/carlos_marx/carlosmarx.htm
Lutz, V. (1958). The growth process in a dual economy system. Banca Nazionale del Lavaro Quarterly Review .
Marx, C. (1991). El Capital. Tomo I. Vol I, II y III. México: Siglo XXI.
Roll, E. (1978). Historia de las Doctrinas Económicas. México: Fondo de Cultura Económica.
Ruiz, R. H. (mayo de 2012). Los clásicos y el mercado de trabajo. Recuperado el 22 de enero de 2013, de EUMED: http://www.eumed.net/ce/2012/hrr.html


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